Gominolas, ¿de qué están hechas?

Seguro que últimamente a la hora de hacer la compra has comenzado a mirar su composición: azúcar, glucosa, calorías… Cada vez importa más lo que comemos, de eso no hay duda. Pero, ¿te has preguntado alguna vez de qué están hechas las gominolas? En la receta de estos bocados blanditos de variadas formas y colores hay una verdad sorprendente. El ingrediente más perturbador no es en este caso el azúcar ni el jarabe de glucosa, sino la gelatina… de origen animal. Una materia prima no apta para aprensivos, vegetarianos, veganos y defensores de los animales que resulta de esterilizar, hervir, triturar y desecar piel, cartílagos y articulaciones porcinas y bovinas. El proceso es extraer el colágeno animal muy purificado que recibe el nombre de gelatina, un polvo fino,  sin olor e insípido que se utiliza para múltiples preparaciones.

El uso de la gelatina no plantea ningún inconveniente desde el punto de vista de la seguridad alimentaria ni tecnológico. Comemos gelatina cada vez que consumimos carne o derivados; como la textura gelatinosa que presenta el caldo de cocido al enfriarse, que no es sino la gelatina extraída durante la cocción a partir del colágeno que tienen la piel del tocino, los huesos de jamón. No obstante, las gominolas deben ser tomadas de forma ocasional, ya que contienen un alto porcentaje de azúcar.

Los fabricantes de gelatina defienden la extracción de colágeno de origen animal como mejor opción para darle consistencia a las golosinas. La principal explicación es que “le da una textura única que no se rompe al morderla y que no hace daño a los dientes”, lo que no logran otros gelificante

En cuanto al aporte proteico de la gelatina, dado que el colágeno del que procede es pura proteína, hay división de opiniones entre la industria de la alimentación y los nutricionistas. Luis López Benavides, químico con una amplia experiencia como director técnico de una conocida empresa de confitería, explica que las gominolas “son los únicos caramelos que tienen entre un 6 y 8% de proteínas en su composición, lo cual no se puede comparar con una legumbre o un filete, que ronda un 20%”. Miguel A. Lurueña, Doctor en Ciencia y Tecnología de los Alimentos Lurueña objeta y afirma que el “valor nutricional es más bien escaso, ya que no aporta aminoácidos esenciales, es decir, los aminoácidos que aporta los puede sintetizar nuestro organismo a partir de otros nutrientes”.

¿Y qué pasa con quienes no pueden o no quieren comer derivados del cerdo? Tampoco es muy alentador, pero se ha recurrido a la cola de pescado. Una de las razones por las que se usa es que no tiene gluten, lo que lo hace uno de los ingredientes más convenientes en la confitería para celíacos.

En cualquier caso, lo que queda claro es que muchas veces nos fijamos en aquello que conocemos como la glucosa o el azúcar pero no nos percatamos de otros compuestos como éstos. Entonces ¿sabemos realmente lo que comemos?

Texto: Nutricionista Isabel Cangas

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