La Poleá es una receta muy sencilla de la cocina andaluza que destaca por sus ingredientes al alcance de la mano de todo el mundo. La Poleá son unas gachas dulces de harina y leche típicas de la Andalucía occidental, cuyo origen esta está ligado seguramente a la comida de subsistencia. De hecho, esta receta ya es mencionada por Ibn Razin al-Tuyibi en su recetario Relieves de las mesas, acerca de las delicias de la comida y los diferentes platos. Por tanto, se trata también de una preparación asociada al periodo árabe. Sus ingredientes principales, harina, leche y azúcar, son muy básicos. Por tanto, es sencillo preparar esta deliciosa receta que a muchos transporta a su infancia.

La poleá es, al fin y al cabo, una especie de bechamel dulce con una fuerte personalidad propia. Muchos son hoy en día los que reivindican este postre que, a pesar de su simpleza, merece su puesto en el recetario de cualquier amante de la repostería tradicional de nuestro país. No en vano, retrotrae al medievo peninsular, una época que nos ha dejado una enorme variedad de influencias. Notas que, como en este caso, se han mantenido de plato en plato a través de los siglos. Asimismo, es bastante otoñal y frecuentemente consumida el Día de Todos los Santos.

Poleá

Poleá. | Luis Marcuccini

Ingredientes de la Poleá para 4 personas

100 g de harina

120 g de azúcar

1 litro de leche

1 peladura de limón

75 g de aceite de oliva suave

1 cucharada de anís en grano, según el gusto

Canela en polvo y picatostes para decorar

Preparación de la Poleá

  1. Para preparar la Poleá primero debemos aromatizar el aceite. Para ello echamos el aceite en una cazuela y la llevamos a fuego medio. Una vez que el aceite se haya calentado, añadimos la peladura de limón y el anís. Dejamos sofreír un minuto y colamos el aceite en otro recipiente para retirar todos los aromáticos. Hay quien deja los granos de anís en la poleá, eso ya depende del gusto de cada quien.
  2. Volvemos a añadir el aceite a la cazuela y añadimos la harina y el azúcar. Dejamos sofreír ligeramente hasta que la harina tome un color dorado suave.
  3. Por otra parte, calentamos la leche en otra cazuela y, una vez que la harina esté ligeramente tostada, vamos añadiendo la leche caliente poco a poco mientras removemos con unas varillas. Otra posibilidad consiste en añadir toda la leche a la harina y pasarlo todo con una batidora. Cualquier opción es válida siempre y cuando no nos queden grumos.
  4. Y la Poleá ya está lista. No queda más que servir en cuencos y decorar la superficie con canela en polvo y con picatostes de pan que podéis freír en una sartén. También puede tostarse el pan deseado en el tostador para luego cortarlo en daditos pequeños, así es más saludable el resultado.