La Batalla de Roncesvalles

¿Quién no ha oído hablar de la Batalla de Roncesvalles, de Carlomagno y del caballero Roldán? Pues la identidad de uno de los combates más estudiados de la historia del hombre -y que dio lugar al cantar de gesta conocido como La Canción de Roldán– ha quedado en entredicho por la ‘batalla historiográfica’ que viene librando el historiador Vicente José González García desde hace varias décadas. Aunque comenzó tratando de validar su intuición de que el personaje de Bernardo del Carpio fue real, el investigador asturiano ha acabado provocando el mayor descubrimiento de la historiografía medieval del último siglo; pues las múltiples incoherencias entre el cantar de gesta, los documentos de la época y las muestras arqueológicas no se deben a la ficción del célebre texto, sino a que no hubo una única batalla en esa zona de los Pirineos hispanos, sino dos; ambas tuvieron lugar con 30 años de distancia y a pocos kilómetros de separación, pero en vertientes opuestas del puerto de montaña de Ibañeta (Navarra).

Los llamados ‘años oscuros’ es la forma alternativa con que la historiografía europea se refiere a la Alta Edad Media (desde la caída del Imperio Romano hasta el año mil de la era cristiana); una denominación propiciada por la gran ausencia de fuentes fiables. Esa limitación viene generando numerosas dudas acerca de la historicidad de relatos e incluso de personajes. La ausencia de certezas alcanza incluso a datos generalmente muy bien recogidos, como las fechas de nacimiento y muerte de reyes. En el caso de la Batalla de Roncesvalles, se ha venido desacreditando el texto literario francés de la Canción de Roldán por su falta de acuerdo con los documentos de la época y los indicios arqueológicos.

La investigación de Vicente José González García -explicada en un congreso internacional convocado para analizar su descubrimiento- consigue encajar la historia documentada, el resultado arqueológico y el célebre cantar de gesta, recuperando su verosimilitud. El resultado son unos relatos de fechas distintas y que ocurrieron muy cerca, siendo común la derrota de las tropas del emperador Carlomagno en ambas batallas. Pero ¿podría considerarse que la Batalla de Roncesvalles no fue una, sino dos?

batalla de roncesvalles
Ilustración de la batalla de Roncesvalles

El 15 de agosto del año 778 el ejército del joven Carlomagno regresaba de su primera campaña en Hispania; sabemos que durante su ausencia nació su hijo y heredero: Ludovico Pío. Carlomagno había viajado hacia el sur con su ejército para auxiliar a su aliado, el rey moro de Zaragoza; y durante su regreso había derrotado a los vascos ‘españoles’ y a los navarros (moderna denominación de los vascones) arrasando su plaza fuerte de Pamplona.

Tras pasar por el poblado de Roncesvalles y superar el puerto de Ibañeta, el poderoso ejército franco descendió por el valle que conduce hacia la localidad de Valcarlos y a la actual frontera francesa. El gran ejército empezaba a relajarse, pues acababa de abandonar el hostil territorio vascón y se encontraba ya en el de los gascones; por estar emplazados al norte de la cordillera, estos eran tributarios del Imperio, pero compartían etnia y lengua etnia con los vascones situados al sur. Los francos no eran conscientes de que tropas gasconas y vasconas se habían aliado, y que les acechaban. Ambas tribus querían recuperar el gran botín que Carlomagno había conseguido arrebatarles a los vascones en Pamplona y otras poblaciones navarras, así como todo lo que los francos habían llegado a acumular durante los años de guerra en Hispania. En el caso de los navarros, al interés económico se unía el deseo de tomarse revancha por la destrucción de Pamplona y otras localidades.

Los textos del acontecimiento son escuetos, pero relatan lo fundamental del drama. Una vez hubieron superada la llanura de Roncesvalles y el puerto de montaña de Ibañeta, el ejército franco rompió la formación de guerra y se dispersó por el estrecho valle. En la angostura del desfiladero fueron atacados por sorpresa desde las empinadas laderas. Con gran heroísmo, los caballeros francos Eginardo y Anselmo lideraron la resistencia; pero acabaron sucumbiendo ante unos enemigos superiores en número. Una vez conseguido el objetivo de arrancar a los francos el botín que traían consigo, gascones y vascones se dispersaron sin que los francos pudieran vengarse. Esta batalla está documentada en los documentos conocidos como La Vita caroli, el epitafio de Agggiardo por el poeta Saxon y en Annales francos.

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Ilustración de la batalla de Roncesvalles

La Batalla de Roncesvalles propiamente dicha –descrita en la Canción de Roldán- tuvo lugar un 16 de junio; pero unos 30 años después, no hay unanimidad sobre si ocurrió en el año 808 u 809. Al igual que en la anterior incursión en Hispania, Carlomagno y su ejército regresaban hacia su hogar por la misma ruta. El anciano emperador ya llevaba reinando siete años en el norte de la Península y en esa campaña había consolidado su dominio sobre la llamada Marca Hispánica; traía también consigo un importante botín, en esta ocasión proveniente de la conquista de la ciudad de Kodres (lugar no identificado hasta ahora).

Los acontecimientos de la Batalla de Roncesvalles tuvieron lugar cuando el poderoso ejército se encontraba cruzando la cordillera, con las tropas repartidas entre ambas laderas del puerto de Ibañeta. Carlomagno, el caballero Ganelón y la plana mayor de la caballería iban en vanguardia; ya habían bajado el puerto de Ibañeta y se encontraban al comienzo de la zona considerada más peligrosa: el desfiladero alrededor de Valcarlos donde 30 años antes Carlomagno fue derrotado.

En ese momento un ejército de musulmanes y cristianos peninsulares atacó a la retaguardia del ejército franco, que se encontraba a varios kilómetros de distancia, en la llanura de Roncesvalles (en la cara sur del puerto de Ibañeta). Los atacantes eran un ejército combinado en el que participaban los musulmanes del reino de Zaragoza -liderados por surey Marsilio– los navarros -capitaneados por su rey, Fortún Garcés– y los asturianos -comandados por el célebre caballero Bernardo del Carpio, sobrino del rey Alfonso II de Asturias ‘El Casto’-.

En aquel tiempo era frecuente que cristianos y musulmanes estuvieran aliados contra otros cristianos u otros musulmanes; por ejemplo, la mayor parte de la carrera militar de El Cid estuvo al servicio del rey taifa de Zaragoza. Por parte del ejército imperial, la retaguardia en la Batalla de Roncesvalles estaba integrada por los guerreros más célebres de Francia: el temido Roldán (vencedor en innumerables contiendas, y considerado el mejor caballero franco) y el resto del selecto grupo de paladines conocidos como ‘los Doce Pares de Francia’: Olivier, Gérin, Gérier, Beranger, Otón, Sansón, Ivón, Ivoire, Girart, Ansels y el arzobispo Turpín.

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Monumento a Rolán en Roncesvalles

Se entablaron duros combates individuales entre los caballeros; Roldán llegó a cortarle la mano al rey moro Marsilio. Pero la lucha se fue tornando en contra de los imperiales, siendo derrotados los Doce Pares de Francia. En un momento dado Roldán se tomó un respiro en la lucha para soplar con todas sus fuerzas el olifante (cuerno de alta sonoridad) que llevaba consigo y así conseguir alertar a la vanguardia. El emperador Carlomagno escuchó desde la lejanía la llamada de auxilio y se dispuso a acudir, pero el caballero Ganelón le retrasó con sus dudas. La posteridad ha interpretado la cautela de Ganelón como traición; hasta el punto que éste personaje se ha convertido para la historiografía francesa tradicional en el paradigma del traidor.

Analizando los acontecimientos cuidadosamente, también es posible que Ganelón pensase que el ataque al grupo de Roldán pudiera ser de distracción, con el fin de atacarles con más fuerza en el lugar más peligroso (el angosto desfiladero donde se encontraban). Lo cierto es que Carlomagno tardó en llegar con sus refuerzos a la llanura de Roncesvalles; para entonces sus tropas habían sido derrotadas –una versión proclama que Roldán tiró al río su famosa espada Durantarte para que no fuera capturada, en tanto que otra versión sostiene que Bernardo del Carpio se la llevó como trofeo- y casi todos los franceses estaban muertos.

Según el cantar de gesta, realizando un esfuerzo supremo, el arzobispo Turpín bendijo a sus compañeros caídos antes de morir él también. El texto acaba mencionando que Carlomagno y sus hombres consiguieron llegar a tiempo como para vengarse de los atacantes, que se retiraban con el botín. Por lo tanto, la conocida como Batalla de Roncesvalles debería de ser exclusivamente la segunda, debiéndose conocer a la primera como ‘la batalla de Valcarlos’.

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