León / Entierro de Genarín

Miles de personas conmemoran cada Semana Santa la muerte de un putero y borracho leonés de principios del XX

¿Una fiesta en honor de un perdulario en la católica España del siglo XX? Pues sí. Insólita, juerguista, atrevida, la fiesta del Entierro de Genarín (véase la historia completa del personaje), que recorre el barrio Húmedo y el resto del casco antiguo de León la noche del Jueves Santo, congregando en la actualidad a más de 15.000 personas, es un ejemplo del espíritu transgresor que, sorteando o retando conservadurismos y censuras, aflora en ocasiones en el carácter español.

entierro genarin
Entierro de Genarín acabada la dictadura en los años 70 del siglo pasado

Genarín (Genaro Blanco Blanco), huérfano y pellejero de profesión, adquirió notable predicamento en los ambientes más bohemios del León de principios del siglo XX por su afición al orujo, las mujeres, los burdeles, el tute y la garrafina, una “buena vida” que truncó la primera camioneta de la basura de la ciudad, conocida popularmente como “La Bonifacia”, que lo atropelló dándole muerte, en la madrugada del Jueves al Viernes Santo de 1929, un 29 de marzo. En el momento del fatal accidente, Genaro realizaba sus necesidades más perentorias en la base del tercer cubo de la muralla leonesa y se especula que pudiera haber muerto heroicamente, tratando de salvar de “La Bonifacia” a unos niños cuya situación de peligro se cita en la noticia del accidente (Diario de León, 30 de marzo de 1929). Sea como fuere, su memoria fue conmemorada en la madrugada del Jueves al Viernes Santo del año siguiente por los pioneros de la actual fiesta, los denominados “Evangelistas”.

Nicolás Pérez Porreto (árbitro de fútbol), Eulogio el gafas (taxista y cantante de copla), Luis Rico (adinerado que dilapidó su fortuna en juergas) y Francisco Pérez Herrero (poeta), quienes se reunieron en la Plaza del Grano para iniciar un recorrido por las tascas y burdeles que frecuentaba su difunto amigo Genaro.

Año a año, aquella convocatoria anual, siempre en la madrugada del Jueves al Viernes Santo, fue ganando seguidores e incorporando rituales y liturgias afines al espíritu vividor de Genarín, creándose la Cofradía de Nuestro Padre Genarín. Pero la tolerancia de la catolicísima España franquista con tan profano evento, que ganaba en seguidores a la religiosa procesión del Viernes Santo, finalizó en 1957 con su prohibición; volviendo a las calles de León, con el advenimiento de la Democracia, veinte años después, en 1977, con Perez Herrero, único de “Los Evangelistas” con vida entonces, el grupo teatral La Fragua y un grupo de jóvenes leoneses como impulsores de su recuperación. El desenfadado Entierro de Genarín requiere de una inagotable capacidad para la ingesta de orujo a quienes participan en ella.

fiesta de la moncha
Paso de “La Moncha”

Más de 15.000 personas acuden ya anualmente al indecente cortejo, que ha sido protagonista de un libro El Entierro de Genarín. Evangelio apócrifo del último heterodoxo español (1981), el escritor leonés Julio Llamazares y una película documental Bendito Canalla (2008)- y figura en las ofertas con que las agencias de viajes europeas intentan atraer turistas a España durante los días de la Pasión. La fiesta se inicia con la Santa Cena en la que se reúnen hermanos y cofrades para la lectura de los clásicos versos que glosan la historia de Genarín y una encíclica, compuesta cada año por algún poeta anónimo de reconocido prestigio, que relata lo que acontece en la actualidad de la región o del país y que son leídos al público.

Acabada la cena, en torno a la una del Viernes Santo, los cofrades cargan a hombros, en la Plaza del Grano, los pasos de la Procesión: La Cuba (en el que van las ofrendas), la imagen de Genaro, la Muerte y “La Moncha” (prostituta que socorrió a Genaro tras el fatal accidente). La procesión es acompañada por cuatro cabezudos que representan a los “Evangelistas” de Genarín. Iluminada por antorchas, la procesión hace tres paradas, por este orden: la Calle de la Sal, donde se leen los versos correspondientes; la Catedral de León, donde un nuevo el brindis se acompaña con rimas y, tras recorrer la larga Calle de Cardenal y atravesar Puerta Castillo ( el “Arco de la Cárcel”) llega al cubo de la muralla donde Genarín encontró la muerte.

Allí el “Hermano Colgador” trepa la muralla para depositar las ofrendas: queso, pan, naranjas, una corona de laurel y, cómo no, una botella de orujo. Ni que decir tiene que el “Vía Crucis” termina con cofrades, penitentes y público participante en un estado tal de embriaguez que todos ellos bien serían capaces de reventar un alcoholímetro.

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