La gran explosión del Cabo Machichaco
La historia de la explosión del Cabo Machichaco empieza el 24 de octubre de 1893, cuando el moderno vapor --perteneciente a la compañía Ybarra- zarpó del puerto de Bilbao para realizar su habitual ruta hacia Sevilla. Estibaba una gran variedad de mercancías: harina, materiales siderúrgicos y 52 toneladas de dinamita (repartidas en 172 cajas), entre otras. Al llevar las bodegas repletas, el capitán había decidido estibar las garrafas de ácido sulfúrico en la misma cubierta del barco. Como era habitual en su derrota, el primer puerto de escala fue el de Santander, donde debía descargar una veintena de cajas de dinamita y algunos otros enseres. Pero dado que había una epidemia de cólera en Bilbao, al arribar -ese mismo día- las autoridades portuarias lo enviaron a fondear al final de la bahía; frente al lazareto de Pedrosa, en el término municipal de Pontejos. Pero sin llegar a completar la ‘cuarentena’, las autoridades del lazareto se dieron por satisfechas, autorizando al Cabo Machichaco a acercarse a la ciudad de Santander para descargar.
Según el reglamento del puerto, los buques que transportasen explosivos debían de atracar en la afueras de la ciudad –en el extremo sur de los muelles de Maliaño- o fondear al norte de la misma -enfrente de la península de la Magdalena-; pero el capitán del Cabo Machichaco se dirigió a un muelle nº 2 de Maliaño, donde ahora está el atraque de los ferris, al sur de la actual Fundación Botín. No se sabe si esto fue por no declararse la carga a las autoridades o por una omisión de éstas.

Hacia las cuatro de la tarde, y ante la imposibilidad de sofocar el fuego, se decidió hundir el buque. Para ello se colocó al costado del cabo Machichaco al remolcador Santander; desde allí se golpeó el casco metálico hasta provocar una vía de agua, comenzando a hundirse la nave hacia las 16:30 horas. Pero unos minutos después explotaba la proa del navío. La mezcla de dinamita con ácido sulfúrico provocó una descomunal explosión, que lanzó como metralla las piezas de hierro, cartuchos de rifle y toda clase de piezas del barco. La práctica totalidad de las autoridades de la ciudad, así como decenas de marinos de los barcos, perecieron; encontrándose algunos de sus miembros despedazados a kilómetros de distancia.
La tromba de agua provocada por la explosión del Cabo Machichaco arrastró al mar al gentío que estaba en el muelle, pereciendo unos ahogados y otros masacrados por la metralla; unos pocos pudieron ser rescatados del agua por embarcaciones. Familias enteras murieron. El balance final fueron 590 muertos, así como más de 500 heridos (otras crónicas elevan los heridos a 2000). Si se tiene en cuenta que la población de Santander era de unas 50.000 personas, el 2% resultó muerto o herido por la explosión del Cabo Machichaco. Todas las calles adyacentes resultaron arrasadas; la potencia de la explosión fue de una magnitud tal,que se llegaron a encontrar grandes piezas del barco hasta a ocho kilómetros de distancia y una ermita románica situada a varios kilómetros llegó a derrumbarse. La tragedia provocó una enorme ola de solidaridad entre una población que había perdido a prácticamente todas las autoridades civiles y militares, siendo la iniciativa ciudadana la que organizó los auxilios.
