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La curiosa historia del origen de “gilipollas”

origen gilipollas

La procedencia de la palabra “gilipollas”, ese término tan usado en el día a día del español, es una cuestión discutida. Sí, hasta en esto pueden llegar a diferir historiadores y expertos. Algunas fuentes afirman que su origen deriva del término “gilí”, un vocablo que a su vez procede de la palabra caló “jili”. En cualquiera de los casos, el significado es el mismo: tonto, lelo o palabras derivadas. Sin embargo, hay otra historia que también es candidata a ser causa de tan valioso insulto, una que gustará probablemente mucho más…

Baltasar Gil Imón de la Mota

Para empezar esta historia, primero hay que dejar claro que el término “polla” tiene muchas más acepciones de las que imaginamos. Una de ellas, tal como indica el propio Diccionario de la Real Academia Española, es la de “mujer joven”. De hecho, esta significación era ampliamente usada en el pasado. Teniendo esto claro, viajemos hasta finales del siglo XVI. A mediados de dicha centuria nació Baltasar Gil Imón de la Mota, un nombre que, curiosamente, recibe una calle de Madrid ubicada en Arganzuela, entre el Paseo Imperial y la Ronda de Segovia.

Esta vía  es, efectivamente, un homenaje a aquel personaje, que aunó no pocos méritos. Fue caballero de la Orden de Santiago, fiscal del Consejo Real de Castilla, Contador Mayor de Cuentas del rey Felipe IV, fiscal del Consejo Real de Castilla y gobernador del Consejo de Hacienda. Tan extensos fueron sus títulos que el conde-duque de Olivares llegó a mencionarle en sus escritos y el duque de Lerma depositó en él su confianza. Pero el motivo que aquí concierne es otro, uno que atañe a sus hijas o, lo que es lo mismo, sus pollas.

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Las pollas de Don Gil

Resulta que Don Gil tenía tres descendientes, todas mujeres. Una estaba casada y las otras dos solteras (recordemos que el estado civil era entonces mucho más importante que en la actualidad). Pues bien, estas dos jóvenes eran, según cuentan las habladurías, poco agraciadas y, además, no muy listas, lo que no suponía ninguna ventaja para encontrar marido.

Don Gil iba con ellas a todas las fiestas que podía para llevar a buen puerto tamaña tarea, provocando la burla del resto de los asistentes. Así, cada vez que los tres aparecían, los invitados susurraban: “Ahí llegan Don Gil y sus pollas”, aludiendo, como se ha indicado antes, a sus dos hijas. El resto, como suele decirse, es historia. La expresión corrió como la pólvora por las fiestas de Madrid hasta derivar en nuestro tan escuchado “gilipollas”.