Palencia / Santo Toribio de Astorga

Los palentinos rememoran con el lanzamiento de pan y queso las pedradas que sus antepasados del siglo V lanzaron a Santo Toribio de Astorga

Santo Toribio de Astorga (402-476), obispo de esta localidad leonesa, fue expulsado a pedradas de Palencia, a la que acudió para combatir la herejía priscilianista y orientar a sus habitantes hacia el catolicismo oficial. Hubo de refugiarse en la Ermita de Santa María del Cerro, muy cerca de la ciudad. Coincidieron estos hechos con un desbordamiento de devastadoras consecuencias del río Carrión y los palentinos asociaron la catástrofe natural a su comportamiento con el prelado. Así pues, anegadas sus casa y haciendas, subieron al cerro a buscar refugio e implorar el perdón de Santo Toribio de Astorga; éste se lo concedió.

Este es el origen de la romería de Santo Toribio de Astorga, una de las manifestaciones populares más multitudinarias de Palencia; pues congrega a unas ocho mil personas cada año en la ermita del cerro. En ese cerro desde 1931 se erige el Cristo del Otero, una estatua de Jesucristo de 22 metros de altura. Esta romería se celebra el domingo más cercano al 16 de abril, que es el día de la festividad de Santo Toribio de Astorga.

Paseo y Cerro del Otero

La romería comienza con la procesión que la Peña de Santo Toribio organiza desde la Iglesia de San Ignacio hasta la ermita, donde el obispo oficia una misa. Luego llega la algarabía de una fiesta donde las piedras del siglo V han trocado en bolsas de pan y quesillo que los miembros de la Corporación Municipal, el obispo de Palencia y los dirigentes de la Asociación de Vecinos del Barrio de El Cristo lanzan en cantidades ingentes –unas cinco mil- a los palentinos durante unos quince minutos. Con esta “pedrea” –así se le llama- los palentinos conmemoran el arrepentimiento de sus antepasados y su abandono del priscilianismo.

Fue ésta una doctrina cristiana predicada por Prisciliano en el siglo IV que, basada en los ideales de austeridad y pobreza, instaba a la Iglesia a abandonar opulencias y riquezas y a dedicarse a los pobres. Además, condenaba la esclavitud y concedía gran libertad a las mujeres, a las que hacia participantes activas de los templos y liturgias. Recomendaba la abstinencia de alcohol y el celibato, aunque permitía el matrimonio de monjes y clérigos y utilizaba el baile como parte de la liturgia, negándose también a condenar algunos libros apócrifos prohibidos por la ortodoxia de la Iglesia.

La fiesta, declarada de Interés Regional, guarda las esencias de las romerías añejas, mantiene sus singularidades y goza del sabor y el calor popular. Son numerosísimos los puestos, barracas y atracciones que, a lo largo de más de un kilómetro, se disponen en la carretera de acceso a la Ermita del cerro y el Cristo del Otero. El entretenimiento está asegurado y también la compra a precio simbólico de las bolsas de pan y queso, en las que se incluye un texto con la leyenda de Santo Toribio, por quienes se hayan quedado sin ellas durante la “pedrea”. Además, cada año son mas numerosos los vecinos que acuden a pasar el día almorzando en grupos por los alrededores, siendo plato típico los caracoles.

Momento de la “pedrea” esperando las bolsas de pan y quesillo

Y todo ello, bajo la vigilancia en lo alto del cerro del Cristo del Otero, el gigantesco Jesucristo en actitud de bendición, obra del escultor palentino Victorio Macho. A sus pies, además de la ermita, se ha excavado un museo sobre los proyectos del artista, responsable de grandes obras como el monumento a Benito Pérez Galdós y a Ramón y Cajal, ambos en el Parque de El Retiro en Madrid, o la fuente en honor a Concha Espina, en Santander. Por la fecha en que se celebra, la Romería de Santo Toribio coincide con algunos años con la Semana Santa, siendo entonces el evento festivo que pone de alguna manera colofón al ciclo penitencial del calendario religioso.

La Semana Santa palentina no tiene el poder de convocatoria de otras próximas como las de Valladolid o Zamora, pero sus procesiones conservan el rigor, en forma de respeto y silencio, de los cortejos castellanos. Dentro del variado panorama de Semanas Santas que hay en España, es singular en esta ciudad el estrecho hermanamiento que existe entre sus cofradías, todas las cuales tienen derecho a participar en todos los desfiles.

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