Huesca es una de las provincias de España que más puede sorprender, impresionar y conquistar. Conquistar por completo. Parte de culpa de que esto sea así la tienen los muchos y bellas localidades que uno puede encontrar hasta en el viaje más efímero por esta tierra. Colores intensos, la montaña más auténtica, rutas de senderismo siempre dispuestas para quien las quiera y una arquitectura tan propia como la cultura oscense. Todo esto es lo que puede encontrar el viajero curioso entre los pueblos más bonitos de Huesca. Solo una advertencia, es fácil concluir este viaje enamorado.

Aínsa, la primera parada obligatoria

Vista panorámica de Ainsa, con la torre de la iglesia surgiendo entre los tejados

Panorámica de Aínsa | Shutterstock

Esta villa que destila Edad Media sorprende tres veces. En primer lugar, cuando se contempla desde lejos, pues forma con la sierra que la vigila una postal de ensueño. En segundo lugar, cuando se pasea por primera vez su casco antiguo, declarado Conjunto Histórico-Artístico por la estupenda conservación de su carácter medieval.

En tercer lugar, cuando se repara en los detalles particulares que dan forma a una localidad que contempla como el Ara y el Cinca se unen. Como su plaza mayor, de una belleza evidente, o los restos del castillo. También otros rincones más concretos, como el claustro de la iglesia románica de Santa María. Aínsa es un lugar histórico que ha sabido conservar sus tradiciones y que es, sin lugar a dudas, una parada obligatoria para todo aquel que quiera descubrir Huesca.

Alquézar, un clásico pueblo medieval bien conservado

Alquézar es considerado uno de los pueblos más bellos de Huesca

Alquézar es considerado uno de los pueblos más bellos de Huesca | Shutterstock

En el Parque Natural de la Sierra y Cañones de Guara se encuentra esta localidad también declarada Conjunto Histórico-Artístico. Alquézar ofrece una experiencia completa que debe comenzar con un tranquilo paseo. Hay que abordar con tranquilidad sus estrechas calles empedradas, disfrutando así de rincones como la fantástica plaza mayor o las vistas que ofrece el mirador conocido como Sonrisa del Viento.

Perviven aún las huellas de su pasado medieval, en las ruinas de la muralla o de la antigua iglesia románica. Visitar la colegiata dedicada a Santa María, antaño castillo árabe, es imprescindible para comprender este rico pasado protagonizado por sociedades de todo tipo. Tampoco hay que marcharse de Alquézar sin abordar la ruta de las pasarelas, ideal para toda la familia, que permite conocer los rincones hermosos que deja el río Vero a su paso por el lugar.

Benasque, un espectáculo blanco

Benasque en invierno

Benasque en invierno. | Shutterstock

Durante los meses de invierno, el pueblo de Benasque queda cubierto por la nieve. Toda la actividad de esta bella localidad y el valle al que da nombre gira en torno a ella, a las posibilidades que da esta forma del agua. También, por supuesto, a la belleza que vive en ese tiempo. La localidad queda situada en el corazón de los Pirineos, a 1138 metros de altitud.

Pero es mucho más que nieve. Benasque es otro bonito pueblo de montaña, con su particular arquitectura y esas calles de piedra, que merece la pena pasear para disfrutar de la tranquilidad y las agradables vistas. Además, las rutas de senderismo que surgen a partir de aquí son fantásticas, por su cercanía al Parque Natural Posets-Maladeta o al mismísimo Aneto.

Bestué, viviendo en el siglo XVI

Bestué descansa bajo la montaña

Bestué descansa bajo la montaña | Shutterstock

Bestué supera la altura de Benasque: está situado a 1228 metros de altitud, siendo así la aldea más alta de Puértolas, municipio que pertenece al Sobrarbe. No solo transmite la sensación de no haber cambiado demasiado desde el siglo XVI, es que seguramente así sea. Se trata de una aldea pequeña, con casas repartidas en diferentes puntos y calles empinadas que suponen un reto y una satisfacción posterior. Porque poco hay más satisfactorio que disfrutar de las vistas que surgen desde este lugar.

Muy cerca de Bestué, que resiste con sus típicas chimeneas y su medieval iglesia de San Pedro, se encuentra el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. Por si alguien necesitaba más razones para querer visitar este bello lugar.

Bielsa, memoria viva

Bielsa

Bielsa | Shutterstock

Como sucede con Benasque y el fenómeno blanco, Bielsa es mucho más que su carnaval, pero hay que empezar hablando de este. Se celebra desde “tiempos inmemoriales”, según presumen en la capital del Alto Cinca. No en vano, es uno de los más populares de España. Recoge la mitología de la zona y la convierte en una fiesta a la que cada año acuden decenas de personas.

Esta festividad ha dado fama a un pueblo que también conserva su pasado. Por ejemplo, el ayuntamiento que, situado en la plaza mayor, es un edificio renacentista del siglo XVI. Pero la Guerra Civil arrasó con el lugar prácticamente por completo, en un episodio conocido como la Bolsa de Bielsa, que terminó con buena parte de la población exiliada a Francia. Bielsa, a pesar de todo, sigue estando lleno de vida. Pirineos, fiesta, belleza y mucha historia: esto es Bielsa.

Broto, agua y piedra

Broto, Huesca

Broto | Shutterstock

Broto brilla a las puertas del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. Entre sus puntos de interés destaca la Casa del Valle, antigua cárcel que todavía conserva la memoria de los presos que pasaron por ahí, en forma de grabados. También sobresale la iglesia de San Pedro Apóstol del siglo XVI. El río Ara divide el pueblo en dos mitades, conocidas como el barrio de la Santa Cruz y el barrio de los Porches.

A cinco minutos de Broto se encuentra la cascada de Sorrosal, un precioso salto de agua de 50 metros de altura. Pueden recorrerse sus alrededores, pues las rutas no tienen ninguna dificultad, y también puede contemplarse en la distancia. Forma una imagen espectacular. El queso local, por otro lado, es un manjar a tener en cuenta.

Lanuza, el bello renacimiento

Lanuza

El pueblo de Lanuza. | Shutterstock

Lanuza no solo ha protagonizado una historia inolvidable de renacimiento y recuperación, es además uno de los lugares más peculiares y bellos del Pirineo. Situado rozando un embalse que estuvo a punto de provocar su desaparición, al que de hecho da nombre, hoy es un pueblo de piedra y pizarra, cuyo acceso parece casi imposible. Sin embargo es sencillo gracias a la carretera que circunda la masa de agua.

Durante los meses de verano, además, es un pueblo dedicado a la cultura. Ese mismo embalse se convierte en un escenario que acoge el Pirineos Sur-Festival Internacional de las Culturas, por el que pasan artistas de todo el mundo. Lanuza es un lugar único en la península y un tesoro para los cinco sentidos.

Montañana, la montaña pura

Una calle típica de Montañana en particular, de los pueblos de esta provincia en general

Una calle típica de Montañana en particular, de los pueblos de esta provincia en general | Shutterstock

Sus fachadas de piedra, los restos de dos castillos, tres iglesias románicas y un precioso puente han conseguido que Montañana sea declarado Conjunto Histórico-Artístico y Bien de Interés Cultural. No es para menos. Este pueblo lleva la montaña en el mismo nombre y en cada contacto que se tiene con él.

Es una preciosa localidad medieval, cercana a la frontera con Cataluña, que ha sabido conservar todo su esplendor de antaño, sistemas de defensa incluidos. El entorno natural en el que está inscrita es idílico, con rutas de senderismo perfectas para pasar una mañana en la montaña y varios miradores que permitirán disfrutar del encanto de la zona. Montañana es un imprescindible para entender la belleza de esta provincia.

Roda de Isábena, la gloria del pasado

Roda de Isábena tiene el honor de ser el pueblo más pequeño en España con una catedral

Roda de Isábena tiene el honor de ser el pueblo más pequeño en España con una catedral | Shutterstock

¿Cómo una localidad de menos de 50 habitantes tiene una de las catedrales más interesantes del país? Porque Roda de Isábena tiene un pasado glorioso. Los acontecimientos de la Edad Media, sin embargo, fueron apartándola del foco público, hasta que, poco a poco, solo quedaron los habitantes de la zona.

Con el nacimiento del turismo y con el creciente interés por descubrir rincones de nuestro país, Roda de Isábena ha vuelto a estar en boca de todos. Es una preciosa localidad medieval que conserva vestigios de lo que fue y que puede presumir de ser el lugar más pequeño de España en tener un templo catedralicio: la catedral de San Vicente mártir.

Sallent de Gállego, el pueblo que lo tiene todo

Antiguo puente de Sallent de Gállego

Antiguo puente de Sallent de Gállego | Shutterstock

Sallent de Gállego es uno de esos pueblos que tienen el don de ofrecer al visitante una visita tranquila, enriquecedora y en constante contacto con la naturaleza. Aunque son muchas las actividades que pueden llevarse a cabo en la zona, porque uno se encuentra en los Pirineos, la experiencia más satisfactoria parte de un paseo por sus calles. Esas calles estrechas, de piedra, que conducen a rincones como una iglesia de estilo gótico edificada en el siglo XVI. No en vano es una de las cabezas del Valle de Tena, al que se accede a través de la bonita Biescas y la Foz de Santa Elena. Un entorno peculiar como muestran sus iglesias de Serrablo.

Volviendo a Sallent, cabe destacar que cerca se encuentra Aramón Formigal-Panticosa, la estación de esquí con más kilómetros esquiables de todo el país. En los meses de invierno, por tanto, Sallent de Gállego es el lugar en el que hay que estar. Asimismo, también a tiro de piedra está el balneario de Panticosa con su ibón y otros lagos glaciales tan espectaculares como el de Piedrafita.

Torla-Ordesa, la bienvenida al Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido

Torla es el destino perfecto para los amantes del senderismo

Torla es el destino perfecto para los amantes del senderismo | Shutterstock

Estas líneas pueden concluir casi como han empezado. Torla-Ordesa sorprende tres veces: con su postal completa en comunión con la naturaleza, en un primer contacto con la localidad y, por último, descubriendo sus detalles y sus particularidades. Con todo, es una sorpresa continúa, un pueblo que apetece recorrer y explorar sin descanso.

Es también la entrada al valle de Ordesa, la bienvenida a uno de los parques nacionales más importantes del país y un inicio perfecto para cualquier aventura en la montaña. Torla-Ordesa, como muchos otros pueblos de Huesca, resume bien lo que es una experiencia en los Pirineos.