Salinas de Añana – Gesaltza Añana

Sorprendente e histórica villa

Alberga unas extraordinarias explotaciones de sal famosas desde la Antigüedad que conforman un insólito valle salado.

Planifica tu escapada a Salinas de Añana

La visita a esta sorprendente localidad debe comenzar en su Centro de interpretación, para después pasear por las salinas; en los meses estivales esta experiencia tiene el atractivo adicional de contemplar el trabajo artesanal de los salineros. Hay además algunos edificios muy interesantes que detallamos en la sección Qué ver en Salinas de Añana; en total, puede ocuparnos medio día o algo más si vamos tranquilamente. Para los amantes del senderismo, la excursión puede continuar por el poco conocido y encantador Parque natural de Valderejo. Al tratarse de la zona productora del txakoli de Álava, una opción es visitar alguna de las bodegas y comprar un producto que cada vez es más popular. Los amantes de la historia y la leyenda tienen muy cerca la localidad foral de Villanañe, con su Torre de los Varona. Al ser una zona poco turística hay que rebuscar y reservar por la comarca anticipadamente; para ello sugerimos nuestra página especializada Dormir y Comer en Salinas de Añana.

¿Quieres conocer este sitio?

Las salinas que le dan nombre han funcionado desde tiempo inmemorial. Ellas parecen haber sido las causantes de la antigua denominación prerromana del lugar, Salionca, aunque la primera referencia documental en la historia de Salinas de Añana es del año 882. En su estudio sobre los topónimos vascos, Julio Caro Baroja ha propuesto que Añana deriva del latín Annius (Annio), su posible designación durante la ocupación romana. Como aldea fue fundada en 1126 por Alfonso I de Aragón y Navarra, confirmándose sus fueros en 1140 por el monarca castellano Alfonso VII. En esta época sus salinas, que constituyen el conocido Valle Salado, continuaron siendo su fuente de riqueza principal. De hecho, durante la Edad Media (sobre todo en los siglos XIV y XV) floreció y se desarrolló un importante mercado de sal que permitió el enriquecimiento y desarrollo de la localidad tanto urbanística como económicamente.

Salinas de Añana a finales del siglo XX

En tiempos de Felipe II, la Corona se hizo con el monopolio de la sal y se introdujeron una serie de cambios en el proceso de producción. Los salineros fueron obligados a variar sus métodos artesanales por otros más modernos, que todavía siguen en uso hoy en día. La sal de Salinas de Añana fue exhibida durante la Exposición Universal de Londres de 1851, donde obtuvo una mención honorífica y medalla de bronce. Un siglo después, las salinas fueron abandonadas pero actualmente se encuentran en proceso de recuperación dado su potencial etnológico y turístico. Han sido declaradas Monumento Histórico.

Salinas de Añana-Gesaltza Añana es, junto con Atiega-Atiaga, uno de los dos pueblos que componen el municipio alavés de Añana, a 30 km de Vitoria-Gasteiz. La antigua actividad de explotación de la sal fue la causa del esplendor pasado de la localidad, que ha dejado su huella en la iglesia, en su convento y en varios edificios civiles. La villa, que se distribuye de manera irregular adaptándose al terreno, creció en torno a dos focos principales: el recinto amurallado medieval, sobre el cerro, y la zona de expansión durante el barroco, en la ladera meridional del mismo. Apenas quedan restos de sus murallas en la actualidad, aunque el Templo-Fortaleza de San Cristóbal, desmantelado tras la guerra de la Independencia, es aún testimonio de este carácter defensivo.

Lo primero que llama la atención al viajero que llega a Salinas de Añana es el Monasterio de Religiosas Comendadoras de San Juan de Acre. De origen templario (como bien atestiguan las diversas cruces de Malta que hay talladas en sus muros), fue el último convento en activo de la Orden Militar de San Juan de Jerusalén. Con planta ligeramente rectangular, tiene un pequeño patio abierto al exterior, hacia el este. Su capilla barroca alberga un retablo del siglo XVIII dedicado a San Juan Bautista. Desde el convento se puede disfrutar de una magnífica panorámica del Valle Salado.

El cenobio enlaza con la villa mediante el puente de piedra “Terrazos” (1762), situado sobre el río del mismo nombre.

En la parte más baja del núcleo urbano se levanta la Iglesia de Santa María de Villacones, interesante edificio construido entre los siglos XIII y XV, aunque fue reformada posteriormente. De planta rectangular y cabecera poligonal, fue edificada con sillería y mampostería. En su interior destaca el retablo mayor renacentista (s. XVI) que acoge la imagen medieval de la titular, del tipo de las Andra Mari, tan frecuentes en el País Vasco.

En la plaza del Mercado, donde tenían lugar las transacciones comerciales en la Edad Media, se alza un rollo o picota con el escudo de los Sarmiento. En la columna rematada con una cruz trebolada de hierro se ajustició durante mucho tiempo a los malhechores, exhibiéndose públicamente el castigo con fines ejemplarizantes.

El Palacio de los Ozpinas, en la plazuela del mismo nombre, es un edificio que hay que ver en Salinas de Añana, exento y construido en sillería y mampostería y rodeado por jardines y huertos. Los trabajos en hierro de su fachada son dignos de mención. Actualmente es un restaurante y hotel.

Iglesia de Santa María de Villacones

El Ayuntamiento, en la plaza Miguel Díaz de Tuesta, representa un perfecto conjunto de estilo barroco alavés, en el que sobresale su torre del reloj, que antiguamente marcaba los tiempos de trabajo en las salinas. En ese mismo emplazamiento, foco principal de la villa barroca, se encuentra el Palacio de los Herrán (1695). La mansión fue mandada construir por Pedro de Zambrana, administrador real de las salinas. En ella destacan especialmente algunos motivos ornamentales como varias cabezas de perro que muestran la figura de una mujer, los dos escudos de armas de su fachada y el elaborado trabajo de herrería de sus balcones y ventanas.

En Salinas de Añana, el Domingo de Resurrección tiene lugar, como en Moreda de Álava, la popular fiesta de la Quema de Judas.

El principal atractivo del lugar son sus salinas, uno de los paisajes culturales protegidos más espectaculares y mejor conservados de Europa, con más de 1200 años documentados de historia. Las salinas se forman gracias a manantiales provenientes del río Muera, que atraviesan cursos de sal subterráneos. El agua es canalizada a través de unos conductos de madera hasta unas terrazas, o eras, de entre doce y veinte metros cuadrados de extensión. Una vez en ellas, la sal se obtiene por evaporación del agua al sol. En todo el valle existen más de 5000 eras de sal, de las cuales actualmente se encuentran en uso cerca de 200. Estas se acumulan y se adaptan a la topografía del lugar tanto en forma como en altura, creando un paisaje único.

Existe la posibilidad de conocer las salinas mediante un recorrido, de alrededor de hora y media de duración, durante el cual se pasa por varios puntos explicativos. El conjunto cuenta también con un Centro de Interpretación donde conocer la historia y la arquitectura del lugar, así como el método de producción de la sal. Es necesario obtener cita previa para realizar la visita que puede concertarse en la web del Valle Salado.

Si se viaja entre los meses de junio y agosto, los meses de mayor insolación, es habitual ver al personal en las faenas de extracción de la sal. Se recomienda hacer el recorrido cuando los rayos del sol no caen verticalmente, para que la sal no deslumbre, siendo por tanto las mejores horas las del alba o del crepúsculo, justo cuando las salinas se cubren de brillantes tonos blanquiazules.

Imprescindibles

Vista de la localidad
Salinas

Datos prácticos

Coordenadas

42° 48′ 7″ N, 2° 59′ 11″ W

Distancias

Vitoria-Gasteiz 31 km, Bilbao 68 km, Madrid 338 km

Aparcamiento

Sin problema en el municipio

Altitud

586 m

Habitantes

154 (2013)

Virgen del Rosario (primer domingo de octubre)

Quema del Judas (mañana del Domingo de Resurrección)

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