Es temprano, no mucho más de las 17:30 de la tarde, pero comienza a oscurecer. La naturaleza ejerce de banda sonora. Se escuchan sonidos de animales y ruidos de ramas de árboles azotadas por el viento. Dos pequeños, de no mucho más de 10 años de edad, descienden por el camino empedrado que une el Monasterio de San Lorenzo de Carboeiro y el río Deza en Pontevedra.

Los niños han llegado al lugar con sus padres, pero se han alejado para explorar. Palos simulando espadas, piedras que son escudos y una imaginación que no deja de funcionar. Escuchan a lo lejos el sonido del agua y deciden seguirlo para llegar hasta él. El lugar les cautiva y entre los últimos rayos de sol dejan atrás a sus familias.

En su aventura se encuentran a lo lejos con un puente de construcción medieval de un solo arco. Sobre él se divisa un hombre de edad media. Está agachado y porta lo que parece un martillo. El viento sigue soplando y los sonidos cada vez son más inquietantes. Ambos empiezan a sentir miedo, falta poco para que oscurezca. El más valiente avanza y se dirige hacia el hombre que lleva la herramienta, pero la mano de su compañero lo frena.

Camino de Silleda

Camino de Silleda | Shutterstock

Acaba de recordar la leyenda que habita sobre ese lugar y el miedo se puede leer en sus ojos. Según la tradición popular es escenario de asesinatos y asaltos desde su origen. Además, el diablo también forma parte de estas historias y el pequeño está convencido de que se encuentran delante de él. Se esconden tras el tronco de uno de los árboles por miedo a ser descubiertos y procede a contarle la leyenda a su amigo.

El monasterio fue construido por los condes de Deza, Don Gonzalo Betote y Doña Tereixa Eiriz, en una zona a los pies del río de difícil acceso. Tiene su origen en el año 936 y tres años más tarde, en el 939, finalizan las obras. En el siglo X, los propios monjes ya construyeron una plataforma que les permitía cruzar de una orilla a otra. Para ello, utilizaron parte de la estructura romana original, que se conserva también en la actualidad.

Las innumerables crecidas del río preocupaban a los monjes del Monasterio de San Lorenzo de Carboeiro. El caudal estaba deteriorando de forma continua la estructura. Los monjes cada poco tiempo colgaban la túnica e invertían su tiempo en reconstruir el puente. Una labor importante, porque era la única manera de comunicar el monasterio con Silleda y Vila de cruces.

Monasterio de San Lorenzo de Carboeiro

Monasterio de San Lorenzo de Carboeiro | Shutterstock

Los monjes disponían de poco dinero y no podían invertirlo en arreglar el puente. Tampoco contaban con más ayuda que la de ellos mismos. Los habitantes de los alrededores tampoco tenían los conocimientos necesarios para reparar de forma definitiva la estructura. Por estos motivos, los monjes accedieron a llevar a cabo la opción más arriesgada, pero a la vez útil. Nunca antes lo habían hecho y quizá se arrepentirían, pero los hermanos iban a pactar con su antagonista. Se trataba del ser más malvado que habita la tierra, el diablo.

El diablo, famoso por su habilidad en la construcción, se convirtió en la solución que necesitan a su problema. Negoció con el monje con más fama de sincero, el hermano Ramón, ante la desconfianza del diablo. Finalmente, llegaron a un trato. Les arreglaría el puente para que no se volviera a deteriorar, pero el precio a pagar sería alto. Se quedaría con todas las almas de las personas que cruzasen el puente solo el día que lo terminase.

La construcción del encargo de los monjes comenzó un viernes y tardó solo un fin de semana en estar lista. Ese día era domingo, momento de oración, y el monasterio se llenó de feligreses que acudían a orar con los hermanos. Promovido por los monjes, el rezo de la mañana duró el doble, y se alargó con el canto de Vísperas. De este modo, nadie cruzó el puente ese día y todos se salvaron.

Monasterio de San Lorenzo de Carboeiro

Monasterio de San Lorenzo de Carboeiro | Shutterstock

Cuando terminó el rezo, salieron del monasterio y les invadió el asombro y la felicidad. Como estaba previsto, delante de sus ojos estaba el nuevo puente que les había prometido el diablo. Este fue engañado, por lo tanto, no tuvieron que pagar ningún precio por la nueva construcción.

Tras el engaño pensó en destruirlo, pero era tan sólida la estructura que habría sido imposible. Desde aquel momento se le bautizó al puente como ‘Ponte do Demo’, o puente del demonio, y pasó a ser considerado una de las joyas arquitectónicas dentro del patrimonio del lugar.

Ya en la actualidad, en el transcurso del relato de la leyenda, el hombre avanza y se planta al lado de los niños. Estos se asustan e intentan escapar. Uno lo consigue y desaparece de la escena rápidamente. De nuevo el hombre, con el martillo aún en la mano, se dirige a uno de ellos. Agacha la cabeza para mirarle a los ojos, pero el pequeño se cuela por un hueco y huye.

El hombre se gira e insiste en acercarse para hablar con el pequeño. Este no puede parar de voltear la cabeza asustado para comprobar si deja atrás al que él considera el diablo. No encuentra a su amigo y cada vez está más nervioso. En mitad del silencio se escucha un grito desgarrador. Es su amigo desde uno de los matorrales chillando su nombre, pero observa que corre llorando y lo deja allí solo.

Ponte do Demo, puente del demonio en Silleda

Ponte do Demo, puente del demonio en Silleda | Shutterstock

La familia, bastante preocupada, encuentra saliendo del camino al pequeño que ha huido, pero su amigo sigue sin aparecer. Inspeccionan la zona y hay una furgoneta blanca aparcada en las proximidades. Apenas pueden ver nada, ya se ha ocultado el sol y comienza la noche. “Arreglos, albañilería, fontanería” se puede leer en distintas tipografías y colores en los laterales del vehículo.

El transcurso del caudal del río y del tiempo han deteriorado de nuevo el puente. Ponte do Demo, o puente del demonio, es ya seña de identidad del lugar, por ello la Consellería de Cultura de Galicia ha vuelto a reconstruir el viaducto. Los padres intentan tranquilizarse y piensan que el hombre se trata de un trabajador que ha venido a arreglar el puente, por eso lleva un martillo.

Se adentran en el camino para buscar al pequeño. Gritan su nombre, miran entre los arbustos, descienden hasta el río y recorren todo el lugar. No encuentran ninguna pista y deciden inspeccionar otra zona. Al ir de nuevo al de acceso de la senda, la furgoneta ya no está, pero allí se encuentra el niño. Está bastante asustado y jadea. El niño afirma haber visto al diablo arreglar el puente, pero allí ya no queda rastro de nadie.

Viñetas que cuentan la historia de A Ponte do Demo