El norte de España, y en especial Asturias, es conocida por la tensión entre mar y montaña. Así, el Cantábrico y la cordillera homónima protagonizan paisajes recortados e impresionantes. Un buen ejemplo es el paisaje protegido de la Costa Occidental. Los valles se extienden hasta las mismas desembocaduras fluviales o forman grandes rías como la de Navia. Los acantilados son otro gran atractivo, con amplios miradores como el de La Regalina. Esta ermita sobre la playa de Cadavedo ofrece panorámicas difícilmente igualables.

La Regalina y la costa occidental de Asturias

La Regalina y la costa occidental de Asturias. | Shutterstock

Un gran mirador en Valdés

El concejo al que pertenece La Regalina es el de Valdés. La localidad más conocida de este es Luarca, la villa marinera donde nació el insigne científico Severo-Ochoa. De hecho, su tumba es la más popular del precioso cementerio luarqués. Mientras tanto, el pueblo donde se halla la ermita es Cadavedo. Para situarlo fácilmente basta saber que se haya a medio camino entre Cudillero y la propia Luarca, perfectamente conectadas ambas por la A-8.

La ermita es un edificio sencillo en blanco y azul que data de en torno a 1930. Luminoso, acompaña perfectamente al prado donde se encuentra, conocido como La Garita. Se trata de una lengua de tierra que se adentra en el mar en forma de acantilados. Un hórreo típico de esta zona de Asturias, cuadrado y con un carro bajo él, completa junto a un par de árboles la idílica escena. Especialmente en los días soleados, la saturación de color del lugar parece aumentar con los contrastes entre el verde de la hierba, el ocre de las paneras, el blanco de las nubes y los azules de mar cielo y templo. Una composición muy fotogénica.



Hacia el suroeste de La Regalina, antes de llegar a esta, se encuentra al pie del abismo otro hórreo y una pista para bailar. Los desprendimientos están poniendo en peligro esta zona del complejo, algo más aislada excepto durante las fiestas de la Riégala. Se sitúa directamente sobre el extremo norte de la playa de Cadavedo, conocida como la Ribeirona. De arena oscura y cantos, aparece protegida por el pequeño cabo que acoge La Garita y permite el baño sin problemas. En esa dirección se puede ver una larga línea de costa, donde se hayan algunas de las mejores playas ocultas asturianas, como la del Silencio. Más desniveles de impresión esperan si se gira la vista al lado contrario.

Vista al interior desde La Riégala

Vista al interior desde La Riégala. | Shutterstock

El legado del Padre Galo

La figura más sobresaliente del pasado reciente de Cadavedo es el Padre Galo. Nació en 1884 en el pueblo y además de ordenarse recorrió buena parte de Europa. Viajes que le dieron perspectiva y ayudaron a desarrollar su faceta artística. De este modo, además de en poeta se convirtió en un gran defensor del folclore y la lengua asturiana. En 1931 estaba al cargo de su pueblo natal y la cercana Trevías. Tras el descubrimiento por un paisano de una imagen de la Virgen de la Regla en un castaño, azar inmemorial que comparte con otros lugares como el barranco de la Hoz en Guadalajara, decidió relanzar el culto que esta tenía en el lugar.

La Regalina o La Riégala

La Regalina o La Riégala junto al hórreo principal. | Shutterstock

Así, promovió la adquisición del campo de La Garita y reunió fondos para elevar una ermita. Había nacido La Regalina. Pero, nada es un templo de este tipo sin su romería. La fecha que eligió el párroco fue el último domingo de agosto. Desde aquel lejano 1931 se ha venido celebrando la fiesta de La Riégala, como se llama a la Virgen de la Regla aquí. El Padre Galo impregnó todo el evento de folclore local. Gracias a ello es un ejemplo de tradición viva que ha recogido en un instante las costumbres antiguas de Cadavedo.

Hórreo al suroeste y ermita de La Regalina al fondo

Hórreo al suroeste y ermita al fondo. | Shutterstock

La fiesta de la Riégala

Cabe resaltar que esta celebración está entre las más populares del final del verano asturiano. Como se ha mencionado, ocurre cada domingo final de agosto. Los festejos tienen prolegómenos desde tres jornadas antes. En estos días se celebran misas en las que cobran importancia textos escritos en el dialecto local por el Padre Galo. En los últimos años también hay distintos actos como verbenas que extienden el jolgorio.

La costa asturiana desde uno de los hórreos de La Garita

La costa asturiana desde uno de los hórreos de La Garita, con la plataforma de baile montada. | Shutterstock

Sea como fuere, el día grande se arranca con una procesión desde el barrio de La Rapa hasta la ermita. Las gentes de este bonito pueblo asturiano se visten con trajes típicos y abundan las agrupaciones gaiteras. No es raro ver carros, algunos tirados por bueyes. Entre este despliegue de color llama la atención una suerte de estandarte repleto de ramos de panes. Son las alfiladas o «les alfilaes«. Basada en una receta italiana recogida por el Padre Galo, se rifan durante la segunda parte de la jornada. Se trata de una suerte de bollo dulce con nueces y anís.

Una vez en La Garita, se procede a dejar las ofrendas a La Riégala y le llega el turno al pregón. Entremezcla la loa a La Regalina y Cadavedo con apuntes ácidos sobre la actualidad. Como no podía ser de otra forma, se realiza en faliecha, dialecto local. Se encarga de realizarlo la misma persona año tras año, desde que se creó en 1945. Hasta su muerte en 2007, el pregonero fue Jesús de paz. Su sustituto fue Xosé Manuel Fernández.

Lo más vistoso de la romería sucede a continuación. Se realiza la Danza Prima, diseñada por el propio Padre Galo, y se saca a la Virgen de la Regla. También se da una misa especial en honor a la homenajeada, que culmina con una procesión. Además, durante la jornada se sigue danzando. Uno de los bailes que se ejecutan es el «corri corri«, de origen ancestral y de gran fama en Arenas de Cabrales. También tocan las agrupaciones de gaitas que han llegado al lugar.

Ermita de la Regalina

Ermita de la Regalina. | Shutterstock

La Garita acoge una comida de campo, de carácter comunal y en la que participa todo el pueblo, así como turistas que tienen la suerte de conocer este perdido rincón de Asturias. Los cánticos, las panderetas y el folclore local son protagonistas el resto del día. Otro punto fuerte de la tarde es la mencionada rifa de las afiladas.

Un lugar muy polifacético

Cadavedo es una parada habitual del Camino de Santiago en su variante de La Costa o Del Norte. Un trayecto muy antiguo, que lleva a la A-8 en paralelo, y que ha servido para recuperar antiguos itinerarios. De esta forma, es normal ver a peregrinos rondando La Regalina. Vienen desde Irún, tras haber pasado por Donostia, Bilbao, Santander y Gijón. Desde lo alto se puede observar el continuo sube y baja por la recortada orografía local. También puede verse lo que aguarda al día siguiente. Un alto indispensable, tanto como La Ribeirona que aguarda a los pies de los acantilados.

Vista a La Ribeirona desde La Regalina

Vista a La Ribeirona desde La Regalina. | Shutterstock

Al mismo tiempo, se trata de una parada obligada en cualquier ruta por esta parte de Asturias. Cabe resaltar que es perfectamente accesible en coche. Por ejemplo, la cercanía de Luarca y Cudillero permiten que sea una visita ideal para reposar tras haber disfrutado la gastronomía local, incluso un cachopo, en cualquiera de dichas villas. Sentarse en un banco y ver el mar es un plan magnífico. Trevías es un lugar típico y aledaño que también merece un paseo. Se sitúa apenas a unos minutos de Cadavedo. Otra alternativa para combinar con La Regalina puede ser ir al Tineo y el monasterio de Obona. Un lugar bello, aunque algo ruinoso, tirando hacia el interior.