Hay pueblos imprescindibles de la geografía granadina que sirven para extender los límites de la palabra Granada. A veces, significa poner en marcha un temporizador en el que solo basta descontar unos cuantos segundos para pensar en La Alhambra, los Jardines del Generalife o, la muralla de Albaizín. Y otras, dejar volar los pensamientos como aves pasajeras, hasta Sierra Nevada, el nacimiento de Riofrío o el Mirador del Fin del Mundo.

Pero en realidad decir Granada debe tomarse como una advertencia, un aviso sobre la necesidad de estar preparado para esto y para mucho más, porque adjuntos a esta palabra vienen montañas y sierras… Lugares kársticos de tierras erosionadas por milenios, jardines, ríos, cascadas, acantilados, playas, faros y miradores costeros donde esperar la puesta de sol… La palabra Granada alcanza muchos significados, visiones y pueblos, en los que cada parada es una invitación a continuar.

Lanjarón

Esta puerta de entrada al occidente de la comarca de la Alpujarra evoca manantiales, fuentes y arroyos,da nombre a uno de los balnearios más conocidos y mejor valorados de España. El trazado estrecho de las calles y la arquitectura, característica de la zona, plagada de vestigios moriscos, se adapta al discurrir del río Lanjarón y a un terreno esculpido en la montaña.

Una de las muchas fuentes de las calles de Lanjarón

Una de las muchas fuentes de las calles de Lanjarón | Shutterstock

En su núcleo urbano destacan distintos restos arqueológicos,como las ruinas del castillo, desde el que se arrojó el capitán musulmán antes de entregarse, durante la conquista del lugar por Fernando el Católico. Lanjarón funcionó también como una ubicación estratégica en la defensa contra los franceses en la guerra de la independencia. Ahora ha cambiado esas funciones por las de remanso de paz, puerta al descanso y a los paseos infinitos, lugar al que volver…

Montefrío

Casas blancas esparcidas por la montaña, miradores hacia campos de labor y un horizonte infinito que invita a volar y a recoger las alas. Montefrío saluda al viajero desde un castillo sobre un promontorio rocoso, desde un discurrir de peñas y bosques de encinas.

Vista de Montefrío al atardecer | Shutterstock

Vista de Montefrío al atardecer | Shutterstock

Declarado una de las siete maravillas de Granada, Montefrío aparece como un paisaje de postal, pero delicioso y real. Con una gastronomía, encabezada por su conocido queso artesanal, Montefrío es una localidad que alberga alternativas para todo tipo de turismo. Es posible conocer la historia a través de sus edificios históricos, las Iglesias de la Encarnación o San Antonio, o la Casa de los Oficios. Pero también surge como una alternativa para practicar un turismo activo, de senderismo o paseos a caballo y respirar la naturaleza en estado puro.

Guadix

Catedral de Guadix

Catedral de Guadix | Shutterstock

Declarado conjunto histórico- artístico desde 1976, Guadix es conocido por ser uno de los pueblos más bonitos de la provincia. Su cercanía a Sierra Nevada sugiere excursiones a la naturaleza, pero quedarse en Guadix, lleno de lugares que visitar, no decepciona a nadie. Empezando por sus famosas casas cueva o su hermosa catedral, su callejero sugiere una historia de siglos, de iglesias y palacios, e incluso una Alcazaba del siglo XI.

El Palacio de Villalegre o el de Peñaflor, ambos del siglo XVI, al igual que la Casa Consistorial, son de visita obligada. Para después dirigirse hacia el Convento de las Clarisas y de Santiago, sin olvidar las Iglesias de la Magdalena y de Santa Ana o la fachada de la Lonja antigua. Las posibilidades son infinitas en este asentamiento humano milenario.

Salobreña

Desde un castillo árabe hasta unas hermosas playas con todo el sabor del Mediterráneo, hay miles de rincones que explorar en este punto de la costa granadina. Un paseo por sus calles supone encontrarse monumentos a cada paso, desde lo más alto, en su fortaleza nazarí del siglo X, hasta rozar el mar, en límites costeros.

Salobreña, Granada

Salobreña | Shutterstock

La Iglesia parroquial de Nuestra Señora del Rosario, del siglo XVI, es otra de las ubicaciones más bonitas y, el Paseo de las Flores envuelve el camino de color. Es posible despedirse de Salobreña en la Bóveda Medieval, antigua entrada de mercancías, no sin antes echar un último vistazo a la puesta de sol.

Trevélez

Vista del Puente Antiguo sobre el río Trevélez

Vista del Puente Antiguo sobre el río Trevélez | Shutterstock

El jamón de Trevélez es de sobras conocido, así ha sido reconocido como indicación geográfica protegida, e igual sucede con la localidad que le presta el nombre, sabrosa y llena de matices. En el pueblo se suceden las casas encaladas de barro y pizarra, que forman un casco antiguo particular y lleno de sorpresas. Pero su ubicación, en el Valle del río Trevélez, dota a este municipio de un entorno natural único y llamativo.

Su localización, a casi 1500 metros de altitud, en el emblemático Mulhacén, lo convierte en el techo de España, y un lugar donde encontrarse cara a cara con la naturaleza más salvaje con nombre propio. El Pico del Rey o Siete Lagunas no son solo parajes naturales, sino más bien recuerdos inolvidables.

La Calahorra

Castillo de Calahorra ante las montañas nevadas

Castillo de Calahorra ante las montañas nevadas | Shutterstock

Ubicada en un alto cerro, entre los dos pasos de acceso a Sierra Nevada, La Calahorra es uno de esos pueblos presididos por un castillo, a los que es imposible negar una visita. Desde la parte alta se puede ir descendiendo, callejeando entre trazados empinados que ofrecen vistas impagables.

Pertenece a la comarca de Guadix, distando de la capital de la comarca menos de 20 kilómetros, y constituyendo un punto intermedio estratégico entre Granada y Almería. Desde allí, Don Rodrigo de Mendoza gobernaba el señorío del que La Calahorra fue capital, y ahora, siglos después, miles de esquiadores acceden al Puerto de La Ragua. Patrimonio, naturaleza y aventura, un trío de ases para este pequeño punto de la sierra.

Castril

Imagen del Parque Natural de Sierra de Castril

Imagen del Parque Natural de Sierra de Castril | Shutterstock

Castril es un pueblo andaluz, vestido de blanco inmaculado, erguido en un peñón rocoso, en plena Sierra de Castril y bañado por el río del mismo nombre. Una antigua muralla y un puente atestiguan, junto al nombre de la localidad, posiblemente derivado de castrum, la influencia romana sobre la zona.

En el corazón de la comarca del Huéscar, Castril de La Peña es lugar de nacimiento de senderos, el de los manantiales del río Castril, el de la Magdalena o el de La Cerrada son imprescindibles, y ventanas a vistas inolvidables. Es paisaje en sí mismo, contemplado desde el Monumento Natural de la Peña, desde el que se aprecia una panorámica completa del lugar. Y es, en definitiva, uno de los enclaves más hermosos de la provincia de Ganada.

Alhama de Granada

Los baños termales árabes, asentados sobre los antiguos baños romanos, son una de las atracciones de este municipio de la comarca de Alhama. La misma superposición cultural, árabe y romana, se aprecia en el Castillo de la Alhama, ubicado sobre una alcazaba. Pero este rincón granadino fue habitado mucho antes de la llegada de uno y otro pueblo.

Panorámica de La Alhama sobre la montaña

Panorámica de La Alhama sobre la montaña | Shutterstock

Para encontrar las primeras huellas de civilización en esta localidad de la Sierra de Tejeda, hay que retroceder hasta el Neolítico, cuyo eco se encuentra en las Cuevas de la Mujer, de los Molinos o del Agua. Más adelantadas en el tiempo se encuentran distintas edificaciones religiosas, destacando la Iglesia de Santa María de la Encarnación, del Carmen o de las Angustias. Un puente romano, un acueducto o la antigua casa de la Inquisición, son la guinda de un pastel con ingredientes para todos los públicos.

Pampaneira

Pampaneira fue refugio para los moriscos granadinos durante la persecución de los Reyes Católicos, y ahora es refugio para los amantes de la historia y de la naturaleza. Este enclave de la Alpujarra fue declarado Conjunto Histórico-Artístico en 1982, debido a su capacidad para permanecer inalterable al paso del tiempo, conservando toda su esencia y encanto. En sus calles la fe toma cuerpo en la Iglesia Parroquial de Santa Cruz, una mezcla múdejar y renacentista del siglo XVI.

Pampaneira

Calle con una acequia en Pampaneira | Shutterstock

La Plaza de la Libertad es el primer paso desde el que caminar libremente hasta el Barrio Bajo, en el que esperan las casas de los agricultores y los antiguos tinaos, que cobran importancia y belleza a lo largo de la Calle Real. Desde allí, solo es necesario recorrer el Paseo Federico García Lorca para vislumbrar una vista panorámica, de esas que permanecen grabadas en la retina para siempre.

Bubión

El pueblo de Bubión surgiendo entre las montañas

El pueblo de Bubión surgiendo entre las montañas | Shutterstock

Encontrar un lugar desde el que contemplar el mar Mediterráneo y Sierra Nevada es posible en la localidad alpujarreña de Bubión. Allí, en los días claros, la vista se pierde sobre las casas sin tejados que pueblan calles blancas llenas de flores. Al igual que en los pueblos cercanos, los típicos tinaos, sobre portales o viviendas, protagonizan el paisaje urbano.

El Taller del Telar, el Museo de la Agricultura o el de la Casa Alpujarreña servirán de punto de partida para conocer más de cerca las tradiciones de la comarca. Por su parte, el estilo múdejar también tiene cabida en el recorrido por Bubión, en la Iglesia de la Virgen del Rosario, del siglo XVI. Siglos de historia y naturaleza se reúnen en esta villa declarada Conjunto Histórico Artístico en el año 1982.

Izbor

Paseando por esta pequeña localidad perteneciente al municipio de El Pinar puede pensarse que se recorre un pueblo de la Alpujarra granadina, con calles blancas, tinaos y patios interiores floridos. Casi totalmente peatonal, el casco urbano es un lugar perfecto para un paseo tranquilo alejado del bullicio y el ajetreo de la ciudad. En su interior puede visitarse la Iglesia de la Purísima Concepción, o su Torre, declarada Bien de Interés Cultural desde 1985.

Valle de Lecrín

Valle de Lecrín | Shutterstock

El Valle de Lecrín es una ubicación irresistible para los senderistas, más aún si quieren descubrir vestigios históricos, casi mimetizados en medio de la naturaleza con la que se funden. Entre montañas, como una cicatriz surcada por puentes, el Puente Viejo y el Puente Nuevo, surge el pueblo de Izbor, una muestra más de que historia y naturaleza se complementan.

Esta lista de pueblos inolvidables demuestra que Granada significa, también, dejar atrás la capital para hablar de tú a tú con un camino salpicado de lugares que esperan al viajero como un regalo de arte, historia, gastronomía o naturaleza. La sorpresa forma parte de una ruta, en la que solo hace falta cerrar los ojos y señalar un lugar en el mapa, dejando que el azar y la belleza del paisaje hagan el resto.