La ley que permitía matar vascos en Islandia hasta 2015

Región de Vestfiroir, Islandia

Era primavera e incluso para el eterno invierno islandés las temperaturas eran más amables de lo que lo habían sido en los meses anteriores. El pueblo de Hólmavik, a orillas del fiordo de nombre impronunciable Steingrímsfjörður, había conseguido reunir a autoridades islandesas y guipuzcoanas. Todos estaban de celebración, especialmente los vascos. El motivo: después de exactamente cuatro siglos quedaba derogada una ley nórdica que permitía el asesinato de los vascos.

Hólmavik, Islandia
Hólmavik, Islandia | Shutterstock

El comercio ballenero en el norte de España

Corría el siglo XVI cuando en el mar Cantábrico proliferó con ímpetu la industria ballenera. Pescadores del País Vasco, Cantabria, Asturias y Galicia se lanzaron entonces a la caza de estos enormes cetáceos. Aunque la carne del animal no gustaba demasiado en las casas españolas, se vendía bien en otros países europeos. Asimismo, los huesos de la ballena servían como material para la construcción de muebles. Pero, sin duda, lo que de verdad era fuente de beneficios era su grasa. Con ella se fabricaba un aceite llamado saín, que no producía humo ni tampoco olores.

Este lucrativo comercio se convirtió en el sustento de muchas familias norteñas y la rivalidad entre los pescadores no tardó en hacerse notar. Así fue como la práctica se fue extendiendo a otros lugares del planeta como a la isla de Terranova, junto a las costas canadienses, o a las islas de Svalbard, en Noruega.

Una ballena deambula por el océano
Una ballena deambula por el océano | Shutterstock

Las relaciones comerciales con Islandia y el dialecto vasco-islandés

Mientras tanto, en Islandia, la caza de ballenas era más una actividad más pasiva que activa. Es decir, los nórdicos no cazaban ballenas, pero aprovechaban la carne y los huesos de las que encallaban en las playas. En el siglo XVII los vascos llevaron su comercio ballenero a las mismas costas islandesas. Pagaban tasas directamente a los jefes de los herederos vikingos para poder cazar en sus aguas e intercambiaban mercancías los unos con los otros.

Las relaciones eran, por tanto, bastante buenas, hasta el punto de que llegó a cristalizar un dialecto propio, que ambas civilizaciones usaban para entenderse: el idioma vasco-islandés o pidgin. Sin embargo, el rey danés Cristián IV, verdadero mandatario de Islandia, vio con malos ojos estas prácticas y en la primavera del año 1615 proclamó el derecho de los islandeses a defenderse, perseguir y hasta matar a los vascos y demás extranjeros que arraigaran en las costas islandesas. Ese mismo año los islandeses se hallaban en un contexto muy precario que les tenía al borde de la hambruna, la cual se agravaba más cada invierno.

Grabado de un ballenero atracando en puerto
Grabado de un ballenero atracando en puerto | Shutterstock

Winter is coming

En el verano de 1615 tres buques balleneros vascos atracaron en las costas de la región de Vestfiroir. Allí, los españoles continuaron con su actividad de manera asidua, aunque con alguna incidencia ocasional con las gentes locales. Pero, sin saberlo, la desgracia se cernía sobre ellos.

A finales de septiembre, los balleneros estaban listos para volver a sus casas, cuando un temporal hizo que sus barcos se estrellaran contra las rocas. Así fue como unos 80 vascos se vieron obligados a pasar el invierno en Islandia, a la espera de arreglar sus barcos y de que el temporal arreciara. Winter had come.

Dos de los tres capitanes decidieron entonces pasar el invierno en la localidad de Patreksfjorour de donde partirían a sus hogares un año después. Mientras, el capitán Martín de Villafranca marchó junto a su tripulación a la región de Dyrafjorour, de donde nunca lograrían salir. Este último grupo, en su lucha por sobrevivir, cometió algunos crímenes menores, entre los que destacaron el robo de víveres y la amenaza de muerte a un pastor. Pero los islandeses también se las veían crudas para pasar el invierno, así que decidieron tomar represalias contra los foráneos.

Una matanza en tres actos

Región de Vestfiroir, Islandia
Región de Vestfiroir, Islandia | Flickr

Amparados en las palabras del rey danés y muertos de hambre, los islandeses emprendieron una macabra matanza en tres actos contra la tripulación del capitán Villafranca. Primero, acabaron con 15 de ellos, los cuales se hallaban en una cabaña que habían asaltado la noche anterior.

Luego, antes de masacrar al resto, el sheriff Ari Magnússon convocó un juicio en Súoavík, en el que se declaró proscrito a todos los náufragos. Ya solo quedaba el tercer y fatal acto. Villafranca y el resto de la tripulación fueron sorprendidos cazando una ballena en las costas de Sandeyri. No quedó ni uno con vida.

En total, los islandeses mataron a 32 españoles, todos guipuzcoanos. Pero no los mataron de una forma cualquiera, no, sino que les descuartizaron, les arrancaron ojos y orejas y, en fin, otras y variadas barbaridades.

Prohibido matar vascos en Islandia

De vuelta en esa primavera del año 2015, a orillas de aquellos fiordos donde naufragaron los tres barcos españoles, el por entonces presidente del distrito de los Fiordos Occidentales, Jónas Gudmundsson, anuncia que en realidad hace mucho que no se pueden matar vascos en Islandia. Que su Estado dispone de leyes que, menos mal, prohíben asesinar a las personas. Sin embargo, aquella orden de 1615 seguía allí. Anularla fue un gesto de cordialidad que puso el fin definitivo al conflicto más sangriento que se conoce de la historia de Islandia.