La dieta mediterránea: ¿qué sabes sobre ella?

¿Cuántas veces hemos oído hablar de la dieta mediterránea? Seguro que cientos o miles de veces, y aún más desde que hace cinco años fue declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco. Pero ¿realmente sabemos de qué se trata? Muchos tendréis una idea más o menos clara, y sabréis algunas claves. Desde luego se trata de comer bien, pero no solo es eso. Es comer bien y de todo. Sí, sí; de todo. Aquí los hidratos de carbono no se excluyen.

Esta dieta se fundamenta en los patrones de alimentación de países mediterráneos como España (el principal referente), Grecia, Marruecos e Italia.  La base principal de la dieta mediterránea es una alimentación equilibrada y completa compuesta con productos frescos, locales y de temporada. Esto se debe a que éstos aportan todos los nutrientes y sabor, especialmente si hablamos de frutas, verduras y pescados, que predominan en el menú frente a la carne y a los hidratos de carbono. Se aconseja que estos hidratos de carbono sean integrales, no por el hecho de que engorden más o menos, sino porque los que no lo son pierden parte de sus nutrientes y de la fibra.

Como hemos comentado, las frutas, las legumbres, los frutos secos y las verduras tienen que ser el sustento fundamental de nuestra dieta. En cada comida y cena deben estar presentes al menos dos raciones de verduras y, como postre, una fruta fresca. Todo esto contribuye a prevenir muchas enfermedades por el contenido elevado de antioxidantes y fibra de estos alimentos.

En cuanto las grasas, en la dieta mediterránea predominan el aceite de oliva (en crudo) y los pescados azules. El aceite de oliva aporta a los platos un sabor especial y es utilizado constantemente en la cocina mediterránea. A todo ello se suman sus amplias propiedades cardioprotectoras. También el pescado azul se recomienda una o dos veces por semana, ya que sus grasas tienen propiedades muy parecidas a las de origen vegetal.

Las carnes rojas y las procesadas se deben consumir con moderación y mejor si son un simple ingrediente en recetas que contengan en su mayoría verduras u otros productos, como ocurre con los guisos. Si hablamos de carnes blancas como el pollo, éstas son mucho más saludables.

Con moderación también es aconsejable tomar huevos, tres o cuatro a la semana, ya que aportan grandes cantidades de proteínas, grasas y minerales que son una perfecta alternativa a la carne.

Otro de los alimentos que se deben consumir diariamente si practicamos la dieta mediterránea son los lácteos, principalmente yogures y quesos. Siempre es recomendable tomarlos bajo en grasas y en pequeñas dosis, por ejemplo, 2 yogures al día. Aportan grandes beneficios a la salud, además de proteínas, minerales y vitaminas.

En cuanto a las bebidas, como no podía ser de otra manera, el agua es lo fundamental. De nuevo la fórmula de consumir entre 1.5 y 2 litros de agua al día se repite en esta dieta. Normal si tenemos en cuenta que ayuda al tránsito intestinal, evita la retención de líquidos y aporta muchos otros beneficios, además de mantenernos hidratados a lo largo del día. Y es que debemos beberla de forma escalonada: no se trata de tomarla toda del tirón.

La tradición del vino no podía ser descartada y no se considera negativo tomar UNA copa de vino durante las comidas. Pero seamos sinceros: mejor agua.

Sin duda somos lo que comemos, pero también es necesario realizar ejercicio físico todos los días, aunque sea de baja intensidad, para mantener nuestro cuerpo y nuestra mente sanas.

En conclusión, podríamos decir que la dieta mediterránea es comer de todo, en cantidades pequeñas (lo que cada uno necesite) y de calidad (de temporada). ¿Te apuntas?

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