La búsqueda de un rey para España que acabó en las Guerras Mundiales

Gobierno provisional de 1969, con Prim en el centro mirando al frente foto

¿Puede un jefe de Consejo de Ministros español buscando un monarca provocar la contienda más terrible de la historia? Si se sigue aquello de la causa-efecto la respuesta puede ser que sí. Podría decirse que todo fue por culpa de Juan Prim i Prats. Una versión mucho más entretenida del efecto mariposa. Así que toca empezar en esta concatenación de conflictos que acaba con Alemania invadiendo media Europa.

Si te falta un rey, en tu monarquía, ¿a quién vas a llamar?

A Prim, claro está. El era el cazareyes de la España del siglo XIX. Después de mucho conspirar acabó echando a Isabel II del trono y consiguiendo el puesto de jefe del Consejo de Ministros en 1868. Lo hizo de la mano de gente con la que acabaría mal, como el general Serrano. Logró endilgarle el puesto de regente, una jaula de oro. También se enemistaría con Antonio de Orleans, duque de Montpensier. Su dinero sirvió para proclamar la Gloriosa y siempre tuvo la aspiración de alcanzar la corona hispánica.

Gobierno provisional de 1969, con Prim en el centro mirando al frente foto
Gobierno provisional de 1869, con Prim en el centro mirando al frente. | Wikimedia (Dominio Público)

Pero no. Si algo tenía claro el héroe de Castillejos era que nunca volvería a haber un Borbón reinando en España. Antonio de Orleans era cuñado de Isabel II e hijo de una miembro de la casa. Por eso se cree que el duque pagó a los asesinos del general. Aunque eso es otra historia. Lo que importa aquí es que Prim i Prats quería un monarca y no le importaba salir de compras.

Vagando por una Europa que quería pegarse

Casi al tiempo que fracasaba la alternativa de Antonio de Orleans, propuesta por Serrano y Topete, lo hacía la de los progresistas. Se trataba del padre del por entonces rey de Portugal. Fernando de Coburgo podría haber sido la herramienta para reunificar la península. Pero el asunto no salió adelante, su hijo Luis I no estaba por la labor.

Como buen liberal, Prim i Prats pasó bastante tiempo en París. Con el máximo dirigente del Segundo Imperio Francés, Napoleón III, no se llevaba mal. Sin embargo, en esta ocasión se convirtió en un obstáculo. El jefe del Consejo de Ministros español se fue a Prusia para convencer al príncipe Carlos Antonio de Hohenzollern-Sigmaringen de que dejara a su chaval, Leopoldo, ser monarca español. La diplomacia francesa jugó sus cartas y logró evitarlo. A Bismarck esto no le hizo gracia, pues su plan era hacerle la pinza a Francia.

Leopoldo Hohenzollern
Leopoldo Hohenzollern. | Wikimeida (Dominio Público)

También falló la propuesta al duque de Aosta, hijo del primer rey italiano Víctor Manuel II. Otro vip europeo que daba calabazas al pobre Prim i Prats. Siguió por la zona y apostó por un sobrino del monarca de Italia, que el congreso de España aprobó. Por desgracia, acabó dando marcha atrás. Otro candidato casero, el mismo Espartero al que el de Reus ayudó décadas atrás a echar de la regencia, pasó del asunto. Parece que solo el duque de Montpensier quería el trono y era el único que no lo tendría.

Hacia el apocalipsis

Tranquilo todo el mundo que ya falta poco para saber cómo Prim provocó la Primera y Segunda Guerras Mundiales. El general no se dio por vencido y decidió hacer una segunda ronda. En esta ocasión Leopoldo el prusiano, más bien los líderes de su casa, estaban por aceptar. Pero Napoleón III seguía con el boicot. Era 1870 y el fastidio le duró poco al de Reus, que convenció al duque de Aosta, el futuro Amadeo I. No llegaría ni a verle, le mataron el diciembre de ese año tres días antes de la llegada del monarca. Pero sus pesquisas tuvieron consecuencias inesperadas.

El rey Amadeo I contemplando el cadáver del general Prim estampa Antonio Gisbert y M. Gómez
El rey Amadeo I contemplando el cadáver del general Prim. | Antonio Gisbert y M. Gómez (Dominio Público)

La mencionada intervención francesa se pasó de rosca. Mandaron a un embajador a que le quitara al jefe de la casa Hohenzollern, el rey Guillermo de Prusia, la idea de volver a proponer a uno de los suyos para monarca de España. Todo pasó en el balneario de Ems. El diplomático galo logró la cesión en una primera intentona. Pero su gobierno le obligó a insistir y lograr una renuncia escrita. Ahí se lió todo.

Resumiendo, el 13 de julio de 1870 el embajador francés abordó al futuro emperador alemán y le transmitió su nueva petición. Guillermo I le dio largas de buenas e informó de esto a Bismarck. Lo hizo a través del celebérrimo Telegrama de Ems, que el mariscal prusiano recibió esa misma noche. Hizo palmas con las orejas. Retocó el texto e hizo un comunicado que dejaba a Francia como una tolili. Estaba desafiando a Napoleón III a un conflicto que al fin y al cabo ambos buscaban. Este cayó en la trampa y dio comienzo a la guerra Franco-Prusiana.

Bad Ems, famosa por sus baños
Bad Ems, famosa por sus baños. | Shutterstock

El resto es historia. Los prusianos vencieron tras sitiar París. Guillermo I pasó a ser emperador del Segundo Reich alemán, coronándose en Versalles. Además, los franceses tuvieron que ceder Alsacia y Lorena. El resentimiento degeneró en la formación de la Triple Alianza y la Triple Entente. La excusa del magnicidio del archiduque Francisco Fernando de Austria y las ansias de vengarse de Francia se unieron a lo anterior en la Primera Guerra Mundial. Ahora los galos se vieron en el bando vencedor y decidieron humillar a Alemania, que recuperó las provincias perdidas. Tras ello la República de Weimar, el nazismo aupado por el Tratado de Versalles, la Segunda Guerra Mundial y una meta-vendetta alemana contra los galos. Sí, culpar a Prim de que los rusos acabaran en Berlín es rebuscado, pero él puso la chispa inicial y si no se quedaba cojo el titular.