Efectista ‘Enseñanza libre y La Gatita blanca’ en La Zarzuela

“Muy bien por el Teatro de la Zarzuela por la arriesgada apuesta en Enseñanza libre y La Gatita blanca

Se ha estimado que al ver a alguien comunicar, un 10% de las neuronas que se activan en nuestro cerebro están asociadas a el lenguaje, un 30% al tono del sonido y un 60% a la visión. Es decir, que aproximadamente un 90% es ‘forma’ y tan solo un 10 ‘fondo’. Todos nos damos cuenta de que escuchamos canciones en otros idiomas, gustándonos a pesar de no entender lo que dicen; no digamos ya los vídeo-clips… Afortunadamente para la industria del espectáculo somos más ‘seres sintientes’ que ‘seres pensantes’; nuestros sentidos aceptan mucho más de lo que nuestro cerebro asimila y recuerda. En la lírica, los espectáculos de ópera en italiano y las interpretaciones de lieders (canciones en alemán) encantan a personas de todo el mundo a pesar de no resultarnos a muchos comprensibles. Esta idea surgió en mi cabeza cuando salía el sábado del estreno de ‘Enseñanza libre y La Gatita blanca’ en el Teatro de la Zarzuela; mi acompañante me criticaba algunos de los conceptos sociales transmitidos en los textos y yo le contestaba, si… algo anacrónico, pero me ha entretenido y me he reído; y, además, mucho. Un espectáculo que se me ha quedado grabado en la memoria; ¿porqué?

Confieso mi sorpresa al entrar en el patio de butacas y contemplar como estaba enteramente vacío (salvo un extremo, en el que estaban sentadas algunas miembros del plantel y un espacio habilitado para la orquesta); el público ocupa en éste espectáculo una grada situada dentro del escenario. La visión del Teatro la Zarzuela desde la perspectiva de los artistas me ha quedado grabada; imponente. Memorables resultan los efectos escénicos planteados por Daniel Bianco y Enrique Viana, desde la desaparición del primer escenario que da lugar a un espectacular ‘suelo’ en forma de gigantesco espejo, las evoluciones de la enorme y emblemática lámpara del teatro y más sorpresas. Los espectáculos -sobre todo- deben de sorprender, solo así se consigue el resultado de trasladar al espectador lejos de su cotidianeidad. Dentro del alto nivel habitual de los vestuarios de las representaciones en el Teatro de la Zarzuela, los que Pepe Corzo ha preparado para Enseñanza libre y La Gatita blanca me resultaron especialmente gratos, no solo por su calidad si no también por su originalidad; subrayando el patetismo de los catetos hasta la provocación máxima de la risa y la ridiculización de los personajes.

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Lo cierto es que la función doble es muy entretenida, con momentos francamente ridículos, absurdos y…. divertidos; prueba de ello es que la gente se ríe con ganas. En éste sentido la labor de adaptación de Enrique Viana ha sido eficaz, pues no solo hila bien ambas funciones y ofrece unos gags actualizados, así posibilita un argumento para que brillen la música de Gerónimo Giménez y la mencionada escenografía. El concepto de ‘Apropósito cómico’ me resulta enteramente ajustado a lo que vimos; quien esperaba una zarzuela pudo sorprenderse, quien se informó previamente acerca de lo que iba a ver en Enseñanza Libre y La Gatita Blanca, no. Una función al estilo de ‘revista musical’ divertida y original.

Muy bien por el Teatro de la Zarzuela por la arriesgada apuesta; hay que reformular las obras de una época con unos valores sociales afortunadamente superados, pero sin renunciar a los valores musicales intemporales que envolvían a algunos textos hoy difícilmente digeribles. Lo mismo me pasa con algunas tragedias griegas y tragicomedias hispanas ¿cuanto de nuestra sociología reflejan? (a pesar de que en todos los programas los directores nos escriban acerca de ‘valores inmortales’, ‘gran actualidad’ y otras pretensiones a mi juicio no justificadas). En cuanto al planteamiento escénico, el teatro público está para estas actuaciones audaces: reducir drásticamente el aforo, con un enorme esfuerzo técnico y económico. La crítica que esta función se merece se centra en la dificultad de entender algunos diálogos desde las últimas filas de la tribuna situada en el escenario; yo estuve sentado en la fila doce, muy al final, y entiendo las dificultades de seguir el argumento que tuvimos mi acompañante y yo. Tal vez convendría aumentar el volumen de los altavoces que nos trasladaron los diálogos que tenían lugar en el lejano patio de butacas. Pero a pesar de esto, Enseñanza libre y La Gatita blanca son totalmente recomendables.

Texto de Ignacio Suárez-Zuloaga.

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