España es un país rico en todos los sentidos. Culturalmente, es una de esas tierras que puedes recorrer durante meses sin haber descubierto por completo todo cuanto guarda. Si uno se detiene a repasar su historia, encontrará acontecimientos de todo tipo y personajes que merece la pena conocer y estudiar. Gastronómicamente hablando, es la envidia del resto del mundo.

Cuando se trata de paisajes, de estímulos visuales, también lo reúne todo. El mar y la montaña, el frío de la nieve y la calidez del sol, el verde del Norte y los campos infinitos de Castilla. Las calas ocultas, los pueblos imposibles. Lagos, ríos, cascadas. España es un país de película, por eso se ruedan multitud de producciones extranjeras. Y por eso, cuando estas son españolas, se quedan grabadas en la memoria del espectador, que busca, en muchas ocasiones, capturar ese fotograma bellísimo en el que sigue perdido. Pues bien: es posible hacerlo. En todo el país.

El faro de Formentera que nos enamoró en Lucía y el sexo

Lucía y el sexo

Lucía y el sexo, escrita y dirigida por Julio Medem, es una de las películas más populares de este siglo español. Protagonizada por Paz Vega, es una historia de amor, de pasión, de sexualidad y de verano. Cada una de sus imágenes forman una postal que encierra todo lo anterior, todo aquello que uno mismo pueda imaginar. Pero quizá la imagen más representativa, la que traslada de inmediato a esta historia, tiene que ver con una carretera, una motocicleta y un faro.

Este faro se encuentra en Formentera: se trata del faro de Barbaria. Durante unos años, inmediatamente después del estreno de la película en 2001, se vivió una auténtica peregrinación de espectadores a este rincón de la isla. No es para menos: es bellísimo. Y es también una demostración del poder evocador del cine. Seguro que todos ellos querían sentir la libertad que transmite la protagonista en muchos momentos.

El eterno verano catalán en Verano 1993

Verano 1993Aunque Verano 1993 es una película de una gran complejidad emocional, es también una cinta bellísima. Una cinta que permite viajar a la calidez de Cataluña, a sus colores, sus olores, sus sabores. Las verbenas de los pueblos, las pequeñas comunidades que se forman, la libertad y la familia.

Carla Simón construyó aquí una historia, basada en la suya propia, en la que el espectador puede sentir con absoluta claridad lo que es un verano de los de antes. De los de la infancia. Con complejidades, como ya se ha dicho, y con una apuesta clara por la emoción, pero sintiendo siempre la enorme fuerza visual que tienen las imágenes. Es difícil no desear ponerse unas gafas de sol y tirarse en ese bello campo en el que Frida pasa su inolvidable verano de los seis años.

La comunidad gallega en la inolvidable La lengua de las mariposas

La lengua de las mariposasHablando de inolvidables… La lengua de las mariposas, de José Luis Cuerda, es una de las películas más importantes de la historia del cine español. Por lo que el director quiso contar y por la manera en la que afectó a muchas personas, que todavía tenían recientes, vivos, los recuerdos de los que parte. Esta película, además, permite que el espectador se sumerja en otro verano. Un verano diferente, porque es un verano en el que también llueve. Porque en Galicia llueve mucho, claro. Llovió aquel verano en Allariz, la localidad escogida por Cuerda para el rodaje.

En una pequeña aldea gallega, entre enseñanzas sobre naturaleza y literatura, La lengua de las mariposas acerca al público a los bellos paisajes gallegos, donde todo parece posible. A la tranquilidad particular de estos rincones, a ese carácter fácil de apreciar, al verde y todos los demás colores que pueblan tierra, cielo y mar gallegos.

Las marismas del Guadalquivir en La isla mínima

La isla mínimaLa isla mínima tiene muchas particularidades y sin duda una de ellas es el lugar en el que está ambientada: las marismas del Guadalquivir. Distribuidas entre las provincias de Sevilla y Córdoba, abarcan 2.000 kilómetros cuadrados y forman un paisaje espectacular. Perfecto, claro, para una historia de costumbrismo y crimen, de bajas pasiones y oscuridad.

Así lo entendió el director Alberto Rodríguez, que propuso a varios de los intérpretes más populares de nuestro país sumergirse en esta zona inundable donde hay que andar con cuidado. Raúl Arévalo, Javier Gutiérrez o Antonio de la Torre condujeron al espectador, entre agua y barro, por una tierra con características propias, todavía desconocida para muchos y tremendamente interesante.

La magia del valle en la trilogía del Baztán

La trilogía del BaztánNo puede escogerse una sola película de esta trilogía del Baztán, dirigida por Fernando González Molina, para resumir la magia del valle. Deben verse las tres: El guardián invisible, Legado en los huesos y Ofrenda a la tormenta. Cada una de ellas acerca a quien las está viendo a la historia, la mitología y la cultura de unas tierras que son tan mágicas como la Galicia anteriormente señalada.

También Pamplona inunda las pantallas en estas imágenes propuestas, pero es sobre todo el valle el que se lleva el protagonismo. Elizondo y otros pueblos de la zona, el verde siempre húmedo, la lluvia furiosa, la piedra característica de las construcciones del lugar… Da la sensación de estar cruzando la puerta a otro mundo.

Los pinares segovianos en El laberinto del fauno

El laberinto del faunoQuizá cueste creerlo, pero Guillermo del Toro escogió los pinares de Segovia como parte de su escenario para rodar la aplaudida El laberinto del fauno. Esta mezcla de drama y thriller, siempre con el elemento fantástico característico del director llenándolo todo, encontró en la tierra de pinares su lugar idóneo para vivir.

Segovia forma parte, junto con Valladolid y Ávila, de la comarca conocida como Tierra de Pinares. Dicen que pasear entre los enormes pinos, sobre todo en los meses de otoño, puede curarte de todo. Tiene, eso sí es cierto, un olor y un sonido muy característico, muy personal. El aroma de los pinos y el crujir de las ramas bajo los pies hacen que estos pinares creen una atmósfera propia, de esas que le gustan al director mexicano.

Volver siempre al pueblo, con Volver

VolverNo es solo que Pedro Almodóvar propusiera volver al pueblo en Volver: es que consiguió que el espectador lo hiciera. Protagonizada por Penélope Cruz, esta película de 2006 se rodó en buena medida en Almagro, preciosa localidad manchega que funciona a la perfección como un escenario para ese ambiente costumbrista que el director necesitaba.

Pero el ambiente que incita a volver al pueblo es también el ambiente que se vive entre las cuatro paredes de la casa protagonista, aunque sea un ambiente en cierto modo fantástico. Quienes hayan vivido una vida ligada a los pequeños lugares sabrán reconocer muchos elementos, muchas costumbres y muchos comportamientos en los personajes de esta película. Y no hay nada como verse reflejado en pantalla.