Los delirios expansionistas de Napoleón Bonaparte desembocaron en uno de los episodios más trágicos de la historia de España, la muy célebre y catastrófica Batalla de Trafalgar. Aquel 21 de octubre de 1805, las playas de la costa gaditana se tiñeron de sangre tras la enorme cantidad de pérdidas humanas que supuso el combate naval entre la humillada flota franco-española y la triunfante flota británica. Allí se encontraba, como en anteriores ocasiones, el testigo directo de la historia, nada más y nada menos que el Cabo de Trafalgar.

Esta pequeña península que se introduce en el Atlántico se localiza junto a Caños de Meca, más concretamente en el municipio de Barbate. El Cabo de Trafalgar destaca no solo por los acontecimientos que lo envuelven, sino por la belleza de su costa y de su naturaleza virgen. Una combinación perfecta para que este maravilloso enclave de la provincia de Cádiz sea tan visitado durante todo el año.

El camino al desastre que vio el Cabo de Trafalgar

La derrota de Trafalgar cambió el rumbo de la historia de España por completo, pues significó el ocaso del imperio ultramarino español, lugar que había ocupado desde el siglo XV. Una primera consecuencia que derivó en problemas mucho más preocupantes para el reinado de Carlos IV, como el estancamiento del comercio con las colonias americanas y el inicio del proceso de independencia de las mismas, provocadas ambas por la pérdida del control en el paso de Gibraltar. Al desastre naval también vino a unirse el agravamiento de la Hacienda Real y la posterior invasión napoleónica.

Lienzo de la Batalla de Trafalgar

Ilustración de la Batalla de Trafalgar | Shutterstock

El camino a este dramático desenlace hay que buscarlo en la alianza militar entre la monarquía de Carlos IV y la República Francesa, merced a los tratados de San Idelfonso en 1796. Según este acuerdo, ambos convinieron en mantener una política militar conjunta frente a Gran Bretaña, que en esos momentos amenazaba a la flota española en sus viajes a América. Esto obligó a que España contribuyera económicamente a las guerras napoleónicas y a poner a disposición de Francia la Armada Real para combatir con la marina inglesa.

Cuando en 1803 los británicos reanudaron las hostilidades con Francia para impedir el afán imperialista de Bonaparte, este ya había comenzado a ideara un plan para anular a la flota inglesa y poder invadir sus islas. La estrategia, ejecutada a principios de junio de 1805, consistió en engañar a la flota británica para alejarla del Canal de la Mancha y así poder transportar un contingente de barcos franceses y españoles que iniciaran la acción sobre las posesiones inglesas.

Sin embargo, el proyecto se fue al traste gracias a la descoordinación de las escuadras y a la ineptitud del oficial de mando Pierre Villenueve, quien ordenó la retirada hacia Cádiz en busca de refugio. Parece ser que éste se vio sorprendido por una escuadra inglesa a la que le fue imposible vencer, por lo que, desesperado, decidió cubrirse las espaldas antes de esperar a recibir nuevas órdenes. Como es lógico, esto no gustó nada a Napoleón, ya que sin el apoyo de la escuadra combinada su plan caía en picado.

El último golpe de Nelson

Para cuando la flota franco-española llegó a Cádiz, una escuadra británica comandada por el legendario Horatio Nelson había bloqueado la Bahía de la ciudad impidiendo que los buques aliados se adentraran en el Mediterráneo. Frente a ello, Villenueve optó por no salir hasta que no llegaran refuerzos, teniendo en cuenta que la capacidad de la marina inglesa era muy superior a la flota combinada, incluso cuando esta contaba con mayor número de tropas.

Sin embargo, algo espinoso debió ocurrir a Villenueve para que su opinión cambiara tan de repente y se lanzara de lleno a combatir. Al parecer, a éste le había llegado la noticia de que Napoleón había enviado un sustituto en su lugar, lo que provocó la ira del oficial y su decisión de partir desde Cádiz para recobrar la poca reputación que le podía quedar. Finalmente, los 33 navíos de la escuadrilla combinada se encontraron con las 27 naves de las fuerzas enemigas a pocas millas del Cabo de Trafalgar en la madrugada del 21 de octubre.

División de las tropas en la Batalla de Trafalgar

Mapa sobre la división de las tropas en la Batalla de Trafalgar | Wikimedia

Conocedores de la inferioridad de su posición táctica y de una derrota de antemano, las tripulaciones españolas y francesas se batieron con auténtica heroicidad durante horas contra un enemigo claramente superior. Mientras que Nelson había distribuido sus fuerzas en dos columnas bien organizadas, Villenueve decidió poner en marcha una pésima maniobra que garantizó la rápida victoria a los ingleses. Ordenó virar en redondo formando una línea perpendicular rumbo sur, en dirección a Gibraltar. Esto provocó apelotonamientos y que su formación quedase completamente alterada, a merced de los cañonazos ingleses. Apenas seis horas después del primer ataque, la batalla se dio por rematada con la victoria de Nelson, quien falleció tras recibir un balazo enemigo.

Los severos errores del almirante francés condenaron al desastre a los españoles en Trafalgar. Las bajas totales españolas y francesas fueron 3.243 muertes y 2.538 heridos frente a las 449 muertes y 1.241 heridos de los ingleses. La contienda también se llevó a una gran generación de marinos españoles, como Alcalá Galiano, Francisco Alsedo, Federico Gravina o Cosme Damián. En definitiva, un dramático episodio que quedaría grabado a puñetazos en la historia de España.

El suceso fue tan tráfigo para los españoles que no se encuentra ningún memorial en el escenario de la batalla, al contrario de la gran plaza que hay en Inglaterra en honor al almirante Nelson. Allí, en el Cabo de Trafalgar, lo único que se puede ver es una placa colocada en la carretera que sube hasta el Faro de Trafalgar, donde aparece una de las frases sobre la contienda que Benito Pérez Galdós relató en sus Episodios Nacionales.

El Faro de Trafalgar, el otro gran protagonista

Junto al actual faro se podía escuchar hace más de doscientos años el estruendo que emitían los disparos de los cañones, así como sentir la terrible agonía de los hombres a quienes fueron alcanzando. Hasta aquella zona, hoy tan concurrida por turistas, llegaron algunos de los heridos y víctimas de la batalla arrastrados por el rojizo oleaje.

El Faro de Trafalgar

Faro de Trafalgar | Shutterstock

Con sus más de 34 metros de altura, el Faro de Trafalgar se presenta como el otro gran protagonista del pequeño islote. Desde su construcción en 1860, esta torre blanca se ha convertido en uno de los edificios más significativos de la costa gaditana por dos motivos principales: por alzarse sobre un importante espacio geológico andaluz como el Tómbolo de Trafalgar, y por la carga histórica que tiene detrás.

Es cierto que el faro nació después de la guerra naval, pero sus precedentes se remontan muchísimos años atrás. En el pequeño arrecife donde reside se hallaron varios yacimientos arqueológicos de época romana, en los que destaca una factoría de salazón y un templo dedicado a la diosa Juno.

Torre de Trafalgar

Los restos de la antigua Torre de Trafalgar | Wikimedia

Al lado del faro se encuentran también los restos de la antigua e histórica Torre de Trafalgar. Parte de su infraestructura fue derruida en el siglo XIX debido a su mal estado de conservación, siendo aprovechados algunos de sus materiales para la construcción del actual faro. Actualmente hay discrepancias en cuanto al origen de la torre, pues unos creen que fue una atalaya musulmana del siglo IX, mientras que otros señalan que su construcción es un edificio de vigilancia del siglo XV que el Duque de Medina Sidonia mandó a construir para proteger sus pesquerías de la zona.

Esta última es la versión más extendida de las dos, sobre todo porque es un momento que coincide con el proyecto de fortificación que había encargado Felipe II en las costas andaluzas para defenderlas de los continuos ataques berberiscos. De hecho, el edificio conectaba con la Torre de Meca y la del Tajo, conformando así un sistema defensivo cuya misión era dar aviso a las poblaciones cercanas de la presencia de piratas en el mar.



El Tómbolo y las playas de Trafalgar

La conexión del cabo con la costa es posible a través una delgada lengua de arena llamada el Tómbolo de Trafalgar, una de las maravillas naturales de esa zona. La unión de la península y el pequeño istmo tuvo lugar hace unos 6500 años, cuando el nivel del mar alcanzó su cota actual.

Vista del Cabo de Trafalgar desde una de sus playas

Vista del Cabo de Trafalgar desde una de sus playas| Shutterstock

El valor geológico de la zona hizo que fuera declarado Monumento Natural por la Junta de Andalucía en 2001. Su interés reside en que es el único ejemplo de la comunidad que cuenta con un tómbolo doble, creado a través de la arena arrastrada por las mareas. Gracias a ello, se puede apreciar el bello paisaje de dunas de fina arena, las extensas playas que presenta y la zona rocosa sobre la que se asienta el faro.

Mientras tanto, a la izquierda del gran Faro de Trafalgar se encuentra una de las playas vírgenes más impresionantes del litoral gaditano. Brinda una belleza singular a todo aquel que la visita gracias al efecto que provoca la combinación entre arena dorada y aguas cristalinas, extendida a lo largo de 20 kilómetros de costa. Lo mejor de todo es que apenas hay construcciones alrededor, por lo que le da un ambiente libre y relajado.

La Playa del Faro es tan extensa que se divide en dos zonas. La más cercana al torreón es la Playa de los Bancos, donde se dan las corrientes de agua más fuertes de toda la costa, por lo que hay que tener extrema precaución a la hora de visitarla. Un poco más alejada del faro se encuentra la Playa Aceitera, una zona un poco más serena si se quiere disfrutar de un buen baño.

Atardecer en el Cabo de Trafalgar

Atardecer desde una de las playas del Cabo de Trafalgar | Shutterstock

En esta gran playa se da uno de los fenómenos más impresionantes, pero también más temibles del estrecho. Lo llaman la riza de Trafalgar, y se da cuando se originan corrientes submarinas de distintas direcciones causadas por las mareas. Es un fenómeno que puede llegar a ser extremadamente violento.

Algo más tranquila y accesible es la Playa de Marisucia, localizada en la parte izquierda del Faro de Trafalgar. Es considerada como una de las playas más bonitas y vírgenes de de Caños de Meca, al tener una de las aguas más cristalinas de la zona y estar rodeada de dunas naturales. Aunque todos coinciden que lo más sobresaliente de la playa son sus vistas, pues en los días más claros se puede ver incluso la costa marroquí.