¿Cómo explicar la esencia de ser andaluz? Intentar atrapar la esencia de Andalucía es como querer apresar el viento con un cazamariposas. Un sentimiento es luz, aire, el aroma a azahar de la primavera, el sonido del agua en los patios de la Alhambra, palmas y taconeos coloreando el ambiente, la luz de la tarde que decae sobre la mezquita de Córdoba… Hay lugares que despiertan intuiciones y ayudan a escuchar, sordo, el latido de una tierra que palpita en las venas de sus habitantes.

La Alhambra de Granada

Pensar en Granada sin pensar en la Alhambra es imposible para todo aquel que ha recorrido sus adoquines. No solo caen bajo su influjo los viajeros que llegan por primera vez ante sus puertas. Con su hechizo conviven día a día los granadinos que atesoran en su callejero esta joya de la historia, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1984. La Alhambra es un reflejo del devenir histórico. Su primera mención data del siglo IX, aunque no se convierte en residencia real hasta el siglo XI, con la llegada del primer monarca nazarí Mohamed I. Es el inicio de una época de enorme esplendor para esta ubicación sobre la colina Al- Sabika, frente a los barrios del Albaicín y la Alcazaba.

Primer plano de la mítica fuente que da nombre al Patio de los Leones, en el interior de la Alhambra

Primer plano de la mítica fuente que da nombre al Patio de los Leones, en el interior de la Alhambra | Shutterstock

El tiempo y el paso de diversos monarcas fueron añadiendo muros, edificaciones, fuentes y jardines. Más adelante, su toma de posesión por los reyes castellanos, significó el derribo de algunas zonas. Pero la restauración comenzada en el siglo XIX supuso la revalorización de un espacio lleno de magia. Caminar entre flores, con las fuentes como música de fondo, no tiene precio. Descubrir el Patio de los Leones, la riqueza de los jardines del Generalife, o imaginar cuántas veces el sol se ha posado sobre las vidrieras de colores de la Torre de Comares… Las posibilidades son infinitas.

Cabo de Gata

Andalucía es una naturaleza arrolladora que se escribe con mayúsculas en cartografías y mapas. En Almería, un sendero costero dibuja un accidente geográfico con nombre propio, Cabo de Gata. Un país de “lagartos y piedras”, en palabras de Goytisolo, declarado parque natural en 1987 para dotar de especial protección a este rincón de naturaleza salvaje.

Playa de Monsul, Cabo de Gata

Playa de Monsul, Cabo de Gata | Shutterstock

Unas 28000 hectáreas de un ecosistema marino y terrestre caracterizado por un clima único en Europa. Allí, cada día renace de nuevo la línea de la costa. El mar rompe incansable contra la tierra a lo largo de una Senda Costera que, desde Agua Amarga, recorre distintas calas y miradores, como La Amatista. Dejando atrás los arenales más conocidos, Genoveses y Monsul, obligan a detenerse las paredes volcánicas del Barronal, un palacio de basalto levantado desde el océano. Allí, en el azul, extensos praderas de posidonia custodian una reserva natural de profunda belleza. Un manto de paz protege, día y noche, mar, cielo y tierra.

Pueblos blancos, entre Cádiz y Málaga

Entre Cádiz y Málaga el paisaje andaluz aparece salpicado por puntos blancos. Los colores son los protagonistas del conjunto, captando la atención allá donde se mire. El marrón de las montañas, la hierba de un verde intenso, y encabezando el cartel, las casas encaladas. Pedacitos de nubes caídos desde las alturas de un cielo azul.

Panorámica del pueblo de Olvera, destacando la iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación y el castillo

Panorámica del pueblo de Olvera, destacando la iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación y el castillo | Shutterstock

La ruta de los pueblos blancos es una ruta de historia y naturaleza. Un paseo por las entrañas que se adentra paso a paso en un Al- Andalús pretérito. Un tiempo que quedó apresado en el ámbar de muchos de los nombres que el viajero puede encontrarse por el camino. Zahara, la fortaleza, de playas infinitas y atardeceres eternos. Benamahoma, la casa del profeta, enmarcada en el espectacular paraje de la Sierra de Grazalema. O Algar, la cueva, un vestigio del neolítico representado en su gruta de la Dehesilla.

La brújula del sentimiento andaluz señala hacia el norte, a la Sierra de Cádiz. Allí se encuentran dos parajes inolvidables, el Parque Natural Sierra de  Grazalema  y el Parque Natural de los Alcornocales. Más allá el camino prosigue, envuelto en el viento de la sierra, hasta llegar a Málaga. A lo lejos, una paloma blanca sobrevuela la plaza de la Merced, puede que imaginada por algún pintor.

Doñana

Doñana | Shutterstock

Solo echar un vistazo al horizonte limpio de Doñana significa caer rendido a los pies de este paisaje único, capaz de dejar sin aliento. Distintos caminos se entrecruzan en un puzzle natural que sirve de unión a las provincias de Sevilla, Huelva y Cádiz. Aquí el agua es la protagonista. Su fuerza ha escrito sobre un lienzo de casi 123.000 hectáreas, marismas, lagos, playas y espacios increíbles, siguiendo el dictado de la naturaleza. El humedal más importante del continente europeo es hogar de más de 120 especies de aves. Conviven en armonía avetorillos, águilas imperiales y cigüeñas negras, con vecinos mamíferos o reptiles que avanzan, año tras año, lentos pero seguros. Entre ellos, la tortuga mora, que cumple un siglo de vida, manteniendo durante todo ese tiempo Doñana como uno de su hogar.

Fresnos, madreselvas, álamos y helechos enmarcan senderos y espacios lagunares con nombre propio. El Lucio del Cangrejo, la Gallega o Bonanza dan refugio a miles de aves estacionales. Surgen entre los espacios acuáticos formaciones elevadas de dunas. Entre las alturas destaca el acantilado del Asperillo, una formación sometida a la oxidación de ese líquido natural que en Doñana lo inunda todo. Igual que el recuerdo del atardecer en las marismas inunda para siempre la memoria de quien tiene la suerte de visitarlas.

Basílica de la Macarena

Las palabras Semana Santa están íntimamente ligadas a Andalucía. Cosidos con puntadas de fe, arte, rito y devoción se unen en el número 1 de la Calle Bécquer, en el Barrio de San Gil. Desde allí, sale en procesión la imagen de la Macarena cada madrugada de viernes santo, desde 1949. Año en que el templo fue bendecido por el Cardenal Arzobispo de Sevilla Don Pedro Segura.

En el interior descansa todo el año una Virgen de la Esperanza, que data de finales del siglo XVII o principios del XVIII, de autoría desconocida. Una imagen que, desde hace tiempo, se ha convertido en icono de la ciudad de Sevilla. No en vano su procesión es una de las más seguidas de la Semana Santa. La cofradía sale a la una de la madrugada del viernes santo y recorre las calles Resolana, Feria, Alameda y Trajano, ante la expectación de un público entregado, fiel a la cita año tras año. A ratos, la fe cobra vida en una voz que entona una canción para la virgen desde alguno de los balcones que flanquean el paso. La madrugada da paso a un alba, pero el recuerdo permanece para siempre.

Imagen frontal de la Basílica de la Macarena, Sevilla.

Imagen frontal de la Basílica de la Macarena, Sevilla | Shutterstock

Ronda (Málaga)

El nombre de Ronda suena a literatura, bandoleros y aventuras. Evoca pantallas grandes, persecuciones a caballo, estrellas de cine. De Juan Ramón Jiménez a Rilke, pasando por Goytisolo, muchos han caído rendidos al encanto de este balcón abierto al Tajo. Celtas, romanos y árabes habitaron esta sierra, hasta su conquista por los Reyes Católicos en el siglo XV. A finales del siglo XVIII, la construcción del Puente Nuevo trae consigo nuevos tiempos para Ronda, y la unión de la ciudad, que el Tajo dividía en dos mitades. Del mismo modo que más tarde fue protagonista de películas, primero protagonizó episodios de la resistencia contra la revolución francesa.

Ronda, Málaga

Ronda, Málaga | Shutterstock

La historia ha construido Ronda, formando capas que quedaron sumergidas entre piedras y adoquines. Vestigios árabes, un teatro romano, el barrio de San Francisco y el Mercadillo separados por tiempo y murallas, todo eso es Ronda. Romerías, ferias, fiestas y un pasado valiente y romántico se unen en esta ubicación con vistas privilegiadas, donde la naturaleza y el arte caminan cogidos de la mano.

Real Maestranza de la Caballería de Sevilla

En el monte del Baratillo, en Sevilla, se alza el coso taurino más longevo de España, y uno de los monumentos turísticos más visitados de la ciudad. Comenzó a construirse en el 1749, terminándose el Palco del Príncipe (realizado para el infante Felipe de Borbón, hijo de Felipe V). Después de variadas vicisitudes, incluida la paralización de las obras por Carlos V, la primera plaza circular se termina en su totalidad en 1881. De 1914 a 1915 se acometen distintas mejoras, encargadas a Aníbal González.

Plaza de la Maestranza, en Sevilla

Plaza de la Maestranza, en Sevilla | Shutterstock

Es considerado Bien de Interés Cultural, y en 1984 fue declarado Monumento. Pero para los sevillanos es mucho más. Su nombre se encuentra unido a la Feria de Abril con un pegamento indeleble de tradición y orgullo. Allí se viven las corridas de esta fiesta, cuando olmos, naranjos y palmeras anuncian la llegada de la primavera.

La costa gaditana

Cádiz es interior, carnaval y chirigota. Es Bahía, viento húmedo y marino, y una línea de playas que se extiende a lo largo de 140 kilómetros. Arena virgen, aguas claras que filtran la luz del sol y atardeceres que se extienden hacia noches llenas de estrellas. La costa gaditana habla de tú a tú con el mar, de punta a punta. Y en Zahara de los atunes, ese diálogo de océano y arena se convierte en un horizonte infinito.

Zahara de los Atunes

Zahara de los Atunes | Shutterstock

El recorrido por la costa está plagado de tesoros por descubrir para los que buscan degustar con tranquilidad el gusto a salitre de un mar en calma. La Cala de Arroyo Cañuelo es uno de esos parajes naturales todavía vírgenes, protegido en la geografía del Parque Natural del Estrecho. Ya en Tarifa, la Playa de los Alemanes aparece de sorpresa, a salvo del viento marino, enmarcada entre un faro y un antiguo búnker militar. Multitud de chiringuitos, bares y restaurantes ofrecen la oportunidad de degustar los productos de la zona, pero también la ocasión de comprobar, en primera persona, a qué sabe Andalucía.

Parque Natural de Sierra de Cazorla

El Parque Natural de Sierra de Cazorla, Segura y las Villas es uno de los parajes naturales más impresionantes de Andalucía. Un mosaico de civilizaciones que han dejado su impronta de mil maneras. Yacimientos prehistóricos, villas romanas, tradiciones milenarias y hogueras que siguen iluminando, cada verano, el firmamento de la Sierra.

Senda del Río Borosa en la Sierra de Cazorla, Jaén

Senda del Río Borosa en la Sierra de Cazorla, Jaén | Shutterstock

La comarca de Cazorla es un universo lleno de sorpresas. Pueblos con castillos de leyenda, como La Iruela, vigilante, desde el medievo, sobre su promontorio de rocas. Montañas que ocultan secretos, pinturas rupestres y cuevas de agua. Toda la zona es una invitación a dejar de lado mapas y teléfonos. No hace falta más que seguir caminando, dejándose llevar por los contornos de las montañas.

Un viaje a la esencia de Andalucía implica aspirar aromas, percibir texturas en la piel. Supone masticar tradiciones, embriagarse de sabores, vivir atardeceres, noches y salidas del sol. Caminar por los cambios de estaciones, asomarse a acantilados, descansar en patios coloreados de geranios, llegar a los puertos adecuados para entender. El corazón debe transitar geografías, lugares que, cuando se recorren, transmiten una energía única. De fondo se escucha el aleteo de una guitarra y en los labios, queda la sal del Atlántico y el Mediterráneo.