El Maestrazgo es una comarca histórica compartida entre las provincias de Teruel y Castellón. Se localiza al sureste de la primera y al norte de la segunda, aunque los límites no están muy claros. El carisma de este territorio se hace más intenso al descubrir que fue tierra de templarios, de batallas, misterios y fe cristiana. He aquí un recorrido por los pueblos más bonitos del Maestrazgo. Una tierra para disfrutar castillos y una gran esencia medieval en poblaciones como Morella, Cantavieja o Mirambel.

Morella, Castellón

Morella en el Maestrazgo

Morella en el Maestrazgo. | Shutterstock

La característica fisonomía de Morella da la bienvenida a todo visitante. Asentada sobre una colina a unos 1.000 metros de altitud y coronada por su impresionante castillo, esta población parece haberse detenido en el tiempo. Junto a la fortaleza militar, la basílica Arciprestal Santa María la Mayor y el Palacio del Gobernador constituyen dos visitas fundamentales. A 6 kilómetros del municipio se localizan las pinturas rupestres de Morella la Vella, inscritas como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. En cuanto a la gastronomía, destacan la cecina y las croquetas morellanas.

Cantavieja, Teruel

Cantavieja en el Maestrazgo

Cantavieja. | Shutterstock

De Castellón toca saltar a Teruel para llegar a Cantavieja. Su plaza mayor, de carácter porticado, está considerada una de las más hermosas de la región de Aragón. Parece ser que cuando se construyó la iglesia de la Asunción, su arquitecto indicó que no había “ni una igual en Roma”, así que es fácil imaginarse su grandiosidad. Las huellas de los templarios se observan en sus antiguas murallas, que todavía conservan sus torreones. Indispensable es también la Casa del Bayle, con balconada de forja. El Museo de las Guerras Carlistas de Cantavieja es asimismo fundamental para comprender la importancia histórica del Maestrazgo.

Mirambel, Teruel

Mirambel en el Maestrazgo

Portal de las Monjas de Mirambel. | Shutterstock

Apenas 20 minutos separan Cantavieja de Mirambel, sin duda uno de los pueblos más bonitos del Maestrazgo. En el paseo por el casco urbano es fácil que los ojos vayan al Portal de las Monjas. Esta antigua puerta de la muralla destaca por sus bonitas celosías de barro y yeso. Se localiza junto al convento de las Agustinas. Es el símbolo de esta localidad turolense. El recorrido por la localidad se halla salpicado de impresionantes casonas, ermitas y casas de piedra. Su belleza la hizo merecedora de la Medalla de Oro de Europa Nostra hace ya algunos años.

La Iglesuela del Cid, Teruel

La Iglesuela del Cid en el Maestrazgo

La Iglesuela del Cid. | Shutterstock

La siguiente parada es La Iglesuela del Cid, un bello pueblo de piedra ubicado en lo alto de un promontorio a más de 1.200 metros de altitud. En su casco urbano, declarado Conjunto Histórico Artístico, enseguida se alcanza la Torre de los Nublos. Se trata de la antigua torre del homenaje de la fortaleza templaria de la localidad. Saltan a la vista los palacios renacentistas y las casonas como la Matutano-Daudén. La plaza de la iglesia es, por su parte, uno de los rincones más coquetos del lugar. Como curiosidad, la denominación de este pueblo se debe a que fue el mismísimo Rodrigo Díaz de Vivar, alias el Cid, quien lo fortificó.

Tronchón, Teruel

Tronchón en el Maestrazgo

Tronchón. | Shutterstock

Tronchón no solo atrae por su patrimonio arquitectónico, sino por su gastronomía, en la que sobresalen sus quesos. El queso de Tronchón aparece mencionado, de hecho, en El Quijote. Pero esta villa también entra por los ojos además de por el estómago. La iglesia de Santa María Magdalena, del siglo XVII, es una de sus señas de identidad, así como el palacio del Marqués de Valdeolivo y el ayuntamiento. Muy peculiar es también la cárcel medieval enclavada en una roca.

Ares del Maestrat, Castellón

Ares del Maestrat en el Maestrazgo

Ares del Maestrat. | Shutterstock

Ares del Maestrat es una hermosa localidad de casas blancas perteneciente a la provincia de Castellón. No solo es uno de los pueblos más bonitos del Maestrazgo, sino de toda la Comunidad Valenciana. Por su localización en lo alto de una colina a 1.190 metros sobre el nivel del mar, conviene acercarse hasta el mirador para contemplar una impresionante panorámica. Con una población de apenas 200 habitantes, pasar un fin de semana en este lugar es sinónimo de desconexión. Muy popular es el camino de la Mola, que conduce hasta la cumbre de la Mola de Ares. En la ascensión, se puede disfrutar de bucólicos paisajes de los valles circundantes.

Forcall, Castellón

Forcall en el Maestrazgo

Forcall. | Shutterstock

A medio camino entre las ciudades de Castellón y Tortosa se halla Forcall, una villa que impresiona desde el momento en que se pisa, dada la cantidad de casonas señoriales, palacetes y ermitas que posee. No hay que olvidarse de su plaza porticada, del palacio de Osset-Miró o de la Casa de les Escaletes, denominada así por las dos hileras de escaleras que desembocan en la puerta de entrada. Pero, además, una visita a Forcall brinda la oportunidad de sumergirse en uno de sus oficios más tradicionales: la confección de alpargatas.

Villarluengo, Teruel

Villarluengo en el Maestrazgo

Villarluengo. | Shutterstock

En un entorno algo accidentado se levanta Villarluengo, una de las joyas arquitectónicas de la comarca histórica. Como el resto de localidades turolenses mencionadas, forma parte del Parque Cultural del Maestrazgo, un conjunto de municipios que combina a partes iguales patrimonio con un ambiente natural. A este singular club Villarluengo aporta atractivos como la plaza de las Tablas o la iglesia renacentista de la Asunción. El balcón de los Forasteros es un rincón ideal para contemplar la inmensidad de la naturaleza. Espectaculares son también los Órganos de Montoro, unas peculiares formaciones rocosas.

Molinos, Teruel

Molinos en el Maestrazgo

Molinos. | Shutterstock

A un paso de Molinos se localiza uno de los parajes más hermosos del Maestrazgo. Son las Grutas de Cristal, que suponen un sorprendente recorrido por las entrañas de la tierra. Estalactitas y estalagmitas de colores acompañan una travesía única y, además, son escenario del Festival Música y Palabra, de carácter anual. Tras esta explosión de tonalidades, toca deambular por las calles empedradas de Molinos, donde esperan rincones como la iglesia de Nuestra Señora de las Nieves o la casa consistorial. Si hay ganas de más, el entorno natural del Pozo del Salto es también de una belleza notable.