Las gargantas son uno de los elementos geográficos más atractivos que se puedan imaginar. Espacios verticales que dan lugar a recorridos tan atractivos como el del barranco de Hoz en Guadalajara o la Ruta del Cares entre Asturias y León. El desfiladero o Congost de Mont-Rebei es bastante similar a este último. Ambos comparten un trayecto junto al abismo, pero la ventaja del congosto es que enlaza con las espectaculares pasarelas de Montfalcó. Un lugar fronterizo entre Huesca y Lleida que cualquier aficionado a la naturaleza, el senderismo o la escalada encontrará maravilloso.

Congost de Mont-Rebei

Congost de Mont-Rebei. | Shutterstock

Una ruta entre alturas fronterizas

El río Noguera Ribagorzana es el responsable de haber generado el Congost de Mont-Rebei. La erosión dio lugar un paso de unos dos kilómetros realmente sobrecogedores. Con dirección norte-sur, las paredes laterales suben directamente al cielo en ocasiones hasta 500 metros. Además, la anchura se reduce en algunos puntos hasta apenas un par de decenas de metros. Todo ello en un entorno no explotado por vías férreas ni carreteras. Gracias a ello puede presumir de ser uno de los pocos desfiladeros prácticamente vírgenes de esta zona de España.

Camino del Congost de Mont-Rebei

Camino del Congost de Mont-Rebei. | Shutterstock

Esta barrera supone uno de los puntos más interesantes del Prepirineo aragonés y catalán. Un gran complemento a los grandes macizos y bellos pueblos que esperan en el norte. Como en el Cares, hay tramos directamente excavados en la roca. Los primeros pasos en la zona datan de principios del siglo XX. Sin embargo, no fue hasta mediados del mismo cuando se crearon los predecesores del camino actual. Hubo de ser reconstruido y adaptado más adelante para adaptarse a la evolución del embalse de Canelles, que se halla en este segmento del Noguera Ribagorzana.

Trayecto a través de Mont-Rebei

Trayecto a través de Mont-Rebei. | Shutterstock

La sierra del Montsec es el bloque del que forma parte el desfiladero. Su parte norte es más ancha, mientras que al sur es cuando se estrecha al límite, dejando un corto descanso antes de volver a contraerse al encontrarse en río con el final del Congost del Seguer. A partir de aquí aguardan la mayoría de los atractivos complementarios de Mont-Rebei. Se puede recorrer tanto en canoa como a través de una ruta senderista.

Cabe destacar la abundancia de aves rapaces en la zona, águilas y quebrantahuesos incluidas. Un añadido que aumenta el valor del desfiladero, que es un espacio protegido. Por ello, aunque hay multitud de lugares donde realizar escalada, durante la época de cría este deporte se limita bastante. Uno de los lugares más destacados a los que acceder a través de esta práctica es la cueva Colomera. Solo se puede llegar a su boca, pero deja vistas impresionantes. Para subir se han dispuesto unas cadenas y grapas. No es algo muy difícil, pero tampoco apto para quienes tengan vértigo. En ese sentido, recuerda al Caminito del Rey en Málaga.

Entrada al Congost de Mont-Rebei

Entrada al Congost de Mont-Rebei. | Shutterstock

La conexión con el Congost del Seguer y Montfalcó

El Congost de Mont-Rebei se transita por su parte oeste, la correspondiente a Lleida, de ir andando. Sin embargo, cerca de su extremo sur existe la posibilidad de cruzar al lado oscense. Esto supone conectar con la famosa ruta de las Pasarelas de Montfalcó. El nombre viene del cercano despoblado, cuyo territorio pasó a ser parte del estado en los años 60. No es el único lugar abandonado de las inmediaciones, Fet o Finestra son otros ejemplos a los que también se puede llegar.

Puente colgante en el Congost de Mont-Rebei

Puente colgante en el Congost de Mont-Rebei. | Shutterstock

Para cambiar de provincia se debe atravesar un puente colgante que causa gran impresión a la altura del Congost del Seguer. De 35 metros de largo, el Pont del Seguer es una de las atracciones estrella de la zona. A continuación se sitúan las pasarelas en sí, recientes, que descienden e un zigzag asombroso. Esto supuso ocupar una buena zona de escalada, pero el resultado lo hace accesible a todos.

Junto al embalse de Canelles el Camino Natural de Montfalcó sigue al despoblado que le da nombre. Plagado de miradores, vegetación y aves, se pueden observar los requiebros que caracterizan el trasiego local del Nogueira Ribagorzana. Otra constante de la ruta desde Mont-Rebei hasta las pasarelas y sus senderos posteriores es la aparición de barrancos perpendiculares al río, como el del Seguer. Cerca del inicio de desfiladero del que trata este artículo está por ejemplo el Barrac Fondo y otro puente colgante, que esta vez enlaza con varios puntos de partida habituales.

Monumentos en torno al Congost de Mont-Rebei

No todos los atractivos del Congost de Mont-Rebei son naturales. Además de los interesantes despoblados oscenses antes mencionados hay varias ermitas y fortificaciones a los que prestar atención. Del lado de Huesca destaca por ejemple el torreón de Chiriveta. Se trata de una clásica torre cilíndrica, un punto fuerte medieval datado en el 1070. Desde el cerro en el que está controla la entrada norte del desfiladero. Llegó a estar bajo dominio templario tras ser cedida por la corona de Aragón.

Ermita de Nuestra Señora del Congost y torreón de Chiriveta en Mont-Rebei

Ermita de Nuestra Señora del Congost y torreón de Chiriveta en Mont-Rebei. | Wikimedia

Muy cerca sobresale, pegada al embalse hoy y al río antiguamente, Nuestra Señora del Congost. Esta pequeña iglesia pertenece, como la torre, al municipio de Viacamp y Litera. Es románica y también del 1070, aunque con añadidos y reformas del siglo XIII. Su sencilla planta se sitúa junto a un precipicio y conforma una bella estampa junto a Chiriveta. Ambos solo se pueden alcanzar a través de un sencillo sendero, andando algo más de media hora.

Ermita de Santa Quiteria y San Bonifacio cerca de Montfalcó y Mont-Rebei

Ermita de Santa Quiteria y San Bonifacio cerca de Montfalcó y Mont-Rebei. | Shutterstock

Ya en el extremo sur, no lejos del albergue de Montfalcó, la ermita de Santa Quiteria y San Bonifacio. Del siglo XI, tiene una situación que cuesta creer, colgando casi en vertical en una de sus fachadas. Se elevó adaptándose a su difícil situación y durante los años 90 se reformó. Fue entonces cuando perdió sus frescos. Las vistas desde aquí son algunas de las mejores, dejando panorámicas de Mont-Rebei y el curso que le sigue.

Pertusa junto a Mont-Rebei

Pertusa junto a Mont-Rebei. | Shutterstock

Mientras tanto, en el lado catalán brilla la ermita de la Mare de Déu de la Pertusa. De nuevo, resulta alucinante pensar cómo se erigió en lo alto de una peña escarpada. Mira de frente a la de Santa Quiteria y ambas componen una dupla espectacular. Del siglo XII, alcanzarla también requiere de un paseo pero merece la pena. Esta fortificada y se cree que funciono como un pequeño castillo medieval.

Rutas por el Congost de Mont-Rebei

Todo lo anterior deja claro que no hay una sola forma de recorrer el Congost de Mont-Rebei. Aunque no sea muy largo, llegar hasta él es la primera cuestión. Una forma es ir al albergue de Montfalcó y enlazar la vía del desfiladero con las pasarelas. Hasta el puente del Barrac Fondo son unos 14 kilómetros de ida y vuelta.

Mientras tanto, si solo se va al Pont del Seguer, en la entrada del congosto, son unos siete. En ambas ocasiones se puede ver la ermita de Santa Quiteria y San Bonifacio. Otra alternativa desde Montfalcó es una vez superado el Congost del Seguer virar al sur para ir a la Pertusa. Sería 16 kilómetros en total y se disfrutarían de las dos ermitas colgantes.

Pertusa con Mont-Rebei a la derecha

Pertusa con Mont-Rebei a la derecha. | Shutterstock

Si se parte del extremo contrario, el norte, lo más habitual es empezar en el parking de la Masieta. Desde aquí simplemente habría que seguir la GR-1, una ruta marcada con dos barras horizontales, blanca y roja. Esta sigue el camino del Congost de Mont-Rebei. Hasta Montfalcó hay unos 17 kilómetros de ida y vuelta. Se puede optar por y a la Pertusa, lo que deja unos guarismos similares.

De preferir el turismo activo, ya sea en Lleida o en Huesca, siempre se puede realizar la ruta en canoa. De este modo, lo ideal es usar un fin de semana para recorrer este escondido rincón del Montsec. Un día se dedica a navegar y otro a desandar lo recorrido.