Cuenca / Las Turbas

Los nazarenos conquenses en Las Turbas evocan con clarines y tambores las burlas que recibió Jesucristo camino del Calvario

Muchedumbre burlesca y devota al tiempo. Esta es la singular dicotomía que se vive en Cuenca durante Las Turbas, el nombre con el que popularmente se conoce a la Procesión del Camino de Calvario que se celebra en la madrugada y la mañana del Viernes Santo. Se trata del cortejo más característico y conocido de la Semana Santa de esa ciudad, que está declarada por el Gobierno de España de Interés Turístico Internacional.

Según los propios estatutos que regulan su celebración, Las Turbas son la muchedumbre que a lo largo del cortejo recrea la mofa que acompañó a Jesucristo cuando, con la cruz a cuestas, iba camino del monte Calvario para ser crucificado. Los participantes, que reciben el nombre de turbos, se visten con las túnicas de sus hermandades religiosas llevando clarines y tambores, la mayoría de fabricación casera. Con los primeros se emite un sonido desafinado llamado “la clariná“, mientras los segundos atruenan graves y roncos en alternancia con el chocar de los palillos, “las palillás“, con los que son aporreados.

Imagen antigua de turbos con tambores y clarines

Todo ello produce un sonido estruendoso y sobrecogedor en la madrugada del Viernes Santo alrededor de los cinco pasos que procesionan por las calles de Cuenca, con la Iglesia de El Salvador como lugar de partida, sobre las 5.30 horas, y de regreso, después del mediodía.

Como es común entre las fiestas más antiguas de España, a Las Turbas se le atribuyen tres distintos orígenes. El primero serían las fiestas paganas ancestrales que se celebraban con motivo de la llegada de la primera luna de la primavera (que compartiría con otras procesiones y tamborradas de las provincias de Teruel y Albacete). El segundo hace referencia al Motín del Tío Corujo, una revuelta popular que tuvo lugar en Cuenca en 1766 en protesta por la subida del precio del pan y durante la cual la población se atavió con túnicas, tambores, clarines y otros objetos de la desaparecida Iglesia de San Roque para exteriorizar de manera estruendosa su descontento. La tercera explicación apunta a las antiguas protestas de los nazarenos de las clases sociales más bajas que, al tener prohibido desfilar en la procesión del Viernes Santo, reivindicaban su derecho a procesionar haciendo sonar tambores y clarines. Sea como fuere, la afamada procesión conquense de Las Turbas arrastra tras de sí muchos siglos de devoción, aunque no siempre de gran fervor popular. En este sentido, y aunque han venido siendo pocas las mujeres que participan como turbas o banceras (portando los pasos a hombros), se les atribuye un papel activo en el impulso que la procesión vivió en la década de los años 70 del siglo XX.

En las primeras horas de la madrugada del Viernes Santo son ya miles los turbos que se van reuniendo, haciendo sonar sus clarines y tambores, en los alrededores de la Iglesia de El Salvador esperando el emocionante momento de la salida del primer paso, el Jesús de las Seis, delante del cual avanzan con la mirada puesta en él, esto es, caminando de espaldas.

Son los nazarenos los que abren la marcha con su estremecedor estruendo, a los que siguen las hermandades de Nuestro Padre Jesús Nazareno del Salvador, San Juan Evangelista y Nuestra Señora de la Soledad de San Agustín y tras ellos los cinco pasos:

Nuestro Padre Jesús Nazareno (o Jesús de las Seis), Jesús y La Verónica (La Caída), pertenecientes a la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno; San Juan Apóstol Evangelista, de la cofradía del mismo nombre, El Encuentro de Jesús con María y Nuestra Señora de la Soledad, de la cofradía Nuestra Señora de la Soledad de San Agustín. Dos bandas de música acompañan al cortejo, una de ellas tras el paso de San Juan Evangelista y la otra cerrándolo, interpretando marchas que se combinan con la algarabía desafinada de los turbos.

Paso de Nuestro Padre Jesús Nazareno en el momento de “la palillá”

La procesión de Las Turbas desciende hacia la Puerta de Valencia y al llegar a la denominada Cuesta de los Herreros, se celebra el canto del motete Oh, Soledad a la Virgen de la Soledad de San Agustín, una tradición que fue recuperada en la década de los 90 del siglo XX. Acompasan a este canto los martillos sobre el yunque de la única fragua que hay en el recorrido que se enciende para la ocasión. Mientras, los banceros, sin avanzar, balancean los pasos sobre sus hombros. La procesión discurre luego por la Calle Carretería, abarrotada de espectadores, y emprende su ascenso por el empinado casco histórico hasta la Plaza Mayor, donde realiza un descanso y se “baila” el paso de San Juan Evangelista.

Desde allí, la procesión inicia su retorno a la Iglesia de El Salvador y en el camino tiene lugar, ya de mañana, otro momento cargado de emoción y de un silencio abrumador: el canto del Miserere desde la escalinata de la Iglesia de San Felipe Neri. Exhaustos tras las casi siete horas de procesión, los turbos aún hacen tronar sus tambores y clarines a su llegada al lugar de partida ante un nuevo “baile de San Juan” y otro emocionado silencio al recibir a los pasos de El Encuentro y La Soledad. La fama de Las Turbas ha extendido este nombre a todo el ciclo procesional que se celebra cada Semana Santa en Cuenca, donde el sobrenombre de “Procesión de los borrachos”, que se le da fuera de la ciudad, no goza del favor de los conquenses.

Fiestas de Moros y Cristianos en España

Calles adornadas como en la Edad Media, desfiles majestuosos, batallas emocionantes… Sí: estamos hablando de las Fiestas de Moros y Cristianos, celebradas cada año en España durante varios días repletos de leyendas y espectáculos.

En estas celebraciones se rememora, de la forma más fiel posible, las cruentas batallas históricas que se libraron entre moros y cristianos durante la Reconquista de la Península Ibérica. Estas fiestas populares llaman la atención no solo por el volumen de participantes (de miles de personas), sino también porque la historia, la cultura y el jolgorio se apoderan de las calles. La indumentaria, perfectamente ambientada, logra que se reviva con más intensidad uno de los episodios más relevantes de la historia española.

Se vienen celebrando desde finales del siglo XVII, fundamentalmente en el Levante español, con epicentro en la provincia de Alicante y el sur de la provincia de Valencia. No obstante, existen muchos otros lugares españoles en los que también se realizan estos eventos.

Muchas de estas fiestas cuentan con diferentes reconocimientos de interés turístico: provincial, autonómico, nacional e incluso internacional. Es muy complicado recopilar todos los municipios que celebran Fiestas de Moros y Cristianos en España; por ello, os presentamos alguna de las más importantes:

Alcoy: la cuna de la fiesta

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Fiesta de Moros y Cristianos en Alcoy / Foto: vozpopuli.com

Los Moros y Cristianos de Alcoy (Alicante) son los más populares por su arraigo y espectacularidad, lo que los ha convertido en una fiesta de interés internacional. Representa la batalla que tuvo lugar en 1276 entre los fieles del caudillo árabe Al Azraq, que intentaban asaltar la villa, y sus habitantes, que lucharon por defenderla. Se celebra desde el siglo XVI y rinde homenaje a su patrón San Jorge que, según cuenta la leyenda, apareció en plena batalla contribuyendo a la victoria de los cristianos.

A lo largo de varios días a principios de mayo se van sucediendo los diferentes homenajes y desfiles de ambos ejércitos. Normalmente se estima que la participación alcanza hasta 5.000 personas. En el tercer día se representa la lucha  y el asalto de las tropas musulmanas al castillo, seguido de la reconquista de la fortaleza por parte de los cristianos. El colofón final lo protagoniza San Jorge lanzando flechas desde la torre por la noche.

Villajoyosa: el desembarco de los piratas berberiscos

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Fiesta de Moros y Cristianos en Villajoyosa / Foto: efimeroestudio.com

Otra de las localidades cuya festividad tiene reconocimiento de interés internacional es Villajoyosa (Alicante). En esta celebración se rememora el ataque de los piratas berberiscos y la oposición de los habitantes de la villa. El evento más particular de esta fiesta de Moros y Cristianos es la recreación del combate naval y el consiguiente desembarco en la playa. Se trata de un magnífico espectáculo cargado de fuegos artificiales, tambores y luces, que deja a sus espectadores atónitos.

Cada año, los más curiosos tienen la oportunidad de establecer contacto directo con esta tradición durante varios días en la segunda quincena de julio.

Caravaca de la Cruz: la celebración de los Caballos del Vino

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Fiesta de Moros y Cristianos en Caravaca de la Cruz / Foto: pinterest.es

Caravaca de la Cruz (Murcia) es la única localidad no valenciana que ha conseguido que su fiesta de Moros y Cristianos obtenga el reconocimiento de interés internacional. Al igual que en el resto de lugares, en este evento se celebran procesiones y desfiles de ambos ejércitos. El acto con mayor relevancia es el festejo de los Caballos del Vino, en el que los equinos participan en una carrera llevando sobre ellos mantos de seda y oro bordados a mano.

Lo normal es que esta celebración tenga lugar la primera semana de mayo.

Alcázar de San Juan: la representación castellano-manchega

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Fiesta de Moros y Cristianos en Alcázar de San Juan / Foto: herencia.net

Representando a Castilla-La Mancha, destaca la fiesta de Moros y Cristianos de Alcázar de San Juan. La música, el color y la pólvora son los protagonistas en esta conmemoración histórica. El punto de partida es la Vela de Armas, una recreación muy exacta de los nombramientos de los aspirantes a la Orden de los Caballeros del Hospital de San Juan de Jerusalén. Entre los actos celebrados destacan los desfiles de la Entrada Mora y Cristiana, la Escalada al Torreón de Don Juan de Austria, el Auto de Nombramiento de un Caballero Cristiano, la lucha entre ambos bandos y la Gran Mascletá de fuegos artificiales.

No obstante, es muy recomendable acercarse hasta el pintoresco Mercado Medieval para trasladarnos a la vida cotidiana de los alcazareños de aquellos años. Además, músicos, malabaristas, bufones y bailarines llenan las calles de alegría y amenizan a los visitantes.

Como cada año, esta festividad se celebra el fin de semana más próximo al 24 de junio, día de San Juan.

Muchos otros puntos de España como Calpe (Alicante), Altea (Alicante), Cáceres, Biar (Alicante), Benamahona (Cádiz), Campillo de Arenas (Jaén) o Elche (Alicante), también destacan por sus fiestas de Moros y Cristianos. ¿Has estado en alguna de ellas?

Texto: Carolina Cárcamo Villar

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