Leyendas del Norte Cap. 3: La Güestia, la procesión de las almas en pena de Asturias

La noche llega a este bosque de Asturias. El cielo está cerrado y hay una niebla que no permite ver nada del entorno. Un hombre corre despavorido esquivando los árboles para no chocarse. Está huyendo de algo que lo aterroriza. Se le nota por la expresión, por el color pálido que presenta su rostro. Está convencido que va a morir y no deja de correr entre los árboles. Está buscando un lugar para poder refugiarse, pero no cuenta con ningún rincón en el que esconderse. Intenta trepar por uno de los robles, pero la solución es aún peor. No para de resbalarse y cae en un par de ocasiones.

Con las manos llenas de pequeños rasguños, fruto de su intento desesperado por subir, busca otra alternativa. Coge una rama que encuentra tirada en el suelo y la levanta con fuerza. Al descender con ella, dibuja un círculo en el suelo y se introduce dentro de él. Lo hace primero de pie, pero termina tumbado boca abajo. Cierra los ojos apretándolos de forma tan brusca que le aparecen arrugas en los contornos. No quiere mirar.

Bosque asturiano con niebla

Bosque asturiano con niebla. | Shutterstock

No se escuchan pasos, pero hay ruido de cadenas, cánticos y lamentos. También se puede oír recitar la frase: “Anda de día que la noche es mía”. En la oscuridad se consigue ver poco a poco, entre la niebla, un foco de luz. Según aumenta la luminosidad, se atreve a levantar la vista para presenciar la escena. No le da tiempo a divisar casi nada, vuelve enseguida a su postura inicial. Cree que la claridad proviene de velas. Las sujetan seres, parecen personas, que se aproximan, las llevan en las manos para ver.

Muertos que buscan a los vivos

Son una agrupación en la que todos sus integrantes van vestidos de la misma forma. El uniforme son sudarios blancos, con una capucha sobre la cabeza que no permite verles el rostro. En un gesto de valentía, el hombre que se encuentra agazapado en el suelo levanta la cabeza por más tiempo que la primera vez. Confirma que no se trata de personas. Son espectros, almas que no necesitan andar ya que se transportan levitando.

Las velas que llevan en las manos para alumbrarse son en realidad huesos de personas muertas en llamas. Tiene frente a él a una procesión de almas en pena que vagan para purgarse y encontrar su descanso eterno. Se trata de la infame Güestia. En Asturias son un símbolo de mal augurio y de muerte. Si se cruzan en el camino de un mortal, este descansará en su tumba en un plazo corto de tiempo.

Cementerio de Niembro al atardecer

Cementerio de Niembro, Asturias. | Shutterstock

El hombre se ha introducido dentro del círculo, porque es la única forma de que no le afecten los poderes de la Güestia. Si por el contrario no hay un lugar para ocultarse y no se dibuja un círculo en el suelo, la persona pasa a encabezar la procesión portando una cruz. La única manera de dejar de ocupar este puesto, es que le sustituyan. Hasta que no se encuentren con otro mortal estará condenado a procesionar noche tras noche. Cada día que pase empeorará de salud, hasta que finalmente muera si no encuentra quien ocupe su funesto puesto.

Tan extraño grupo pasa por encima del protagonista, pero parecen no haberlo visto. El círculo le ha funcionado y no lo han reclutado para portar la cruz. Este uno de los recursos más habituales, ya que la Güestia siempre lo respeta. Espera a escuchar los sonidos más alejados y se incorpora para ver la escena. Ha conseguido esquivar su destino, el de una verdadera muerte en vida.

Evitando la unión con la Güestia

Las carcajadas invaden el ambiente de tensión y el relato se corta de sopetón. Se trata de una reunión de jóvenes que están contando la leyenda de la Güestia. Están muy cerca del bosque asturiano, repleto de carbayus, en el que se ha desarrollado la historia de terror. Es la noche de difuntos, el 31 de octubre, y es común que en las quedadas con amigos y familiares se cuente esta leyenda popular de la zona. Además, según el mito es uno de los días que más probabilidad hay de que aparezca esta procesión con tantos paralelismos con la Santa Compaña de la vecina Galicia. Un paseo siempre en busca de nuevos camaradas que se unan a su eterno vagar.

Los jóvenes están al aire libre sentados en forma de círculo para poder verse las caras. Llevan toda la noche contando relatos de miedo. Esta leyenda es típica del norte de España. En concreto, tiene especial popularidad en Asturias. Pese a ello, se crea un debate sobre la historia y todos quieren aportar su conocimiento, adquirido de sus mayores.

Cruz en el cementerio de San Martín de Lastra

Cruz en el cementerio de San Martín de Lastra, Asturias. | Shutterstock

El amigo que se ha reído toma la palabra y capta la atención del resto. El protagonismo de la reunión recae sobre él y añade información a la leyenda contada. Para él, esta procesión de almas en pena actúa de otra forma. Salen del cementerio hacia la casa de una persona que está muy grave y a punto de morir. Rodean su hogar dando tres vueltas. Según aseguraba su abuela, en la tercera el enfermo muere y su alma pasa a formar parte la Güestia. Cuatro espectros portan un ataúd vacío, que es ocupado por esta nueva alma que acaban de reclutar. Su cara y su cuerpo se pueden ver en él.

Otro de los jóvenes interrumpe el relato para dar su opinión.  Según él, la Güestia sí que sale desde el cementerio para buscar nuevas víctimas. Asegura que los huesos humanos en llamas que portan a modo de cirio los sacan de las tumbas locales. Tras la procesión de la noche, y con la llegada del día, dejan los restos tirados a las puertas del camposanto. No parece que haya consenso, ya que una muchacha toma el relevo para relatar despacio una versión alternativa. Lo único seguro es que nadie quiere escuchar el traqueteo de las cadenas ni observar luces de ultratumba.

La realidad también es que la leyenda de estas almas en pena sigue viva en la población asturiana. Un relato que cobra fuerza y que recuerdan cada noche de los muertos jóvenes, adultos y mayores. Es una leyenda que cuadra a la perfección en el acervo popular norteño, tan propenso a la muerte fría, a la niebla. Hoy enseñada desde el colegio, es superviviente de rescoldos culturales medievales y paganos. Sea como fuere, sirve como elemento de unión y todos disfrutan la historia con la que han crecido desde niños.

Leyenda de la Güestia grafiespaña

Leyenda de la Güestia. | Alex Miklan

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