Las ruinas de Santa Cristina de Somport, uno de los tres grandes hospitales sagrados del medievo

Hay lugares en los que la ayuda no es opcional. Se necesita. Somport era uno de ellos durante el medievo. Un paso fronterizo clave entre territorio aragonés y occitano. Su propio nombre lo indica Summus Portus, «el más alto puerto». Los romanos ya lo aprovecharon y seguiría en uso a perpetuidad. Esto no quiere decir que no fuera peligroso. Especialmente en época invernal, aventurarse a cruzarlo era un gran reto. Por eso se valoraba tanto el priorato y hospital de Santa Cristina, un centro de piedad que salvó a más de un viajero.

Entorno de Somport en su vertiente francesa

Entorno de Somport en su vertiente francesa. | Shutterstock

Un centro neurálgico de la Vía Tolosana

Santa Cristina de Somport data del siglo XI. Por entonces el Camino de Santiago era una de las mayores arterias comunicativas de Europa. Hasta la capital compostelana se dirigían un mar de peregrinos en busca de expiar sus pecados y rendir pleitesía a los restos del Apóstol patrón de España. Esta particular epopeya ayudó a expandir usos del continente por un reguero de poblaciones entre las que se incluyen Burgos, León u Oviedo. Románico primero, gótico después, tuvieron una de sus grandes puertas de entrada a la península ibérica gracias a este trayecto sacro.



Si viendo las rutas españolas queda claro que cuanto más lejos más ramales, ampliando el mapa a Europa las alternativas se expanden de nuevo. Con todo, desde Francia había cuatro opciones más o menos establecidas. La Vía Podiensis desde Le Puy, la Lemovicensis desde Vézelay, la Turonensis desde París o Tours y la Tolosana desde Arles. Mientras que las tres primeras iban por Saint Jean Pied de Port y Roncesvalles (Navarra), la cuarta optaba por el Pirineo aragonés y el Somport. Puente La Reina era quien unía las vertientes del Camino Francés.

 

Muros supervivientes del hospital de Santa Cristina

Muros supervivientes del hospital de Santa Cristina. | Gobierno de Aragón

La importancia de la alternativa toulousien era la que recibía a los peregrinos italianos. También funcionaba en sentido contrario, ya que Roma era el punto final de una de las tres peregrinaciones cristianas, con Santiago y Jerusalén. En este contexto se elevó el hospital de Santa Cristina. La popularidad de lo que hoy es el Camino Aragonés se hizo enorme y parte de la culpa a partir del siglo XI la tuvo este pequeño priorato de los Pirineos.

Santa Cristina, un centro de atención al peregrino

Antes de que el monasterio aragonés existiese ya hubo una serie de casas que atendían a fieles y viajeros. Concretamente eran tres viviendas regentadas por un ermitaño llamado Hugo. Así lo atestiguan documentos de donaciones del rey de Pamplona y Aragón Sancho Ramírez, según el investigador J.L. Ona González. Corría por entonces el año 1078. Poco después se debió conformar el priorato del que hoy solo quedan cimientos, ya que recibió dinero de nobles y reyes de forma continua durante siglos.

Hospital de Santa Cristina de Somport

Hospital de Santa Cristina de Somport. | Gobierno de Aragón

Se trataba de un verdadero complejo centrado en el Camino de Santiago pero que trataba a todo viajero que lo pidiera. Así había una iglesia junto a la que se situaba un cementerio. Muchos no lograron superar el cansancio y acabaron enterrados en una fosa junto al templo. También había una ermita y recintos residenciales para los monjes. Sobresalía el palacio del prior y el mismo hospital. No faltaba tampoco una taberna con posada para quienes tenían el espíritu y las fuerzas para retomar el trayecto de forma rápida.

Quienes estaban más flojos recibían cuidados durante tres días de estar sanos e indeterminados si su salud estaba tocada. Una labor encomiable que elevó la fama del lugar en gran manera durante el siglo XII. El Codex Calixtinus en su parte dedicada a describir el Camino de Santiago lo sitúa entre los tres hospitales más importantes de toda la cristiandad medieval, Unum Tribus Mundi. A su altura solo se ponían el Hospital de Jerusalén y el del Gran San Bernardo entre Suiza e Italia. Una comparación que habla con elocuencia de la reputación del cenobio aragonés.

Ruinas del hospital de Santa Cristina

Ruinas del hospital de Santa Cristina. | Wikimedia

La Orden de Santa Cristina

Aunque la guerra es la labor por la que más se conoce a las Órdenes Militares de la Edad Media, como la del Temple o la Hospitalaria, el cuidado de enfermos y necesitados fue una faceta igual de importante. Buen ejemplo es la de San Antón, cuyo monasterio en Castrojeriz curó a los enfermos de ergotismo. La Orden de Santa Cristina está asociada a la del Santo Sepulcro en sus inicios. Estos son algo misteriosos pero están asociados directamente a la fundación del hospital de Somport.

Emblema de la Orden de Santa Cristina

Emblema de la Orden de Santa Cristina. | Wikimedia

Las donaciones antes mencionadas permiten rastrearlos hasta el año 1100. Su influencia abarcaba tanto territorio francés como aragonés. Escindida definitivamente del Santo Sepulcro en la época en que Aymeric Picaud escribió el Codex Calixtinus, tuvo bajo su poder templos, poblaciones y cenobios. Las encomiendas se extendían incluso por Tudela en Navarra o Soria en Castilla. Continuó siendo poderosa en los siglos XIII y XIV. No obstante, decayó poco a poco junto al propio Camino.

Conflictos intestinos con los dominicos y obispos de Pamplona llevaron a que la sede prioral pasara a Jaca y luego a Zaragoza en el siglo XVI. A principios del XVII la orden monástica antes mencionada tomo el poder del hospital y la de Santa Helena desapareció. La decadencia siguió y un incendio arrasó el lugar en los primeros años del XVIII. Finalmente, como ocurrió con monasterios como Oseira o Sobrado, la amortización de Mendizabal consiguió arruinar del todo el histórico hospedaje.

Ruinas de Santa Cristina de Somport nevadas

Ruinas de Santa Cristina de Somport nevadas. | Wikimedia

La leyenda de los caballeros anónimos

Lejos quedaba la leyenda medieval de los caballeros anónimos de Somport cuando se destruyó el lugar. Según la narración popular, que tiene diversas variaciones, el pequeño grupo se encontraban cruzando el Summus Portus en su peregrinación cuando una nevada arreció. La situación se tornó límite. Dándose cuenta de la gran peligrosidad y dureza del puerto, prometieron elevar un pequeño hospedaje de sobrevivir. Una paloma blanca con una cruz en el pico, a la postre símbolo de la orden, surgió de la nada mientras el día clareaba. Su historia se extendió y tales fueron las donaciones que permitieron crear el gran hospital y la Orden de Santa Cristina.

Restos del hospital de Santa Cristina

Restos del hospital de Santa Cristina. | Wikimedia

Hoy Somport no es una trampa mortal y el Camino de Santiago vive un buen momento histórico, pese a contratiempos temporales. Los muros supervivientes del hospital de Santa Cristina apenás se levantan del suelo. Sin embargo, sigue siendo un lugar imprescindible para quienes se animan a realizar el Camino Aragonés. Por su cercanía a Candanchú y Canfranc también atrae a turistas. Asimismo, también es habitual ver a equipos arqueológicos. Al igual que los hospitales de Asturias en el Camino Primitivo, sus ruinas recuerdan un tiempo pasado que, queda claro, fue mucho mejor.