La historia que aquí se narra tuvo lugar mucho antes de la llegada de los romanos a la Península Ibérica. Sus monumentales construcciones, como esa muralla que todavía resplandece en Lugo, asombraron antaño y asombran ahora. Por su espectacularidad y por las técnicas empleadas para llevar a cabo esas obras. Pero estos romanos no hubieran despertado la envidia en la sociedad predominante en Menorca en los primeros años habitados de la isla. Viajamos hasta un momento en que todavía el tiempo debe ser marcado con “a.C.” para descubrir talayots y naves invertidas que, aun con un menor tamaño, asombran de igual manera.

La cultura talayótica, mucho menos conocida que la romana y mucho más misteriosa, dejó huellas cautivadoras repartidas por esta bella tierra. Casi como si fueran conscientes de que un día, siglos más tarde, muchos siglos más tarde, querríamos entender su forma de vida a través de construcciones como esta Naveta des Tudons. Se dice que es el edificio en pie más antiguo de Europa, lo que ya nos bastaría para justificar el porqué de haberla escogido como una de las 7 maravillas de la España Antigua. Guardiana del tiempo, es el eje sobre el que hay que girar para contar esta historia del Mundo Antiguo, de culturas que no mueren aunque mueran.

¿Por qué fue importante la Naveta des Tudons?

La fachada frontal de la Naveta des Turons

La fachada frontal de la Naveta des Tudons | Shuttestock

Menorca fue el centro de la cultura talayótica, civilización que habitó parte de las Islas Baleares desde finales del segundo milenio a.C. Hasta la llegada de los romanos, esta sociedad evolucionó desde una forma de vida seminómada hasta el levantamiento de asentamientos sedentarios en los que lograron vivir de las características propias del lugar. Trabajaron metalurgia, explotaron tanto como pudieron la minería, sembraron y recogieron los productos de los que se alimentaron.

Aunque no es mucho lo que se conoce de esta civilización, sí ha trascendido que se trataba de una sociedad sin jerarquías. Sí, esto puede chocar mucho hoy en día. También es sabido que los rituales eran habituales en su vida diaria, pero las características de éstos se desconocen. Y aunque sus monumentos más conocidos son los talayots, torres de vigilancia cuya función era, en fin, vigilar, otros como esta naveta son característicos de su arquitectura.

Su función no era navegar, claro. Esta peculiar forma de nave invertida servía como hogar, y también para dar cobijo a los individuos fallecidos. Esta naveta en concreto fue un lugar sagrado en el que se enterraron, al menos que hayan sido descubiertos, 100 cuerpos. Además de los objetos personales que acompañaban a cada individuo en su viaje después de la vida. Este descubrimiento permite comprender ciertos detalles de sus creencias: que confiaban en ese viaje y preparaban a sus seres queridos para el mismo.

¿Cómo empezó su historia?

El estado de la Naveta des Tudons es excepcional

El estado de la Naveta des Tudons es excepcional | Shuttestock

Estas navetas de enterramiento comenzaron a construirse en el segundo período destacable de esta civilización, llamado precisamente periodo naviforme. Aunque los enterramientos conjuntos seguían realizándose en cuevas cercanas a los asentamientos, poco a poco tomaron la costumbre de recrear para sus muertos espacios sagrados imperecederos.

Así se levantó esta nuestra maravilla, la Naveta des Tudons, entre los años 1050 y 850 a.C. Siguiendo la conocida como técnica ciclópea, apostando por esa forma de nave invertida tan mencionada. Sin emplear cemento, apilando y encajando las pesadas piedras que todavía hoy pueden distinguirse con facilidad, con grandes losas actuando como vigas, como sustentos de la construcción. Cuenta con dos cámaras interiores, una de mayor tamaño que otra. Mide más de 13 metros y medio de largo, y casi 6 metros y medio de ancho.

Cuando este monumento se levantó, quedaban siglos para que los romanos lo conquistaran, pero no quisieron hacerlo suyo, ni tampoco destruirlo. La naveta resistió con sus formas originales. Hasta esa conquista, la población de la isla aumentó y llegó a Mallorca. No combatieron con la misma magia que sus contemporáneos Astérix y Obélix, pero parece ser que también esta población no resistió demasiado mal la llegada de los conquistadores. Al menos, sobrevivieron. La civilización talayótica terminó desapareciendo, fundiéndose con los extraños como sucedió en otros tantos lugares. Sin embargo, no fue algo inmediato ni abrupto. Siguieron viviendo, aunque ya no encontrarían las vías para continuar plasmando sus huellas.

¿Cómo ha llegado hasta nuestros días?

Cabecera de la Naveta des Tudons

Cabecera de la Naveta des Tudons | Shuttestock

No fue hasta mediados del siglo pasado cuando se encontró esta maravilla de la antigüedad que ha resistido el paso del tiempo como si, precisamente, el tiempo no hubiera pasado por ella. Como si no desgastase ser testigo de tantas edades del hombre, de tantas conquistas, guerras y avances. Por delante de estas piedras han pasado romanos y templarios, pero permanecen inmutables, ajenas a los vaivenes del hombre. Más viejas, quizá, porque la edad, al final, no perdona, pero desprendiendo esa serenidad que acompaña a lo antiguo.

A día de hoy, el acceso al interior está prohibido. Por motivos de seguridad y por motivos de conservación. Con más de dos mil años de vida, a pesar de ese aspecto regio, poderoso, eterno, la Naveta des Tudons debe ser tratada con mimo. Los turistas que llegan a Menorca se han conformado siempre, en cualquier caso, con contemplar su exterior. Bajo el manto de estrellas tan característico de la zona, o bajo ese sol también característico de esta hermosa tierra. Es uno de los puntos turísticos más importantes de Menorca, descrito allá donde preguntes como el edificio en pie más antiguo del continente.

¿Por qué nos sigue alucinando?

Naveta des Tudons

Naveta des Tudons | Shutterstock

Sigue alucinando porque recuerda el pasado que el ser humano carga a sus espaldas, un pasado del que nunca se sabrá todo, pero del que se han desenterrado huellas que invitan a imaginar, suponer, sospechar y soñar. En este caso, la Naveta des Tudons despierta esa sensación indescriptible de estar mirando directamente a los ojos de la antigüedad. Impresiona que queden vestigios de una cultura que resulta tan lejana, pero con la que, de alguna manera, el ser humano puede identificarse. Esta sociedad talayótica fue una sociedad que encontró su lugar, que se esforzó por crecer y que cuidaba de sus seres queridos, aun habiendo fallecido.

Sigue alucinando porque forma parte de un conjunto de valor incalculable que habla de esta civilización perdida. Porque en sus inmediaciones resisten todavía los poblados talayóticos de Torrellafuda y Torretrencada, que completan una experiencia informativa e inmersiva. Todavía fascina porque, bajo ese manto de estrellas o bajo ese sol, es de muchos colores, y de algún modo monumental. Fascina sentirse sobrecogido ante este testigo silencioso del paso del ser humano por esta, otra vez, bella tierra. Porque la Naveta des Tudons nació con los primeros hombres de Menorca, y está viendo también a las nuevas generaciones.

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