Tierra de Fuego en las Naves del Español

Las Naves del Español no dejan de sorprendernos. Esta vez es la obra Tierra de Fuego de Mario Diament, dirigida por Claudio Tachir la que nos invita a hacer una profunda reflexión sobre la necesidad de dialogo y la empatía utilizando como telón de fondo el conflicto palestino – israelí.

Inspirada en un hecho real, Tierra de Fuego nos traslada a la vivencia de la azafata Yulie Cohen Gerstel, que fue víctima de un atentado terrorista en el aeropuerto de Heathrow, perpetrado por dos palestinos  en el que fallecieron decenas de personas, entre ellas una de las compañeras de la Yulie. Su director nos comentaba que lo importante de esta obra es la empatía y el vínculo que hace sentir al espectador y estoy totalmente de acuerdo con esa afirmación, pues muchos de los que estábamos en la sala no dejábamos de hacernos preguntas queriendo comprender todo lo que estábamos viendo. La habilidad del autor para conducir al espectador a sus mensajes fuerza es extraordinaria.

Con respecto a la escenografía se nos presenta un escenario “sobrio y minimalista”, que refleja un espacio simbólico, donde se solapan las voces de los seis personajes y que su vez dan paso a diálogos muy profundos, donde no hay víctimas ni verdugos, sino personas. Este hecho obliga al público a estar muy pendiente de las afirmaciones de los protagonistas, ya que en muchas ocasiones se entrecruzan varios diálogos y si el espectador no está inmerso en la trama puede perder el hilo de las conversaciones.

En cuanto a las interpretaciones cabe destacar el excelente trabajo de Alicia Borrachero, que da vida a Yael, la protagonista de la historia. Su gran capacidad expresiva, nos muestran a un personaje lleno de incertidumbres, que no es capaz de vivir en paz consigo misma y que representa a la perfección el proceso de búsqueda y reflexión interna que pudo vivir la victima real. La protagonista, comparte escenario con Tristán Ulloa, su marido en la obra, Abdelatif Hwidar, Malena Gutiérrez, Juan Calot y Hamid Krim que también realizan una gran actuación. Me llamó la atención positivamente, el hecho de que en esta obra  se presenta a todos los personajes en una situación de igualdad, todos tienen algo que decir y por ello exponen sus argumentos y razones. Otro elemento rompedor es que también se presenta la idea de que un terrorista puede llegar tomar otra conciencia de sus actos, pues en la mayoría de representaciones esta realidad no se muestra.

Resumiendo esta obra tiene todos los elementos sobre una realidad tan conflictiva y a la vez tan presente como es el terrorismo, pero mostrada de una forma totalmente distinta a la que estamos acostumbrados. En definitiva, mis sensaciones al salir del Teatro Abadía es la de quien ha visto una obra sorprendente que invita a pensar mucho sobre el gran valor que pueden llegar a tener las palabras a la hora de conseguir la paz interior consigo mismo y con todo lo que le rodea.

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