Cueves es el pueblo cueva de Ribadesella que asombra a todo aquél que lo visita. El pueblo de Cueves, en castellano Cuevas, es una localidad de la parroquia asturiana de Junco. Esta se integra a su vez en el concejo de Ribadesella, famoso por sus playas y el paso del Camino del Norte. No es de extrañar que la localidad sea conocida como “Cuevas del Agua”. Esta localidad se ubica al pie de una montaña y por su extensión discurre el río Sella, famoso por su descenso, lo que todavía le da más encanto a este pueblo de Asturias.

cuevona de cueves
Interior de la cueva

La única forma de acceder al pueblo de Cueves es a través de la cavidad conocida como la Cuevona. Esta cueva natural es uno de los pocos ejemplos a nivel mundial de cueva asfaltada, pues por ella pueden circular los vehículos. La singularidad reside en que solo se puede entrar en Cueves cruzando por este túnel en medio de la montaña de 300 metros de longitud. El camino es fascinante, pues transcurre acompañado de un arroyo y de las estalactitas, columnas y estalagmitas que se han formado en su interior.  No obstante, pocos conocen otra de las vías de acceso, gracias al apeadero ferroviario que se ubica en el pueblo.

Cómo llegar a la Cuevona de Cueves

cuevona de cueves
Entrada a la cueva

La Cuevona de Cueves es una gruta natural que sirve de acceso al pueblo asturiano que le da nombre. Por carretera se encuentra aproximadamente a siete kilómetros de Ribadesella, siguiendo el recorrido hasta el cruce de Junco mientras se admira un paisaje de gran belleza. La montaña es atravesada por La Cuevona para llegar hasta Cueves. Este paso natural usado por los vecinos de Cueves para poder trasladarse, se asfaltó como vía de comunicación. Iluminada con luz tenue, constituye toda una experiencia tanto a pie como en coche, pues observar las formaciones geológicas que aquí se hallan es casi mágico.

cuevona de cueves
Cuevona de Cueves

De formación calcárea, la cueva mantiene su estructura original. En su interior se pueden ver bóvedas, estalactitas y estalagmitas, coladas y columnas que adquieren formas para las cuales la imaginación ha dado nombres como “las barbas de Santiago” o, incluso, “la lengua del diablo”. 

Un paseo por el interior de una montaña a través de 300 metros de calma en los que observar también la flora y fauna tan especial que aquí se desarrolla. Musgos, helechos, hongos, algas y líquenes que se ubican sobre todo en la entrada y salida de la Cuevona. En el caso de la fauna, aunque la presencia humana ha provocado la marcha de algunas especies, otras como las ranas, salamandras ciegas y los murciélagos todavía constituyen la Cuevona como su hogar. Sin embargo, son pocos los ejemplares que aquí se ubican.

El pequeño Cueves

cueves
Hórreo | Foto: Nicolás Pérez

Tras la Cuevona nos encontramos con el pueblo de Cueves, a orillas del río sella y bajo una montaña, un núcleo rural en el que viven apenas 100 habitantes. La carretera prácticamente finaliza a la entrada del pueblo, por lo que este se recorrerá a pie. Nada más llegar Cueves lo primero que vemos es una ermita dedicada a Santiago. Esta advocación es habitual en la zona debida al Camino de Santiago del Norte. El resto de casas del pueblo presentan una arquitectura tradicional que contrasta con otras que se construyeron con uso vacacional. 

Como la economía de Cueves se basa desde sus orígenes en la agricultura, es posible observar en la localidad distintos hórreos, pues se poseía uno por familia. Estas estructuras servían para proteger el grano. De todos los que aquí hubieron, a día de hoy se conservan cinco. Algunos incluso están en funcionamiento. De hecho, es el pueblo del municipio que cuenta con mayor número de ellos.

cueves
Hórreo | Foto: Lourdes Cardenal

Cabe destacar que los hórreos de Asturias presentan unas características propias que los distinguen de los leoneses y gallegos. Su estructura de planta cuadrada se apoya sobre los trabes, unos listones de madera. Según la zona en la que se encuentren el tejado del hórreo puede ser de teja, paja de centeno o pizarra. En Cueves la cubierta es de teja. Para impedir que los roedores subieran y se comieran lo que en los hórreos de conservaba, las trabes descansan sobre una losa denominada muela. La escalera por la que se accede a los mismos nunca toca el suelo o la estructura del hórreo, para evitar de la misma forma que ascendieran las alimañas. 

Por otra parte, se puede completar la visita con algo senderismo, aprovechando que la Ruta de los Molinos inicia su recorrido en el mismo pueblo de Cueves. Gracias a esta se puede conocer cómo funcionaban dichas infraestructuras hidráulicas.