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Cuando al océano Pacífico se lo conocía como el “lago español”

Islas de Palau, Pacífico

Hace siglos el océano Pacífico no se llamaba así. De hecho, había un tiempo en el que tan solo se trataba de un hueco vacío en los mapas para gran parte del planeta. Una tierra inexplorada para las potencias europeas. Una masa de agua sin nombre. Fue en el siglo XVI cuando el conquistador Núñez de Balboa se convirtió en el primer Europeo en tomar posesión de aquellas tierras. Bautizó a aquel vasto desierto azul como “mar del Sur“. Unos años después, el navegante Fernando de Magallanes rebautizó al océano con el nombre por el que se lo conoce hoy: Pacífico. Pero, aparte de estos nombres, también se lo conoció durante al menos dos siglos como el lago español. Así, aquella inmensa extensión marítima desconocida para los europeos, pasó de no tener nombre a tener tres.

Puerto Natales, en el estrecho de Magallanes
Puerto Natales, en el estrecho de Magallanes, Chile | Shutterstock

El descubrimiento del Pacífico

No debe de olvidarse que el que fue el descubrimiento de América para las potencias europeas, para los nativos supuso el principio del fin de su debacle, el extravío de una tierra que ya estaba descubierta. Lo mismo ocurriría en las islas del Pacífico. Lo que para los españoles y occidentales significó el descubrimiento de este océano, para los indígenas equivalió a la pérdida de su autonomía.

Teniendo eso claro, hay que decir que el descubrimiento del Pacífico ha pasado mucho más desapercibido para la historia. Aunque en su momento tuviera una gran repercusión, ahora pocos son los que conocen que fue un español quién le puso nombre a este océano. También, poco son los que saben que durante siglos este pedazo del mundo fue dominado por los hispanos. Y, desde luego, no son muchos los que conocen que en medio del Pacífico aún hay cuatro islas perdidas que pertenecen, solo jurídicamente, al Estado español. Pero esa es otra historia.

Foto aérea de las Islas Filipinas, vértice del lago español
Foto aérea de las Islas Filipinas, vértice del lago español | Shutterstock

El caso es que entre los siglos XVI y XVII el dominio español sobre el Pacífico se hizo indiscutible. ¿Por qué? Pues porque la conquista por parte de estos colonizadores no presentó en aquella época apenas oposición. El Pacífico fue entonces un enclave pacífico, haciendo gala a su nombre. Solo los marineros españoles, de entre todos los europeos, campaban a sus anchas por aquellos lares. En esa primera etapa el lago español podía representarse como un triángulo cuya base estaba en la costa americana controlada hasta California y cuyo vértice se correspondía con las Islas Filipinas. Tan solo en estas islas, los conquistadores corrían el peligro de encontrar dos rivales. Sin embargo, China y Japón se hallaban entonces replegadas sobre sí mismas.

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La ruta del galeón por el lago español

Después de muchos naufragios y muchos años, consiguió establecerse en el Pacífico la conocida como ruta del Galeón de Manilla, también llamada del Galeón de Acapulco o Nao de China. Esta ruta viajaba de Manilla hasta Acapulco y, de allí, a Cádiz y Sevilla. De esta forma, los europeos importaban hasta sus tierras grandes riquezas. Sedas, porcelanas, marfil y especias, entre otros productos, llenaban las arcas del Estado español.

Acapulco, México
Acapulco, México, zona por la que pasaba la ruta del Galeón de Manilla | Shutterstock

Fue esta ruta marítima, la única occidental en el Pacífico, la que atrajo las envidias y ataques de otras potencias europeas. En esta segunda fase, que transcurriría en el siglo XVIII, diferentes flotas de países foráneos intentaron hacerse con el galeón de Manilla. Ingleses, franceses y holandeses fracasaron una y otra vez durante años. Pero, en 1742, el comodoro Anson se hizo con la nave. Además de apropiarse de las riquezas que la Nao de China portaba, los navegantes se adueñaron de cartas náuticas y documentos hidrográficos secretos.

Por entonces aún se desconocía la mitad del Pacífico. Para los europeos aquel océano seguía siendo un misterio en gran parte de sus aguas. Pero, desde el incidente Anson, que fue muy comentado entonces, el declive del dominio español en la zona fue imparable. Las potencias europeas se hicieron con las rutas de exploración y dejaron a los españoles fuera de un negocio que habían iniciado ellos. El lago español dejó de serlo, para pasar a la historia con el nombre del Pacífico.