Desmontando mitos de la alimentación

En los últimos años parece que todo el mundo se ha convertido en experto de la nutrición y no se paran de escuchar consejos como: “no tomes fruta después de comer que engorda más” o “el pan es lo primero que te tienes que quitar de tus comidas si quieres adelgazar”… Al margen de a quién hay o no hay que hacer caso, lo cierto es que existen muchas teorías sobre un mismo asunto. Pero también es verdad que hay muchos mitos que se han instaurado poco a poco y ya forman parte de nuestros hábitos alimenticios. Hoy, os contamos algunos de esos mitos que la Federación Española de Industrias de la Alimentación y Bebidas (FIAB), con la ayuda de varios expertos y nutricionistas, han desbancado. ¿Con cuál te sientes más identificado?

¡Come pan!

Ningún alimento engorda o adelgaza por sí mismo. Lo que provoca que aumentemos de peso es consumir más calorías de las que gastamos” Esta es la verdadera realidad. Es cierto, comer en exceso tampoco es lo más aconsejable, pero ni con éste ni con el resto de alimentos. Muchas veces no es el pan lo que nos hace coger esos kilos de más sino con qué lo mezclamos: salsas, queso…. De hecho, nuestro país se sitúa alrededor de los 100 g por debajo de lo que recomienda la OMS, que oscila entre los 220 y 250 g.

¡Y un huevo!

No será la primera vez que escuchas que no es recomendable tomar más de 3 huevos semanales ya que puede aumentar el colesterol…. Mentira. Según explica la directora de Nutrición aunque se consuma todos los días un huevo, no existe tal riesgo.  El huevo aporta, por el contrario, muchos nutrientes y compuestos que ayudan a disminuir la absorción intestinal del colesterol.

La tripa ‘cervecera’ para los que no comen bien

Dejémonos de excusas. No es que la cerveza haga que te aparezca la conocida como ‘tripa cervecera’ o la ‘curva de la felicidad’, esto se debe a unos continuos malos hábitos en la alimentación y de sedentarismo. Según explican “la aparición de la tripa es un reflejo de obesidad y ésta se produce porque consumimos muchas más calorías que las que gastamos o hacemos muy poco ejercicio físico”.

No más dietas restrictivas

En los últimos años, una de las dietas más comunes se basan en el aumento de las proteínas en las dietas y la eliminación total de los hidratos de carbono. Es cierto que tiene resultado y se ven en poco tiempo pero se debe a que las dietas hiperproteicas hacen que tengas menos sensación de hambre y el organismo usa los almacenes de glucosa y gran cantidad de líquido, bajando el peso. Según explican los expertos “estas dos razones dan pie a que el cuerpo esté en peligro ya que la ausencia de hidratos de carbono puede provocar náuseas y fatiga. Además de posibles problemas hepáticos, el aumento de ácido úrico y la disminución de absorción de calcio”. Sin contar con el efecto rebote. ¿Conclusión? Comer de todo pero en pequeñas dosis.

Fruta, antes o después

Los defensores de comer la fruta antes de comer se debe a la creencia de que, tomarla después, hace que fermente en el estómago y produzca una peor digestión. Esto es totalmente falso. En cuanto a calorías se refiere, la fruta tiene las mismas sin depender del momento en la que te la tomes.  Así que, señores y señoras, pueden comer fruta cuando quieran.

Beber agua no engorda

Es de las pocas cosas que no tienen ninguna caloría. Así que no vamos a ponerle pegas al agua. Existe la creencia de que el agua engorda si se toma durante las comidas, ya que provoca retención de líquidos. Además de no ser verdad, por el contrario estimula el funcionamiento de los riñones y contribuye a un buen equilibrio hídrico. Lo que sí que es cierto es que quienes toman agua antes de comer consigue engañar al estómago y tienen menos sensación de hambre, lo que se traduce en comer menos.

Si duermes bien, mejor

Hay quien piensa que quien menos duerme, más gasta. Otro mito infundado ya que los expertos apuntan a que existe una relación directa entre la falta  de horas de sueño con el aumento de la obesidad, y ello se relaciona con dos hormonas implicadas en la regulación del apetito: la leptina y la grelina. Es por ello que se recomienda dormir como mínimo 7 horas diarias para no alterar los mecanismos biológicos.

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