Colombres es una parroquia de Ribadedeva, la que guarda el mayor recuerdo de los indianos. Estos comerciantes fueron una de las figuras más características de la España del siglo XIX. Marcharon a hacer las Américas y algunos de ellos triunfaron. Un éxito plasmado en especial en Cantabria y Asturias, donde esta la población antes referida. Allí se encuentra la Quinta de Guadalupe, un genial reflejo de la idiosincrasia de su promotor, Íñigo Noriega Lasso. Magnate en México, no olvidó su localidad natal, donde edificó un palacio marcado por no cumplir apenas su función como residencia.

Quinta de Guadalupe

El azul marca actualmente la Quinta de Guadalupe. | Wikimedia

El auge de Íñigo Noriega

La Quinta de Guadalupe no puede entenderse sin conocer la figura del indiano que la construyó. Paradigma del fenómeno del que formó parte, abandonó España con 14 años rumbo a México junto a su tío. Dejada atrás Asturias y Colombres, se dedicó en un principio a sobrevivir. Así, ejerció diversos oficios en los que se aclimató a la cultura de su nuevo país.

Entre sus muchos trabajos estuvo el de cantinero. Se cuenta que, ante una ley que obligaba a cerrar las puertas de estos locales tras la medianoche, optó por destrozarlas. De este modo, los parroquianos podían seguir entrando sin que pudiera evitarlo. Una anécdota entre lo folclórico y la realidad que sin embargo demuestra cómo pensaba Íñigo Noriega.



Con el tiempo ascendió y comenzó a codearse con representantes del Gobierno mexicano de Porfirio Díaz. Este camino le llevó a ser un íntimo del presidente, lo que multiplicó su influencia. El ascenso a las altas esferas lo logró con una peculiar visión empresarial. Creó un imperio basado esencialmente en haciendas que creaba a través del reaprovechamiento de espacios no aptos para la agricultura. Una de sus prácticas estrella era desecar lagos y lugares acuáticos, como hizo en Chalco.

La Quinta de Guadalupe de noche

La Quinta de Guadalupe de noche. | Wikimedia

Además de esto, tenía una muy diversificada cartera de negocios. Textiles, líneas ferroviarias, banca, transportes… Todo ello le llevó a ser uno de los hombres más ricos de todo el continente, no se hable ya de México. No perdía el ojo a Colombres, a donde iba de vez en cuando. A principios de siglo, en su mayor auge, comenzó a elevar la Quinta de Guadalupe. Lo hizo para tener una casa de verano acorde a sus estatus y en honor a su mujer, de la que deriva el nombre. Por desgracia, ella murió antes de que se concluyera el edificio en 1906. Luego llegarían años de desgracias para Íñigo Noriega.

Un palacio destinado a no tener huéspedes

La caída de Porfirio Díaz a través de una revolución no fue buena para el creador de la Quinta de Guadalupe. Su amistad con el anterior mandatario supuso que la mayoría de sus propiedades se expropiaran. La continua negativa del indiano a renegar de su colega evitó que pudiera retener multitud de sus haciendas. Así que se movió entre Estados Unidos, México y Europa hasta morir en el país donde hizo fortuna en 1920.

Fachadas lateral y trasera de la Quinta de Guadalupe

Fachadas lateral y trasera de la Quinta de Guadalupe. | Shutterstock

Entre las leyendas más conocidas sobre su mayor palacio en Colombres está la que narra que fue ofrecido a Porfirio Díaz como lugar de exilio. Este rechazó la oferta en favor de París. Por su parte, el indiano tampoco hizo uso de la misma. Pese a no tener inquilinos, sirvió para dinamizar en buena medida el ambiente local. Aunque en Colombres hay decenas de casonas de indianos, este era el más destacado. Elevarlo y mantenerlo sustentó a multitud de familias, aunque estuviera «vacío».

Originalmente blanco, por lo que se la llamaba «El Elefante Blanco», su estilo es suntuoso pero equilibrado en el exterior. La enorme casona es disfrutable desde todos sus frentes y cuenta con tres alturas. Luce las características propias del estilo indiano, en la que sobresalen las influencias coloniales. Totalmente reconocible por su color brillante y típicas ventanas, cuenta además con un amplio jardín.

Quinta de Guadalupe

Quinta de Guadalupe.

Dentro es donde se nota que fue pensada como residencia vacacional. Al principio las estancias estaban sumamente recargada. Se hacía notar la inspiración árabe y oriental, como refleja su patio en tal estilo. Como tantas otras mansiones, recorría el difuso límite entre lo lujoso y lo hortera.

El Archivo de Indianos y la Quinta de Guadalupe

Muerto Íñigo Noriega, la casona pasó a tener diversos oficios. Casa de reposo, hospital de sangre, hogar social femenino… Finalmente, acabó erigiéndose como la sede de la Fundación Archivo de Indianos. Creada en 1987, sus patronos iniciales fueron el propio Principado de Asturias, Caja de Ahorros de Asturias y la Universidad de Oviedo. La intención era poner en valor el fenómeno de los indianos, especialmente la vertiente asturiana, y recopilar documentos relacionados con ello.

Frontal de la Quinta de Guadalupe

Frontal de la Quinta de Guadalupe. | Shutterstock

Actualmente la Quinta de Guadalupe es visitable y cuenta con un museo sobre la emigración indiana. Por fuera, el color elegido para la pintura es un peculiar azul claro, una referencia marina. El espacio se reparte en las tres plantas del palacio. Por un lado, conserva varias estancias originales, restauradas para mostrar el aspecto que tenía el edificio más imponente de Colombres durante el principio del siglo XX.

Patio de la Quinta de Guaadalupe

Patio de la Quinta de Guaadalupe. | Wikimedia

Asimismo, se muestran varias exposiciones temáticas centradas en algunos de los destinos preferidos de los indianos. De este modo, Cuba, México, Chile o Argentina son protagonistas del museo. Por supuesto, también se guarda un lugar para la figura de Íñigo Noriega Lasso, así como de Manuel Ibáñez. Este fue el otro gran indiano local y ostentó el título de I marqués de Ribadedeva. También se conserva una amplia biblioteca, asentada en la primera planta.

Los indianos dejaron una clara huella en Colombres

Los indianos dejaron una clara huella en Colombres. | Shutterstock

El pequeño tamaño de Colombres permite recorrer otras casonas indianas con facilidad, entre ellas palacios de los Noriega y los Ibáñez. También merece un vistazo la iglesia de Santa María, del siglo XIX. Cabe resaltar que el pueblo es parte del Camino del Norte y tiene varias localidades costeras de gran interés cerca. Al estar en la frontera con Cantabria, Unquera y San Vicente de la Barquera quedan a tiro de piedra. Siguiendo por la costa oriental de Asturias, Llanes y Ribadesella son rápidamente accesibles gracias a al A-8.