Lagarto de la Malena, el reptil asesino de Jaén | Leyendas de la Andalucía Ancestral 5

Jaén, vestido con el característico abrigo que componen sus olivares, no siempre fue una ciudad idílica habitada por olivas. Cuenta la leyenda, escrita en el siglo XVII pero con orígenes que se remontan a los fenicios, que entre sus habitantes se encontraba uno muy temido por todos. Ojos saltones, cola larga, boca grande y 4 patas. Muchas respuestas, o pocas, encajan con esta descripción. Seguro que todo el mundo tiene ya su apuesta, ¿preparados para conocer la identidad de este terrible ser?

El residente fue un lagarto, el de la Malena, que tenía atemorizado a todos los habitantes de la provincia andaluza. Vivía en una cueva al lado de una fuente y se comía a cada persona que se acercaba a ella a por agua, a cada animal que merodeaba la zona. Los vecinos no podían más con la situación y decidieron poner fin. Deseaban acabar con la vida del reptil que no les dejaba tener una vida, o simplemente conservarla. Por ello, decidieron cortar por lo sano, aunque muy sano lo que se empleó no fue. Los métodos ejecutados fueron diferentes según cuentan las distintas versiones de la historia. En todo caso, contundentes.

Sierra de Jaén con olivos. | Sutterstock

Sierra de Jaén con olivos. | Sutterstock

El héroe antagonista

En la primera versión, el héroe empezó siendo el malo del cuento. Un encarcelado que estaba condenado a muerte y que sin tener nada que perder le propuso a la ciudad que le dejaran luchar contra el Lagarto de la Malena. Si ganaba, tenían que concederle la libertad. Solicitó un saco de pan caliente, otro de pólvora y un caballo. La artimaña que empleó fue la de dejar un camino de pan, pero esta vez no fueron miguitas para volver como hicieron los hermanos Hanzel y Grettel. El efecto que quería era todo lo contrario, que no regresara.

El condenado dejó las barras enteras, porque con migas el lagarto no tenía ni por dónde empezar. Así fue engatusándolo hasta que lo tuvo donde quería. Esta vez cambió el manjar de pan ofrecido hasta ahora por el otro saco que había pedido, el de pólvora. Cuando el animal se comió este nuevo “alimento” la reacción fue mucho más distinta. No hace falta entender de elementos explosivos para saber que la pólvora al entrar en contacto con su estómago provocó una explosión que terminó con la vida del reptil. De esta forma el problema voló por los aires y el villano inicial se convirtió en el héroe de la historia para siempre. Obtuvo así su libertad y disfrutó del paisaje jienense.

Catedral de Jaén | Shutterstock

Catedral de Jaén | Shutterstock

El pastor y la yesca

La segunda historia suele mezclarse y confundirse en la transmisión popular con la primera, aunque son bastante diferentes. Esta vez el héroe fue un pastor cansado de que el reptil no parara de comerse su ganado. Su estrategia, digna de entrenador deportivo, fue la de matar él mismo a una de sus propias ovejas. La escena fue poco agradable, ya que, para llevar a cabo su plan quitó parte de la carne y la despellejó. En ese hueco creado metió yesca, en lugar de pólvora como se empleó en la anterior historia. Este es uno de los datos que más confunde a la gente de ambas historias y que cambian cuando la cuentan, como ya se ha comentado. Pero bueno, el orden de los factores no altera el producto.

Dejó allí a la oveja sabiendo que sería una presa muy fácil para el reptil, encima estando ya muerta. Aunque al lagarto de la Malena poco le importaba, solo quería comer. Así fue como el bicho picó el anzuelo, y eso que no estaba en el agua. Esta guarnición servida por el pastor estaba rellena de un ingrediente que no había pedido el comensal: de yesca. Pero poca hoja de reclamaciones pudo poner ya la bestia, porque igual que la vez anterior terminó volando por los aires y sin paracaídas.

El asesinato del asesino

La tercera alternativa es la que menos ha calado entre la cultura popular andaluza, porque recuerda a la leyenda del dragón del patriarca de Valencia. Cuenta que fue un guerrero el que se enfrentó al lagarto directamente. Lo hizo con una armadura que en vez de proteger al caballero de los posibles ataques del reptil, lo único que hacía era deslumbrar al animal.

Estaba hecha de espejos que al contacto con el sol hacía que el lagarto viera menos que cuando un miope sale sin gafas a la calle y le saludan. Con el animal completamente cegado por el reflejo del sol en la armadura del caballero, este aprovechó para endiñarle un espadazo. Le atravesó, cual pincho moruno o espeto de Málaga típico de Andalucía, acabando así con su vida.

El regreso del lagarto

Volando se fue y volando vuelve, como diría el músico andaluz, Camarón. Por ello, el lagarto sigue presente aún en Jaén. Pero los vecinos están tranquilos, porque muy atrás quedó ya la faceta asesina del reptil. Este es un lagarto inofensivo que poca boca puede abrir para comerse a nadie. De hecho, ni para bostezar de aburrimiento.

De hecho, el animal ha cambiado su piel de lagarto, sus dientes afilados y su ansia de comer por piedra. ¿La explicación? Debido a la importancia que se le da en Jaén esta famosa leyenda, la ciudad ha querido dejar presente para siempre al reptil como un vecino más, pero reformado, como un exconvicto. El reptil habita ahora entre ellos siendo una estatua de piedra dentro de una fuente. Este monumento se puede encontrar en la calle Santo Domingo de Jaén, en el barrio de la Magdalena.

Fuente del lagarto de la Malena. | Wikipedia

Fuente del lagarto de la Malena. | Wikipedia

Además, en julio de 2009 fue nombrada como uno de los diez Tesoros del Patrimonio Cultural Inmaterial de España. Alguna de las características que presentan estos tesoros, según la UNESCO, es que se transmiten de generación en generación, como hace esta leyenda. La elección estuvo en manos de ciudadanos, que eligieron por más de 8.000 votos el mito de este animal con ansia de sangre.

Un reptil asesino en Jaén, que lejos de ser vegetariano y comerse olivas, acababa con la vida de sus habitantes y ganado. Aunque fue una tortura y batallaron para conseguir que se marchara, finalmente acompaña a los vecinos del barrio de la Magdalena a diario. Custodiando la fuente, aquella por la que un día mató. Lagartos, justo lo que no se sabe si habita en la selva en la que está perdido el rey bástulo. Pero, ¿qué hace un monarca perdido en una selva? Un misterio que pronto se resolverá.

 

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