Tartessos, el mito del reino oculto que podrías haber pisado sin saberlo | Leyendas de la Andalucía Ancestral 1

“La siesta en Andalucía la inventaron los Tartessos”, decía Chano Lobato, cantaor flamenco y bromista. Lo asegura porque en toda España, no solo en Andalucía, la siesta acompaña a sus habitantes desde que surgió una de sus civilizaciones más ancestrales. Los Tartessos, claro. Pero dejando a un lado tópicos y bromas, surgen preguntas más profundas. ¿Qué misterios envuelve este reino perdido de Huelva, pero vivo en las leyendas andaluzas?

¿A qué se refiere lo de Tartessos?

El misterio que envuelve Tartessos comienza desde su denominación. La más extendida por los historiadores y arqueólogos es la que se refiere a una ciudad, a un reino, del siglo XII al V a.C. Pero hay quien apunta a que era un golfo, monte o río. Por ejemplo, Postumius Rufius Festus Avienus, Avieno para los amigos, así lo afirma en Ora Marítima

Se ha asociado incluso al mítico Betis, no el equipo de fútbol del «viva manque pierda», sino al curso fluvial hoy llamado Guadalquivir. Pero los datos con más peso sacados de textos de historiadores antiguos cierran el círculo aún más y señalan que la capital de Tartessos se halla en la provincia de Huelva.

Lo de ser mítico le viene a Tartessos de lejos. Ya los griegos creían que fue nada menos que la primera civilización de Occidente. Hoy está claro que no lo fue, pero ayudó a que historia y leyenda se mezclaran. Desde entonces numerosos investigadores han intentado abordar el enigma tartésico. ¿El principal problema? Que las ruinas de la ciudad están desaparecidas. Pero como dijo Quevedo: “madre, yo al oro me humillo”. Así que lo primero es hablar de su legendaria riqueza, los enigmas historiográficos mejor al final.

Tesoro de El Carambolo. | Shutterstock

Tesoro de El Carambolo. | Shutterstock

Oro de Tartessos

Entre las historias que envuelven la cultura de Tartessos, se cuenta que fue una civilización en la que el comercio adquirió un papel fundamental en la economía del reino. El pilar de este negocio eran los metales obtenidos de sus minas. Las leyendas transmiten que eran las más ricas del territorio. En concreto, el metal más destacado fue el oro, aunque parece que tampoco iban faltos de estaño y plata. 

Esta particularidad se refleja en el río Tinto, uno de los más importantes de Huelva. Efectivamente, recibe su nombre del vino, pero no se puede beber. Y es que, si la leyenda de Tartessos no tenía suficiente enigma, ahora aparece un río en el que su caudal es del color del mosto de la uva. Para esto sí hay explicación. El contacto del agua con la tierra tan fértil en metales le proporciona este tono. De ahí que si se echa un trago seguramente se acabe tan enterrado como los Tartessos.

Río Tinto en Huelva. | Shutterstock

Río Tinto en Huelva. | Shutterstock

Tal era la importancia minera que incluso en la Biblia hay textos que asocian el metal tartesio con el mismísimo Rey Salomón. Una de las historias que han pasado de padres a hijos es que los elementos de oro de la Mesa de Salomón salieron de esta civilización. Sin duda, Tartessos estaba bien conectada con la jet set del momento.

Aunque se dice que “no es oro todo lo que reluce”, con el tesoro del Carambolo pasó lo contrario. Si alguien podía pensar que Tartessos era una invención antigua, propia de la cultura popular, en 1958 todo cambió. Pero solo ligeramente… Ocurrió en Camas, Sevilla. En el cerro del Carambolo se hallaron 21 piezas de oro, algo jamás visto antes. Un hecho que le aportó realidad a la leyenda, pero, vaya, llevó a nuevas preguntas.

Gigantes y reyes de plata, los curiosos monarcas de Tartessos

Un lugar tan rico y próspero tenía que estar al mando de personas a la altura de las circunstancias. Y tanto que lo estuvieron en algunos casos, como se verá. Muchos son los reyes que se le atribuyeron al trono de Tartessos en sus muchos siglos de existencia. Una ciudad que estaba bañada en oro y misterio también debía tener leyendas sobre sus monarcas.

Gerión fue uno de los más destacados. La mitología griega lo describió como un animal que presentaba propiedades y características de los humanos. Las ilustraciones le representaban como un aterrador gigante con tres cabezas y cuerpos. Esta complexión no asustó al gran héroe de la mitología griega, Hércules. Las historias hablaban sobre Tartessos y llegó al reino atraído por la riqueza ganadera de la zona. ¿Su objetivo? robarle el ganado al rey. Lejos de tomar una “decisión salomónica”, los protagonistas se batieron en duelo y Gerión encontró así su final tras ser atravesado por una flecha venenosa. Es uno de los muchos motivos por los que Hércules se ganó aparecer en el escudo de Andalucía.

Hércules con el ganado de Gerión. | Shutterstock

Hércules con el ganado de Gerión. | Shutterstock

Otro que “vivió a cuerpo de rey” fue Argantonio, Rey de Tartessos. Fue el emblema de la riqueza de metal y patrimonio que presentó Tartessos. Incluso lo recogió de manera intrínseca en su nombre que significaba “el hombre de plata”. Textos de Heródoto señalaron la longitud de su reinado en 80 años. Las cuentas no cuadran, pero el historiador resolvió el asunto con un Deus Ex Machina de manual. Es decir, con un recurso del teatro Griego que solucionaba un conflicto de manera rápida y poco verosímil. Así, afirmó que el rey vivió 120 y 150 años. 

Durante el periodo de su reinado el monarca entabló amistad con los griegos de Focea, otros que acudieron al reino atraídos con las historias que se contaban del rey y la prosperidad del territorio. Tales eran los bienes, que al partir del territorio, las nuevas amistades del soberano se llevaron de ofrenda plata para reforzar las murallas y resistir las invasiones de enemigos. Un gran regalo, porque más tarde Argantonio murió y no podría haber ayudado más. Aunque con su muerte no se cumplió la expresión de “a rey muerto, rey puesto”, ya que fue el último monarca de Tartessos.

La realidad que existe en la leyenda

Saltando de tema y haciendo deuda de lo prometido, toca hablar de cómo la leyenda tartésica afectó a investigaciones científicas. Adolf Schulten, arqueólogo e historiador alemán atraído por este reino ibérico dedicó gran parte de su vida a encontrar la ciudad perdida. “Cada maestrillo tiene su librillo”. Así que del mismo modo que su referente, Heinrich Schliemann, que descubrió Troya gracias a la Ilíada, él se apoyó para sus inspecciones en el ya citado Ora Marítima.

Marismas de Huelva. | Shutterstock

Marismas de Huelva. | Shutterstock

Con esto Adolf pretendía poner fin a las leyendas y descubrir la capital de Tartessos. Para ello llevó a cabo una excavación enorme en el Parque Natural de Doñana en Huelva. Aunque Schulten estuvo “erre que erre” con el tema, el hallazgo “brilló por su ausencia”. Fue solo un sitio más que tachar del mapa para seguir buscando en otros lugares. El desenlace del proyecto no solo fue un fracaso. Sirvió para avivar aún más el mito. La pesadilla de todo investigador.

Por tanto, la pregunta sobre qué es eso de Tartessos está más clara, un lugar. Aunque no se libra de continuar generando dudas. Se sabe lo que es, pero la ubicación sigue siendo un enigma, una leyenda viva, o mejor dicho muerta, en Andalucía y el resto de España. La ciudad puede estar enterrada bajo marismas, ríos o por cualquier enclave residencial actual del suroeste español. Se puede usar hasta el tópico es de “quizá usted haya pasado por encima de estas ruinas sin darse cuenta”. Un tremendo lío que ya hizo que Platón relacionara el reino con la Atlántida. Una civilización puntera que la leyenda sitúa bajo las aguas gaditanas y representa otro mito de las tierras andaluzas. Para conocer su historia habrá que esperar. Los protagonistas desde luego prisa no tienen.

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