Encontramos un puente del diablo en prácticamente todas las regiones. No solo de España: del mundo. Es una de las denominaciones más comunes, empleadas en centenares de ocasiones para hacer referencia a estas bellas, prácticas e históricas construcciones. Muchos de estos puentes asociados a Lucifer tienen, además, una gran leyenda que acompaña su existencia.

Aunque el norte de España tiene un sinfín de historias y cuentos, en este caso la realidad supera con creces a la ficción. Al Puente del Diablo de Santander no lo acompaña ninguna leyenda, aunque sí ha sido escenario de muchos cuentos populares de la zona. Y es, dentro de esta amplia gama de puentes del maligno entre los que elegir, uno de los más curiosos. En realidad, habría que decir que era uno de los más curiosos, pues dejó de existir hace una década. ¿Obra del Diablo?

Puente del Diablo de Santander

Puente del Diablo de Santander | Shutterstock

Obra de, en realidad, la misma naturaleza. Este Puente del Diablo era una formación natural situada en los acantilados de Cueto. Podía apreciarse antes de entrar en la bahía de Santander. Fue el efecto del oleaje sobre la roca caliza lo que provocó que este lugar tomase la forma improvisada de un auténtico puente que, de hecho, se empleaba como tal.

Y fue también esa naturaleza que lo dio forma la que terminó con su existencia. La fuerza del viento y el oleaje provocaron que, en el invierno de hace una década, se viniera abajo. Todavía pueden observarse las rocas que lo conformaban bajo el espacio que ha dejado su formación.

También fue causa de la dejadez humana. Hacía tiempo, muchos años, que los vecinos habían denunciado su abandono y habían proclamado la necesidad de conservarlo. No se hizo nada, así que el puente se derrumbó. Permanece en la memoria colectiva como una de las más bonitas formas naturales de la historia de Cantabria.