La huella de las invasiones árabes en la península es palpable en muchos aspectos de nuestro día a día. Desde la influencia en las ciencias, agricultura, arte y lengua, hasta otros aspectos menos abstractos que aún pueden disfrutarse. El patrimonio arquitectónico, incluyendo el de carácter civil y militar, ha sobrevivido a las posteriores conquistas y al invasor más inexorable: el tiempo.

Cabe resaltar que la disposición general de las ciudades musulmanas tiene grandes parecidos con otras civilizaciones. De hecho, aprovecharon muchas de las localidades ya creadas para transformarlas según sus necesidades. El núcleo urbano o medina concentraba las utilidades principales, como el zoco, baños y mezquita. Se subdividía a su vez en barrios, normalmente agrupados por gremios. La particular meteorología y el calor extremo condicionaba gran parte de su arquitectura, desde materiales a disposición a dimensiones de espacios.

El aprovechamiento del agua se convirtió en uno de los pilares fundamentales de su desarrollo. Pero, sabiendo que contaban con gran número de enemigos, incluyendo los internos, la defensa era un ámbito fundamental. Es por ello que las fortificaciones o alcazabas se constituyeron como ejemplos de arquitectura militar. España conserva valiosos restos de alcazabas árabes, incluyendo la más grande de Europa.

Castillo de Gormaz, Soria

Extremo oeste y campa interior del castillo de Gormaz

Extremo oeste y campa interior del castillo de Gormaz. | Shutterstock

Andalucía conserva la mayor parte del tesoro árabe en España, pero no es la única comunidad. Existen restos muy relevantes en territorios insospechados lejos del sur. A poco más de 60 kilómetros de Soria, se alza el Castillo de Gormaz. Fue construido durante el Califato de Córdoba en el siglo IX y posteriormente ampliado hasta adaptarse a la orografía del terreno. Llegó a ser la fortaleza musulmana más grande de su época en Europa. En España presumió de ser la más famosa en época de Gálib y Almanzor. Alcanza un perímetro de aproximadamente 1.200 metros con un total de 28 torres. Está situada en lo alto de una colina, cómo mandan los cánones. En 1931 fue declarado monumento histórico nacional.

Sufrió numerosos asedios debido a que era un punto neurálgico para retener las invasiones cristianas junto al Duero. Aunque también sirvió al califato cordobés para sembrar el terror al norte del río. El mismísimo Cid llegó a ser dueño y señor de la fortaleza. Conserva una impresionante puerta doble califal con arco típico de herradura, situada al sur y, aunque no es la única entrada, sin duda debió ser la más habitual en los fríos inviernos. El castillo también conserva un alcázar en su interior con una torre del homenaje, la “Torre de Almanzor”. A su vez, el conjunto se encuentra rodeado por un foso que divide claramente el espacio interior.

Alcazaba de Badajoz

Alcazaba de Badajoz

Alcazaba de Badajoz. | Shutterstock

La alcazaba pacense no solo es el recinto amurallado más grande de España, también lo es de toda Europa. Rodeada estratégicamente de fuertes pendientes y del río Guadiana, comenzó a construirse en el siglo IX para la taifa de Badajoz. Las posteriores ampliaciones y esplendor llegaron durante el gobierno almohade en el siglo XII. Desde esta fortificación, además, se controlaba la frontera con Portugal.

Actualmente la alcazaba alberga el Museo Arqueológico Provincial, la torre de Santa María y la del Palacio Episcopal o los jardines, entre otros espacios urbanos de interés. Dentro de las torres típicas construidas, quizá la más llamativa sea la de Espantaperros. Contrariamente a las construcciones de este tipo, esta torre de planta octogonal sobresale del resto del conjunto con sus 20 metros de altura.

La situación estratégica de estas ciudadelas a nivel militar ha servido a su vez de modelo arquitectónico para construcciones similares posteriores. La alcazaba de Badajoz, corrió la misma suerte que la mayoría de las alcazabas árabes con la Reconquista: convertirse en castillos cristianos para aprovechar sus instalaciones y lugar geográficamente privilegiado. Aunque con poca intención de conservar en su interior a la población plebeya.

Alcazaba de Mérida

Alcazaba de Mérida. | Shutterstock

Es otro ejemplo relevante a medida que se inicia el descenso hacia Andalucía. Fue erigida por el omeya Abderramán II en el año 835. Es una de las más antigua que se conservan en la península. Antiguamente se encontraba completamente rodeada por un foso, conservando hasta hoy muros de casi tres metros de longitud. En el caso de Mérida, los restos conviven con los registros romanos, aprovechados en muchas ocasiones por los nuevos inquilinos peninsulares. No en vano, sigue siendo la capital de la Vía de la Plata.

Los muros de las ciudadelas también solían albergar en sus inmediaciones gran parte del poder administrativo y civil. Las cuestiones más meramente formales de la ciudad, no tanto de las conquistas, se trataban desde estos edificios. Eran una especie de pequeños ministerios al servicio de la ciudadanía. Por otro lado, se dice que es donde se albergaban los tesoros y la riqueza de la ciudad. Finalmente, merece la pena resaltar su aljibe subterráneo, un acuoso y oscuro remanso de paz.

Alcazaba de Reina, Badajoz

Alcazaba de Reina

Alcazaba de Reina en Badajoz. | Shutterstock

En la actual frontera geográfica con Andalucía se levanta otra de las fortificaciones árabes menos conocida, pero de pasado glorioso. Se trata de la alcazaba de Reina. Quizá no sea la mejor conservada, pero es una enclave que no defrauda, ya que además cuenta con unas vistas espectaculares. Consta de 14 torres de planta cuadrangular y está construida a base de adobe y hormigón de barro y cal.

Data del siglo XII, época almohade, por lo que su enclave estratégico resultó ser muy importante. En 1246, conquistada por los cristianos, fue entregada a los Caballeros de la Orden de Santiago con el objeto curiosamente de proteger a los peregrinos de los árabes. Entonces comenzaba a consolidarse el pasaje jacobeo de la Plata por estas tierras. Cerca de allí es posible visitar también los restos de la ciudad romana de Regina Turdulorum. Asimismo, es un excelente mirador celeste, reconocido a nivel nacional por la pureza del cielo extremeño que se capta en el cerro.

Alcazaba de Málaga

Alcazaba de Málaga

Alcazaba de Málaga. | Shutterstock

Es un ejemplo preciso del periodo Taifa en el siglo X, además de ser una de las más bellas que pueden encontrarse en la península. El conocido castillo de Gibralfaro comenzó a edificarse en 1340 bajo el reino nazarí Yusuf I, quien decidió construir una muralla para comunicarla con la alcazaba. La llegada de la artillería de largo alcance junto con el desarrollo militar obligó a reforzar las fortificaciones existentes para adecuar la defensa de la ciudadela. En el caso de Málaga, no lo hicieron nada mal porque ha pasado a la historia como una de las más reforzadas a lo largo de la historia.

Los cuatro recintos iniciales de la alcazaba fueron creciendo y albergando diferentes anillos defensivos con características torres militares y mazmorras. En último lugar y bajo todos los muros defensivos, se encontraba el área palaciega destinada a los gobernantes y a la administración. La cercana ciudad de Antequera también puede presumir de una bien conservada alcazaba amoldada al cerro, desde el que contemplar espectaculares panorámicas.

Castillo de Vélez-Málaga

 

Vélez-Málaga fue un enclave árabe significativo en al-Ándalus, cuya construcción se inició a finales del siglo IX. Se trata de un recinto doble, originalmente con cuatro entradas. Ocupa 1.500 m2 acoplado a los caprichos del terreno y fue construido en tapial, una suerte de adobe árabe, además de cal y arena. El revestimiento es de mampostería y ladrillo.

Sufrió un notable deterioro al estar unida a un yacimiento de cal, cuya explotación no tenía demasiado en cuenta si vaciaba un terreno sin aparente valor o un aljibe del siglo X. Claro que, unos 150 años, antes la invasión francesa también consideró que su potencial estratégico era tan bueno, que mejor volar parte de la edificación, por quien pudiera venir detrás. Gracias a la recuperación por parte del pueblo del conjunto, la Torre del Homenaje y otras áreas más deterioradas comenzaron a restaurarse.



Alcazaba de Granada

Alcazaba de Granada

Alcazaba de Granada. | Shutterstock

Poco novedoso queda por decir del conjunto de la Alhambra, una de las construcciones más admirables y mejor conservadas de la historia de España. La alcazaba constituye una de las zonas más antiguas del complejo arquitectónico granadino. De nuevo, sus primeros vestigios se encuentran en el sigo IX. No es, sin embargo, hasta la llegada del primer rey de Granada y nazarí cuando se refuerza la edificación.

Mohamed I se encargó de levantar tres emblemáticas torres del conjunto: la Quebrada, la Torre del Homenaje y la de la Vela. Esta última destaca por una planta de 16 metros y una altura de 26,80 metros. La panorámica desde esta torre permite ver la ciudad entera e incluso Sierra Nevada. La alcazaba sufrió un notable abandono durante un largo periodo de tiempo. No fue hasta el siglo pasado cuando se activaron los trabajos de restauración.

Alcazaba de Gaudix, Granada

Alcazaba de Guadix

Alcazaba de Guadix. | Shutterstock

A pocos kilómetros de Sierra Nevada se encuentra Guadix, una ciudad granadina que alberga un considerable patrimonio artístico e histórico. Rebautizada por los musulmanes tras la invasión como Wa-Dish, fue testigo de un clima político muy inestable. La alcazaba tomó un papel relevante a lo largo de todo el periodo árabe, siendo relegada a un segundo plano con la Reconquista. Levantada en los siglos IX y X sufrió modificaciones para reforzar su carácter defensivo en varias ocasiones. Fue construida, como muchas otras fortalezas árabes, con tapial. Esto otorga ese aspecto terrizo y rojo a sus muros.

Alcazaba de Almería

Alcazaba de Almería

Alcazaba de Almería. | Shutterstock

Almería siempre ha sabido protegerse a lo grande. Su impresionante alcazaba es uno de los ejemplos más populares de construcciones árabes en España. Fue Abderramán III quien inició a mediados del siglo IX su construcción, la cual finaliza en el siglo XI a manos del rey Taifa Hayrán. A los dos recintos ya existentes, los Reyes Católicos sumaron un tercero aprovechando la construcción musulmana. El complejo de la alcazaba y las murallas se distribuyen a lo lardo del llamado Cerro de San Cristóbal.

Posee un muro perimetral de 1.430 metros que la convirtió en la construcción española más grande después de la Alhambra. En su interior pueden visitarse tanto partes de época musulmana como los restos del palacio cristiano. También se aprecia el muro del mirador de la odalisca o el patio de armas con las torres del Homenaje, la Noria y la Pólvora. Se puede acceder al recinto por una única puerta, la cual permanece casi invisible entre la robustez y los recovecos de la muralla. Como curiosidad, la alcazaba sirvió como escenario en la serie Juego de Tronos, al recrearse allí las escenas de Lanza del Sol, capital de Dorne, hogar de la casa Martell.

Palacio de la Aljafería, Zaragoza

Arte mudéjar en Aragón

Palacio de Aljafería. | Shutterstock

Todo un ejemplo de optimización de espacios a lo largo de los siglos. Este palacio de origen árabe fue construido en el siglo XI con la intención de ser un fuerte y también la residencia de los reyes hudíes, taifa de Zaragoza. Levantado en una época de esplendor, es otro de los máximos exponentes árabes en la península. Fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1986. El interior alberga magníficos ejemplos de arte como los arcos mixtilíneos del Salón Dorado, propios del arte taifa. También los adornos característicos trabajados en las yeserías con policromía y la decoración de atauriques, motivos arabescos geométricos, de origen vegetal y pastoral.

Uno de los elementos más relevantes es la torre del Trovador, utilizada como torre de vigilancia. Su base está construida en sillería y consta de 5 plantas. Las dos últimas cuentan ya con una clara influencia mudéjar. El conjunto arquitectónico comprende el palacio taifa, la mezquita, el patio de Santa Isabel y el palacio de los Reyes Católicos, entre otras estancias de gran interés. Actualmente, es la sede de las Cortes de Aragón. A una hora en coche de la capital aragonesa, también podemos encontrar la alcazaba de Calatayud. Se trata de la más antigua de la península, dado que los primeros escritos hablan de esta fortificación ya en el año 862.