Barcelona / Sant Jordi

La coincidencia con el Día del Libro convierte el centro de la ciudad en una sucesión de puestos de flores y libros

La Fiesta de Sant Jordi Barcelona es sin fastos, sosegada y reposada, detallista e “intelectual”. Fiesta de connotaciones y coincidencias varias. Día grande en Cataluña y en su capital, la ciudad de Barcelona, donde está extendida la costumbre de que cada 23 de abril los hombres regalen una flor a las mujeres y de que estas obsequien a ellos con un libro.Sant Jordi (San Jorge) es el patrón de países como Inglaterra, Georgia, Etiopía, Bulgaria o Portugal y en España de las comunidades de Aragón y Cataluña y de ciudades como Cáceres y Alcoy. La gesta de leyenda en la que San Jorge salvó de morir a una princesa enfrentándose y dando muerte a un dragón, alimentó en la Edad Media el ideal del amor caballeresco y el papel de los caballeros como protectores de sus amadas. En Cataluña es patrón de enamorados y tradición que estos regalen a ellas una rosa roja, como las que, según la leyenda, brotaron del corazón del dragón cuando fue atravesado por la espada de San Jorge.

Lo que se conoce de este santo es fruto de leyendas y tradiciones. Habría nacido en el siglo III en Capadocia (Turquía), hijo de agricultor (Jorge en griego significa “que trabaja la tierra”) o de militar, lo que explicaría su dedicación a las armas, siendo el caso que abandonó estas para alistarse en el “ejercito” de Jesucristo, lo que le enfrentó a Roma. La persecución de Diocleciano a los cristianos le habrían deparado la muerte en martirio tal que el 23 de abril del año 300. Aunque en el monasterio de Ripoll ya se consagró un altar a San Jorge en el año 1032 y en Lloberes en 1053, en Aragón y Cataluña la devoción a San Jorge se extendió a raíz de la batalla de Alcoraz, cerca de Huesca, del año 1096,  entre cristianos y musulmanes. El asedio de las tropas aragonesas se complicó con los refuerzos sarracenos llegados de Zaragoza. En el combate muere el rey Sancho Ramírez y ya con su heredero, Pedro I de Aragón y de Pamplona, al frente de las tropas la tradición señala que fue la aparición de San Jorge en el campo de batalla la que condujo a los cristianos a la victoria. El monarca hizo al santo patrón de la caballería y de la nobleza catalana, razón por la que surgieron diferentes órdenes caballerescas de Sant Jordi y durante siglos estuvo vinculado a las altas esferas sociales.

En 1456 la Generalidad de Cataluña declaró festivo el 23 de abril, fecha del martirio de San Jorge, y consagró una capilla en su honor y en 1667 el papa Clemente IX aprobó oficialmente su festividad en Cataluña, aunque hoy en día sea laborable.

Sant Jordi
Caseta de la Librería Española en la Rambla, 1933. Foto: AFB. Pérez de Rozas

Hace tiempo era costumbre que se representaran obras teatrales sobre la vida del santo, bailes y procesiones. En la comarca del Empordà se dice que hace siglos era tradición que los mozos en edad de casarse se despertasen temprano para entrar en las casas de las chicas y que si estas aún dormían fueran invitadas a la fuerza a salir a bailar a la calle, lo que, para evitar no ser sorprendidas, las obligaba ese día a levantarse aun más temprano que ellos. De la hazaña legendaria de Sant Jordi queda la tradición antigua de que los hombres regalen una rosa roja a su amada, siendo mucho más reciente, del primer tercio del siglo XX, la costumbre de que ellas devuelvan el obsequio regalando un libro.

Ello se explica en la coincidencia de la fiesta de San Jorge con la celebración del Día del Libro, que comenzó el 7 de octubre de 1926 en conmemoración del día de nacimiento de Miguel de Cervantes. La idea fue del escritor y editor valenciano, afincado en Barcelona, Vicent Clavel Andrés que la propuso a la Cámara Oficial del Libro de Barcelona. El 6 de febrero de 1926, el gobierno de España presidido por Miguel Primo de Rivera lo aceptó y el rey Alfonso XIII firmó el Real Decreto que instituía la Fiesta del Libro Español. En 1930 se acordó cambiar la fecha trasladándola al 23 de abril, día del entierro de Miguel de Cervantes, en el año 1616. En 1995, la Unesco instituyó esta fecha, en la que murió William Shakespeare, también en 1616, como el Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor.

Cataluña entera vive la jornada como reivindicación de su identidad. Así en muchos balcones se exhibe la bandera catalana (senyera) y en cantidad de tiendas y tenderetes se venden crómos, llaveros y otros enseres con ella, que luce también, con sus barras rojas y amarillas, en otros muchos motivos, incluidas tartas.

Sant Jordi
Puestos de libros y flores en las Ramblas

En Barcelona se multiplica el bullicio habitual. La ciudad se transforma en un hervidero de miles y miles de personas que pasean por las calles entre puestos de flores y libros en un ambiente apacible, especialmente en el centro de la urbe y sus espacios más emblemáticos como las Ramblas, la Plaza de Cataluña o el Paseo de Gracia. Este último acoge la presencia de numerosos escritores venidos incuso de otras parte de España, que en ese día acuden a las librerías ambulantes para firmar sus libros y charlar con los lectores.

Para amenizar la jornada se celebran conciertos gratuitos o de pago en distintos lugares de la ciudad, añadiendo un toque de ambiente festivo a tan singular efeméride.

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