Con la llegada de la primavera, llega el buen tiempo y un aumento de las horas de luz. Apetece reactivar o, en el mejor de los casos, alargar los paseos diarios. Los fines de semana se presentan como una oportunidad para descubrir lugares en los que disfrutar de una naturaleza más valorada que nunca. La floración también llega, cubriendo los valles y campos de España, aportando valor a todo lo anterior. Nacen las flores y los colores inundan el país. Hay rincones que, en este contexto, parecen salidos de un cuento. De una postal irreal que, sin embargo, es tan real como el invierno que empieza a quedar atrás.

El inesperado Parque Quinta de los Molinos, Madrid

Los almendros son la marca de la Quinta de los Molinos

Los almendros son la marca de la Quinta de los Molinos. | Shutterstock

Quizá resulta inesperado encontrar algo así en la madrileña e infinita calle de Alcalá. El Parque Quinta de los Molinos, como cientos de parques en toda España, celebra la belleza de los almendros en flor entre los meses de febrero y marzo. Además de un paseo que quita el aliento, este parque tiene un carácter cultural claramente marcado. También una historia que merece la pena descubrir, absorber y disfrutar.

Brihuega o el poder de la lavanda, Guadalajara

Campos de Lavanda de Brihuega

Campos de Lavanda de Brihuega. | Shutterstock

El poder de la lavanda es el siguiente: es capaz de hipnotizar con su simple existencia. No solo por ese olor tan característico, tan agradable y tan envolvente: también por las imágenes que crea en ese existir. Los campos de lavanda de Brihuega, que florecen entre marzo y abril, no tienen nada que envidiar a las famosas postales que queda año llegan de los vecinos franceses de la Provenza.

El espectáculo de los melocotoneros de Cieza, Murcia

Cieza y sus melocotoneros en flor

Cieza y sus melocotoneros en flor, todo un espectáculo. | Shutterstock

Un espectáculo para los sentidos. Menos acostumbrados a admirar el olor y la imagen de los melocotoneros en flor, Cieza lo pone fácil para disfrutar de la experiencia. Este municipio de Murcia, situado en la comarca de la Vega Alta del Segura, ofrece cada año unas postales dominadas por el rosa. Pero este rosa, además, se une al verde y amarillo de los campos que se extienden alrededor, a las imponentes montañas de la zona y al habitual azul del cielo.

El sereno Valle de las Caderechas, Burgos

 

Los cerezos en flor del valle de Calderechas

Los cerezos en flor del valle de Calderechas. | Shutterstock

Pueblos tradicionales, que conservan su tradicional arquitectura, una gastronomía que nunca ha dejado indiferente al viajero y un valle dominado por las sensaciones es lo que uno se encuentra al aterrizar en este rincón de Burgos. El Norte tiene mucho que decir en primavera. El Valle de las Caderechas se cubre de blanco con los cerezos en flor, sabe a manzana de reineta y huele como ambas, y como los pinares de la zona.

Color hasta donde alcanza la vista en Aitona, Lérida

Aitona y los melocotones en flor

Aitona y los melocotones en flor. | Shutterstock

Casi en la frontera con Aragón descansa este pequeño municipio de apenas 2.000 habitantes que se presenta, sin embargo, como otro de esos rincones infinitos. Y es que el florido campo de melocotones que caracteriza el lugar ofrece un paisaje que no tiene fin. Llega hasta donde alcanza la vista y llena los ojos del visitante de un rosa intenso que se mezcla con los restantes colores típicos de esta bonita comarca de Lérida.

Naturaleza en estado puro en el valle de Guadalest, Alicante

Valle de Guadalest y sus almendros

Valle de Guadalest y sus almendros. | Shutterstock

Guadalest es uno de los pueblos más impresionantes de la geografía española, y es también el lugar indicado para estar cuando llega la primavera. Sus bellas formas se tiñen de blanco cuando los almendros en flor característicos de la zona florecen, y descubrir las rutas que se trazan en torno a estos constituye una experiencia completamente satisfactoria. No hay que marcharse del lugar sin entender también la importancia de este pequeño pueblo que tiene mucha vida.

La fama merecida o el Valle del Jerte, Extremadura

Cerezos del valle del Jerte

Cerezos del valle del Jerte. | Shutterstock

El sabio refranero popular explica que unos llevan la fama y otros cardan la lana, y en muchas ocasiones es fácil sentirse identificado con esta expresión. Ahora bien, no puede aplicarse al Valle del Jerte. Cuando uno piensa en la floración, en la primavera, imagina casi de inmediato este rincón de Extremadura que se llena de visitantes en estos bellos meses. Esta fama, esta asociación, es merecida. Quizá no pueda entenderse si no se ha paseado sobre estas tierras, pero una vez que se hace… El Valle del Jerte es un imprescindible.