No toda la costa es playa. A lo largo de los miles de kilómetros de ribera española hay también notables pueblos marineros. Lugares donde el mar lleva dando de comer a la mayoría desde tiempo ha. Ya a través de la pesca, de los astilleros o del comercio portuario estos entornos prosperaron. Hoy entremezclan su tradición basada en el mar con el turismo. Enclaves perfectos para descubrir durante una escapada este verano.

Mutriku, Guipúzcoa

Mutriku

Mutriku. | Shutterstock

Entre Deba y Ondarroa se encuentra este pequeño pueblo marinero. Su bahía acoge un activo puerto que custodian los edificios de Mutriku en alto. Este factor vertical lo da el monte Arno, el principal de la zona. Gracias a ello se da el reconocible contraste entre sierra y mar que caracteriza al Cantábrico. Aunque todavía queda algún barco pesquero, actividad que centró la economía local anteriormente, el turismo y la pequeña industria son los motores actuales de la población.

Su conexión marina, además de en el coqueto puerto, queda clara a través de dos espacios culturales. Se trata de los museos Nautilus y Bentalekua. El primero versa sobre el flysch negro de Mutriku, una interesante formación geológica. Mientras tanto, el segundo se ubica en la lonja y explica cómo era la pesca que sostuvo al pueblo durante siglos. Iglesias, palacios y una gastronomía excelente completan los atractivos de este lugar de Guipúzcoa.

Armintza, Vizcaya

Armintza en Vizcaya

Armintza en Vizcaya. | Shutterstock

Aunque siempre fue un pequeño barrio del municipio de Lemóniz, Armintza ha ido ganando terreno al resto de núcleos del territorio gracias al gran marco en el que se levanta. Su origen se remonta a la Edad Media como aldea pesquera y ensenada de reposo para pequeñas naves. Sin embargo, con el auge del turismo durante el siglo XX y XXI fue desarrollando una vertiente más turística. Pese a ello, este pueblo de Vizcaya sigue siendo un lugar tranquilo y muy enlazado con el mar. A tiro de piedra de Bilbao y la A-8, también queda bien conectado.

Navia, Asturias

Navia en Asturias

Navia en Asturias. | Shutterstock

Enclavado en la ría en que se unen el río que le da nombre y el Cantábrico, este pueblo asturiano todavía tiene en el mar una fuente de sustento. Por ejemplo, los astilleros siguen teniendo un papel crucial en el lugar. A esto se une una potente industria y sector ganadero. La pesca ha decaído bastante en los últimos años, aunque sigue presente en el concejo. Es parte del Camino del Norte a Santiago de Compostela, por lo que su puente sobre la ría es uno de sus elementos más conocidos. Además tiene interesantes playas y queda cerca de hitos como Luarca, Cudillero o la Regalina.

Tazones, Asturias

Tazones

Tazones. | Shutterstock

El concejo de Villaviciosa es conocida por su sidra, ser paso jacobeo e iglesias. Además, uno de sus puntos álgidos históricos ocurrió cuando el todavía infante Carlos V desembarcó por primera vez en España. Lo hizo a través de Tazones, una aldea marinera que sigue teniendo un gran encanto. En perfecta concordia con el mar, se trata de un enclave pesquero ideal para probar los frutos del Cantábrico. Además, posee un conjunto de atractivos nada desdeñable: huellas de dinosaurios, una casa hecha de conchas y un bonito faro.

O Porto do Barqueiro, A Coruña

 

O Barqueiro

O Barqueiro. | Shutterstock

Estaca de Bares es el punto geográfico que suele usarse para delimitar el Atlántico y el Cantábrico. En el lado este del cabo, inserto en una ría, O Barqueiro se presenta como un diminuto pueblo que pese a ello capitaliza su concello, Mañón, el más norteño de España. La localidad comparte nombre con la pequeña ría en donde está. Precisamente la tradicional necesidad de cruzar en barca fue lo que generó el topónimo.

Su río, el Sor, acoge durante las temporadas correspondientes salmones. Las aves marinas, en sus movimientos migratorios, también hacen escala en las inmediaciones de O Barqueiro. Playas y rutas de senderismo aumentan la potencialidad de cualquier escapada al lugar. Sin embargo, la forma del puerto, con las casas alrededor, es la postal más notable.

A Guarda, Pontevedra

A Guarda en Pontevedra

A Guarda en Pontevedra. | Shutterstock

Uno de los pueblos más grandes de este repaso, A Guarda espera en plena frontera con Portugal, mirando al Atlántico y junto a la desembocadura del Miño. De hecho, un transbordador sigue siendo una de las formas de cruzar de una orilla a la otra del río. La pesca sigue muy viva y se refleja en la arquitectura. Gracias a ello la calidad de su pescado y marisco es excepcional. Así, el puerto pesquero es la principal referencia de la localidad, junto al paseo marítimo.

A nivel patrimonial se trata de una villa y concello pontevedrés de gran interés. La iglesia de Santa María de la Asunción y la ermita de Santa Trega son los mejores hitos religiosos. Junto a esta última se ubica un tesoro arqueológico, el castro de Santa Trega, que llegó a albergar a miles de personas en el cambio de era. Varios museos, como el adscrito al yacimiento o el del mar, completan los atractivos de A Guardia. Finalmente, cabe resaltar que es parte del Camino de Santiago Portugués de la Costa.

Las Negras, Almería

Las Negras en Almería

Las Negras en Almería. | Shutterstock

Aunque no se vea un puerto como tal, las barcas en las playas indican el origen de Las Negras. Esto marca en buena medida la oferta gastronómica local. Alrededor del pequeño núcleo urbano se alzan montes volcánicos que dan una gran sensación de aislamiento. Algo que, junto al agradecido clima mediterráneo, ha provocado que más de la mitad de la población sea extranjera.

En todo caso, la escapada al lugar permite conocer interesantes rincones. Por ejemplo, la cala de San Pedro, donde prospera un pequeño conjunto de casas en forma de comuna hippie junto a los restos de una fortaleza reutilizada por la Guardia Civil. Un caso similar al del cercano San José, también en Almería. Un conjunto de dunas fosilizadas complementa la recortada costa de esta parte del Parque Natural del Cabo de GataNíjar. Así, el senderismo es otra actividad muy recurrente en una escapada a Las Negras, además de los deportes marinos.

Moraira, Alicante

Moraira en Alicante

Puerto de Moraira en Alicante. | Shutterstock

Parte del municipio de Teulada, Moraira es menos conocida que poblaciones vecinas como Denia, Javea o Calpe. Un pequeño fortín de 1744, que como las atalayas de Cádiz, Málaga o Granada servía para proteger el lugar de los ataques berberiscos, permitió que se fueran generando una aldea. El fin de la piratería en el XIX supuso la consolidación de la misma. Más allá de la pesca, la seguridad de su costa permitía que sirviera para almacenar y cargar pasas.

La ubicación que la hacía segura, junto a montes típicos de esta zona de Alicante, también sirvió para que se convirtiera en un entorno turístico de primera en el siglo XX. Una conversión que ha mejorado su puerto e infraestructura. Sin embargo, no ha perdido el ambiente entre marinero y agrícola que caracterizó a la primitiva Moraira.

Llafranc, Girona

Llafranc en la Costa Brava

Llafranc en la Costa Brava. | Shutterstock

La Costa Brava es un lugar en donde es difícil huir de la masificación. Llafranc lo consigue en parte. Este núcleo de Palafrugell se ubica en una pequeña bahía con una bella playa, puerto deportivo incluido. Durante la segunda mitad del siglo XX vivió la misma explosión turística que sus vecinos, pero mantuvo buena parte de las viviendas y edificios historicistas construidos décadas atrás. Gracias a esto, a pesar de que en verano suele saturarse, guarda su aire algo vetusto.

Del pasado reciente de Llafranc es archiconocido el llamado «gitano de la Costa Brava», Manuel Bisbe. Junto a sus hermanos inauguró el hotel Llafranc. Su peculiar personalidad le llevó a ser amigo de Dalí o codearse con estrellas de Hollywood y del flamenco. Milenios antes se desarrolló en la zona la industria del vino romana, como demuestra una prensa de uva rescatada. Un poblado íbero, un dolmen y un faro del siglo XIX conforman rutas de gran interés.

La Caleta de Vélez, Málaga

La Caleta de Vélez

La Caleta de Vélez. | Shutterstock

A este pueblo marinero le ocurre algo parecido a Moraira y Llafranc. Todos ellos están en zonas de una enorme presión turística pero han logrado salvaguardar su esencia. De hecho, el carácter pesquero de este núcleo de Vélez-Málaga no ha hecho sino aumentar en los últimos años. Así, su puerto es uno de los más importantes para esta actividad en la Costa del Sol. Gracias a ello, se pueden comer excelentes espetos o pescaíto frito.

Antiguamente se le conocía como Pago de Trayamar, en referencia a su cercanía con el río Algarrobo y una antigua necrópolis fenicia. Pese a mantener su modo de vida tradicional marinero, también en un lugar con una gran vertiente turística. Desde la navegación deportiva al Sol y playa es un lugar idóneo para escaparse en verano. Asimismo, la A-7 conecta La Caleta de Vélez con la inmediata Torre del Mar, la capital provincial o entornos más masificados como Marbella o Torremolinos.

Agaete, Gran Canaria

Agaete en Canarias

Agaete en Canarias. | Shutterstock

El puerto de esta villa canaria fue clave en la conquista de la isla de Gran Canaria por Castilla. Conocido como puerto de las Nieves, fue un punto de desembarco que permitió crear un punto fuerte y base de referencia. Con el tiempo la pesca centró la actividad local, de modo que hoy todavía posee una cofradía de pescadores. Su valor histórico, que abarca toda la historia de la ínsula, se complementa con un entorno abrupto, bello y blanco.


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