La flor de Edelweiss tiene, ya desde el principio, nombre de leyenda. Tiene nombre de que va a hacer algo importante. Edelweiss suena, como mínimo, a protagonista de El señor de los anillos y por eso ya desde el inicio tiene la gloria ganada. Hay quien nace estrellado, como el pobre caballero Roldán, y hay quien nace estrella. De hecho, literalmente.

Cuenta la leyenda que la que hoy es conocida como la flor de los Pirineos fue, hace muchos siglos, una estrella. Eso explicaría su belleza y ese color de luna que durante tanto tiempo ha obsesionado a tantas personas. Es uno de los símbolos de esta cordillera y sus gentes, protagonista de innumerables historias y custodia de ese elemento mágico que ha vivido siempre en estas montañas.

La estrella que quiso ser flor

Una de las flores más bonitas y más difíciles de encontrar

Una de las flores más bonitas y más difíciles de encontrar | Shutterstock

Érase una vez una estrella. Hay que situarse en el firmamento e imaginarse la vida de este cuerpo celeste. Que si hoy brillo un poco, que si mañana otro poco, que si de repente me apago y adiós, muy buenas. Parece una vida muy resultona, pero ya se sabe que no es oro todo lo que reluce. Hace muchos siglos, una de estas estrellas estaba muy descontenta con su vida, porque ella no quería vivir en el firmamento. No, ella quería vivir en la Tierra.

Así que se lo comunicó a su superiora, la Luna. “Oye, que quiero vivir en la Tierra, que me gustaría ser una flor”, le dijo. La Luna, que siempre ha sido un satélite con carácter, se enfadó con esta estrella, pero habían elegido libertad así que le concedió su deseo. Claro, que la comprensión de la Luna tenía trampa: convirtió a la estrella en flor, pero la desterró a una de las montañas más altas de la Tierra, donde viviría aislada. Es aquí donde entran los Pirineos, pues fue en estas montañas donde comenzó a crecer.

La leyenda continúa y afirma que fueron las nieves características del lugar las que otorgaron a la flor de Edelweiss ese blanco inconfundible que luce hoy en día. Y llega aún más lejos. La conocida como flor de los Pirineos siempre fue difícil de encontrar, pues desde el principio la Luna determinó que crecería a gran altura, pero a medida que el ser humano fue coronando esos picos inalcanzables, la flor de Edelweiss fue popularizándose. Y a medida que fue popularizándose, todo el mundo deseó poseerla.

Entonces fue la propia flor quien tomó la última decisión: crecería cada vez más arriba, cada vez más escondida, de tal manera que fuera casi imposible de encontrar. Así se llega hasta la actualidad. Hay que tener suerte para toparse con esta bella flor.

Una prueba de amor

Flor de Edelweiss en plena naturaleza

Flor de Edelweiss en plena naturaleza | Shutterstock

Con esta creencia de que la flor de Edelweiss es muy difícil de encontrar han nacido otras muchas historias que se recrean en su belleza e importancia. Otra de las leyendas más populares de la zona presenta la tragedia entre dos jóvenes. Un joven enamorado se presentó un día ante una joven que también era dueña de una gran belleza y le confesó su amor. Ella, aunque sorprendida, se dejó querer, pero era también exigente, así que aceptó sus halagos, pero no los consideró suficientes. Quería una prueba de su amor. Quería a Edelweiss.

La joven advirtió al muchacho de la dificultad de la misión: no estaba pensada para cobardes ni tampoco para miedosos. Pero él estaba enamorado y dispuesto a todo, así que aceptó desde el principio. Se despidió de su amada y prometió regresar con la flor como obsequio para completar así su declaración. Ella esperó durante días en los que fingía que nada había sucedido pero, por la noche, cuenta la leyenda, lloraba desconsolada por su ausencia. Hay que pensarse dos veces las misiones que se encomiendan, porque pueden acabar en tragedia.

Este amor pirenaico acabó en tragedia. El joven nunca regresó y la muchacha terminó por perder la cabeza. Hasta que una noche, sin poder soportar más la pena, se lanzó ella misma a la búsqueda de lo que había perdido. No volvió a saberse de ella. Fue buena la que lió la estrella que no quería ser estrella, si se piensa.

Símbolo de los Pirineos

La flor de Edelweiss es difícil de encontrar

La flor de Edelweiss es difícil de encontrar | Shutterstock

La flor de Edelweiss crece a gran altitud y escondida, lejos de los humanos, así que su búsqueda es, desde hace tiempo, un reto para aquellos acostumbrados a pasear entre las nieves de los Pirineos. Por eso también se ha convertido en un símbolo que muchos lugareños llevan tatuado en honor a su tierra. Es un símbolo de amor y de lazos familiares, pero también de lo que son estas montañas. Belleza, resistencia y misterio. Reina de muchas historias populares, casi cuesta dejar de lado este gran peso del folklore más auténtico para pasar a hablar de la siguiente leyenda, protagonizada por hormigas blancas.