En primavera, cuando las fabáceas florecen, no quedan palabras en la extenuación. Un nombre un poco extraño para estas compañeras que escoltan a lo largo de la geografía. Y a pesar de las particularidades que las distinguen, estas plantas coinciden sin embargo en algo esencial: el color amarillo de sus flores que bañan los campos agrestes y duros de todo el territorio.

Muchas son las especies, conocidas por todos, que clavan sus raíces en paisajes roqueros como las retamas o los escobones. Otras no tanto, como el cambroño o el piorno, desconocidas todavía por el gran público. Un patrimonio natural que merece la pena conocer por la explosión y extensión, en muchas ocasiones, de sus floraciones.

Cambroñales en el entorno de Los Molinos

Cambroñales en el entorno de Los Molinos | Shutterstock

El codeso floreciendo en las cumbres canarias

Panorámicas de ensueño y flores con forma de mariposa. Una mezcla en la que los codesos son los protagonistas. En las cumbres de las islas afortunadas abundan estas plantas arbustivas, tanto en La Palma y en Tenerife como en La Gomera. Planta amante del clima subalpino, puede apreciarse en algunas de las rutas más célebres y conocidas de estas islas. La orla dorada que rodea al Roque de los Muchachos y vigilando el observatorio es una de las más espectaculares.

Orlas de codesos en las laderas del Roque de los Muchachos, Isla de la Palmas

Orlas de codesos en las laderas del Roque de los Muchachos, Isla de la Palmas | Shutterstock

El piorno y el cambroño, emblemas del sistema central

Si las islas afortunadas lo son por tener al codeso como protagonista, el sistema central tiene sus propias maravillas. Desde la sierra de Gredos hasta la de Guadarrama, los piornos y los cambroños se suceden en orden para dejar sin palabras a cualquiera que se sumerja en estas montañas. Plantas hermanadas en territorio y en semejanzas, aunque con sus diferencias.

El piorno, muy abundante en Gredos, con sus flores abiertas y elegantes, prolifera sin recato en las laderas norteñas de las montañas de la provincia. Un lugar en el que esta planta cubre más de 520 km2 de extensión y que engalana algunos de los pueblos con más encanto de la región como Navarredonda de Gredos u Hoyos del Espino.

Piorno en flor en las faldas de la Sierra de Gredos

Piorno en flor en las faldas de la Sierra de Gredos | Shutterstock

Por su parte, el cambroño sorprende con sus flores algo más tímidas pero sin prejuicios. Un arbusto que crea una verdadera alfombra dorada en las laderas de La Peñota, la montaña bajo la cual la localidad de Los Molinos se enorgullece de ser la capital de esta flor tan particular. Un lugar para disfrutar de infinitos paseos desbordantes de naturaleza a apenas 50 km de Madrid.

La Peñota en Los Molinos adornada por la belleza del cambroño en flor

La Peñota en Los Molinos adornada por la belleza del cambroño en flor | Shutterstock

Las retamas, una profusión de belleza mediterránea

La más frecuente en todo nuestro territorio, quizá la más presente en todas las regiones influidas por el clima mediterráneo. Conocida bajo muchos nombres, la retama, escoba o genista, como refleja Serrat en Mediterráneo, es un conjunto de plantas muy parecidas. Plantas llenas de humildad y belleza que ofrecen lo mejor de sí en algunos de los terrenos más duros y áridos. Belleza ante todo porque En la ladera de un monte, más alto que el horizonte, quiero tener buena vista. Mi cuerpo será camino. Le daré verde a los pinos y amarillo a la genista.

Retamas en flor en la vega del río Henares a su paso por Guadalajara

Retamas en flor en la vega del río Henares a su paso por Guadalajara | Shutterstock