La belleza de las tallas y el silencio emocionado presiden la Semana Santa de Valladolid, capital de Castilla y León

El valor artístico de las tallas y el silencio que preside los cortejos, son las principales señas de identidad de la Semana Santa de Valladolid, declarada de Interés Turístico Internacional en 1981. De las imágenes que salen a las calles en las distintas procesiones -treinta y dos en la Procesión General de la Sagrada Pasión del Redentor, en la tarde-noche del Viernes Santo- ciento cuatro proceden del Museo Nacional de Escultura con sede en la ciudad, lo que hace que el conjunto de la Semana Santa de Valladolid esté considerada como la de mayor fidelidad, rigor y detalle en la representación de las últimas horas de Jesús de Nazaret, desde la Última Cena, hasta la Soledad de su Madre al pie de la Cruz.

Fundadores de la Cofradía Penitencial de la Oración del Huerto y San Pascual Bailón

La presencia de tantas imágenes y de tan notable calidad en la Semana Santa de Valladolid se explica en el tiempo durante el que Valladolid fue sede de las Cortes castellanas (siglos XV y XVI) y el breve periodo en que se ubicó en ella la capital de España y su imperio, a principios del siglo XVII, entre los años 1601 y 1606. En esta época se instalaron en la ciudad y sus alrededores los talleres de destacados imagineros (escultores que tallaban en madera imágenes religiosas, preferentemente pasos y retablos) como los de Juan de Juni o Gregorio Fernández, a quienes sucedieron discípulos como Andrés de Solanes, Bernardo del Rincón, Francisco Fermín o Tudanca, consolidando a Valladolid con su labor como principal referente de la escuela escultórica castellana.

Las diecinueve cofradías vallisoletanas componen un total de cincuenta y cuatro pasos distintos, con más de un centenar de imágenes, y celebran un total de treinta y tres procesiones. Seis son las cofradías consideradas históricas (siglos XII a XVI) -Vera Cruz, Angustias, Piedad, Sagrada Pasión, Jesús Nazareno y Venerable Orden Tercera- vinculadas todas a otros tantos conventos vallisoletanos de distintas órdenes religiosas, que es donde empezaron las procesiones antes de salir a las calles, lo que no ocurrió hasta el siglo XV.

Las otras trece surgieron en el siglo XX a partir del año 1920: Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo; Siete Palabras; Jesús atado a la Columna; Santo Entierro; La Oración del Huerto y San Pascual Bailón; Descendimiento y Santísimo Cristo de la Buena Muerte; Sagrada Cena; Santo Cristo de la Luz; Santísimo Cristo Despojado, Cristo Camino del Calvario y Nuestra Señora de la Amargura; Exaltación de la Santa Cruz y Nuestra Señora de los Dolores; Santo Cristo de los Artilleros; Santo Sepulcro y Cristo del Consuelo, y Jesús Resucitado y María Santísima de la Alegría.

La Plaza Mayor acoge cada Viernes Santo a mediodía el Sermón de las Siete Palabras, uno de los actos más singulares de este ciclo religioso y que organiza la cofradía del mismo nombre desde 1934. El epicentro de Valladolid se transforma en un escenario que recuerda a los autos de fe del siglo XVI en el que un religioso, invitado cada año a tal efecto, reflexiona sobre las siete palabras que Cristo pronunció en la Cruz, delante de los respectivos pasos que las ilustran. El acto es anunciado a lo largo de toda la mañana mediante un pregón en forma de soneto que el pregonero, al que acompaña un cortejo a caballo, recoge a las ocho de la mañana de manos.

Procesión del Viernes Santo

La procesión de la tarde del Viernes Santo es famosa por la cantidad de pasos (32) y la calidad de las obras de imaginería que desfilan en ella. Comienza y termina en la iglesia de las Angustias después de recorrer durante casi cinco horas las calles más céntricas de Valladolid incluida la Plaza Mayor, que se muestra engalanada para la ocasión y a la que da una vuelta casi completa. Terminado el cortejo tiene lugar el canto de la Salve Popular ante la imagen de la Virgen de las Angustias, siendo uno de los momentos más emotivos.

Pero si algo emociona en la Procesión General de la Sagrada Pasión del Redentor y en el conjunto de manifestaciones religiosas de esta ciudad castellana es el silencio y el recogimiento de participantes y espectadores. Como dejó escrito el universal escritor vallisoletano Miguel Delibes: “En la Semana Santa castellana no tienen sitio la algarabía y la estridencia; y el espectáculo, el arte y el adorno ocupan en ella un lugar secundario. Lo importante en la Semana Santa vallisoletana es el silencio; un silencio espeso, sombrío y doliente que encubre y arropa una honda emoción. El ambiente es lo más digno de admirarse de nuestra Semana Santa. Todo se desliza en una penumbra que amansa los nervios, mientras que por encima de las cabezas sopla una racha de trágica paz. Es silencio, recogimiento, conciencia íntima y dolorosa del Gran Sacrificio”.

Imagen principal: Agustín Hernandez

Fiestas de Moros y Cristianos en España

Calles adornadas como en la Edad Media, desfiles majestuosos, batallas emocionantes… Sí: estamos hablando de las Fiestas de Moros y Cristianos, celebradas cada año en España durante varios días repletos de leyendas y espectáculos.

En estas celebraciones se rememora, de la forma más fiel posible, las cruentas batallas históricas que se libraron entre moros y cristianos durante la Reconquista de la Península Ibérica. Estas fiestas populares llaman la atención no solo por el volumen de participantes (de miles de personas), sino también porque la historia, la cultura y el jolgorio se apoderan de las calles. La indumentaria, perfectamente ambientada, logra que se reviva con más intensidad uno de los episodios más relevantes de la historia española.

Se vienen celebrando desde finales del siglo XVII, fundamentalmente en el Levante español, con epicentro en la provincia de Alicante y el sur de la provincia de Valencia. No obstante, existen muchos otros lugares españoles en los que también se realizan estos eventos.

Muchas de estas fiestas cuentan con diferentes reconocimientos de interés turístico: provincial, autonómico, nacional e incluso internacional. Es muy complicado recopilar todos los municipios que celebran Fiestas de Moros y Cristianos en España; por ello, os presentamos alguna de las más importantes:

Alcoy: la cuna de la fiesta

Moros y Cristianos
Fiesta de Moros y Cristianos en Alcoy / Foto: vozpopuli.com

Los Moros y Cristianos de Alcoy (Alicante) son los más populares por su arraigo y espectacularidad, lo que los ha convertido en una fiesta de interés internacional. Representa la batalla que tuvo lugar en 1276 entre los fieles del caudillo árabe Al Azraq, que intentaban asaltar la villa, y sus habitantes, que lucharon por defenderla. Se celebra desde el siglo XVI y rinde homenaje a su patrón San Jorge que, según cuenta la leyenda, apareció en plena batalla contribuyendo a la victoria de los cristianos.

A lo largo de varios días a principios de mayo se van sucediendo los diferentes homenajes y desfiles de ambos ejércitos. Normalmente se estima que la participación alcanza hasta 5.000 personas. En el tercer día se representa la lucha  y el asalto de las tropas musulmanas al castillo, seguido de la reconquista de la fortaleza por parte de los cristianos. El colofón final lo protagoniza San Jorge lanzando flechas desde la torre por la noche.

Villajoyosa: el desembarco de los piratas berberiscos

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Fiesta de Moros y Cristianos en Villajoyosa / Foto: efimeroestudio.com

Otra de las localidades cuya festividad tiene reconocimiento de interés internacional es Villajoyosa (Alicante). En esta celebración se rememora el ataque de los piratas berberiscos y la oposición de los habitantes de la villa. El evento más particular de esta fiesta de Moros y Cristianos es la recreación del combate naval y el consiguiente desembarco en la playa. Se trata de un magnífico espectáculo cargado de fuegos artificiales, tambores y luces, que deja a sus espectadores atónitos.

Cada año, los más curiosos tienen la oportunidad de establecer contacto directo con esta tradición durante varios días en la segunda quincena de julio.

Caravaca de la Cruz: la celebración de los Caballos del Vino

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Fiesta de Moros y Cristianos en Caravaca de la Cruz / Foto: pinterest.es

Caravaca de la Cruz (Murcia) es la única localidad no valenciana que ha conseguido que su fiesta de Moros y Cristianos obtenga el reconocimiento de interés internacional. Al igual que en el resto de lugares, en este evento se celebran procesiones y desfiles de ambos ejércitos. El acto con mayor relevancia es el festejo de los Caballos del Vino, en el que los equinos participan en una carrera llevando sobre ellos mantos de seda y oro bordados a mano.

Lo normal es que esta celebración tenga lugar la primera semana de mayo.

Alcázar de San Juan: la representación castellano-manchega

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Fiesta de Moros y Cristianos en Alcázar de San Juan / Foto: herencia.net

Representando a Castilla-La Mancha, destaca la fiesta de Moros y Cristianos de Alcázar de San Juan. La música, el color y la pólvora son los protagonistas en esta conmemoración histórica. El punto de partida es la Vela de Armas, una recreación muy exacta de los nombramientos de los aspirantes a la Orden de los Caballeros del Hospital de San Juan de Jerusalén. Entre los actos celebrados destacan los desfiles de la Entrada Mora y Cristiana, la Escalada al Torreón de Don Juan de Austria, el Auto de Nombramiento de un Caballero Cristiano, la lucha entre ambos bandos y la Gran Mascletá de fuegos artificiales.

No obstante, es muy recomendable acercarse hasta el pintoresco Mercado Medieval para trasladarnos a la vida cotidiana de los alcazareños de aquellos años. Además, músicos, malabaristas, bufones y bailarines llenan las calles de alegría y amenizan a los visitantes.

Como cada año, esta festividad se celebra el fin de semana más próximo al 24 de junio, día de San Juan.

Muchos otros puntos de España como Calpe (Alicante), Altea (Alicante), Cáceres, Biar (Alicante), Benamahona (Cádiz), Campillo de Arenas (Jaén) o Elche (Alicante), también destacan por sus fiestas de Moros y Cristianos. ¿Has estado en alguna de ellas?

Texto: Carolina Cárcamo Villar