Sorprendente “Musical Hércules” en el Teatro La Latina

Enorgullece comprobar que los autores españoles han perdido todo complejo frente a los maestros de Broadway y arriesgan como el que más en la concepción de una obra musical. Después de su estreno éste verano en el Teatro Romano de Mérida, el Musical Hércules que se representa en el Teatro La Latina es una obra extraordinariamente atrevida. Se puede encontrar un argumento rico y variado, con números circenses y actuaciones de ballet, una tragedia griega, una introducción a la compleja mitología, empleo de estereotipos y lugares de España, una música pegadiza… Muchísimos ingredientes y de lo más variado; generalmente, un peligroso caldo de cultivo para el pastiche y la sucesión de «paridas» y gesticulaciones efectistas. Pero no ha sido así, si no todo lo contrario.

Comencemos a analizar el Musical Hércules, pues esto nos ayuda a valorar mejor y disfrutar una obra singular. Nuestro Hércules combina dos historias superpuestas —la representación circense de la vida del héroe griego y el drama personal del propio héroe que forma parte de la troupe circense— que se retroalimentan; pues cuando la espectacularidad y comicidad de la trama principal empieza a cansar al espectador… irrumpe por sorpresa la tragedia para incorporar esa tensión que permite mantener la atención del público. La capacidad de sorprender es a mi juicio la esencia de toda obra escénica moderna; pero es difícil de encontrar en un show musical (donde la música y la interpretación se anteponen a la inteligencia del argumento).

A diferencia de la mayoría de las obras actuales, el número de gags y chistes fáciles del Musical Hércules son escasos, consiguiéndose la comicidad por la propia inercia del conjunto de diálogos. Las «paridas» del texto, invocando asuntos de actualidad para conseguir la risa cómplice del espectador menos sofisticado (y deseoso de reirse, pues a eso ha ido a la función) son también inofensivas; caen muy poco en el habitual lenguaje soez que suele emplearse al referirse a temas sexuales. En un argumento en el que el amor y el adulterio son elementos clave, el recurso a la ordinariez a través de lo explicito resulta mucho más contenido de lo habitual en nuestros escenarios; un ejemplo de que se está aprendiendo de la sutileza habitual de los autores de musicales norteamericanos e ingleses (que en sus shows y películas saben sugerir sin herir sensibilidades).

La rápida mezcla de zonas geográficas y periodos históricos también es resuelta con éxito en el Musical Hércules. Consiguen mezclar sin que chirríen personajes de hace tres milenios con estereotipos españoles como la andaluza o la gallega de acento cerrado y lugares de la Grecia Clásica con otros de nuestra Península Ibérica. Va más allá del guiño al espectador español, lo cual necesitará de una adaptación cuando esta pieza se represente en el extranjero. En resúmen, que sus autores —Ricard Reguant y Miguel Murillo— se han lucido con éste texto.

En cuanto a la representación en si, la calidad del texto y de la coreografía del importante componente circense de la obra se notan en la sólida actuación del conjunto de los intérpretes. El gran cantante Pablo Abraira sale de su retiro para aportar a la función la clase de un artista que tuvo y retiene el poder de quien sabe llegar al espectador con su voz y su presencia; es un Hércules “mayor” convincente, que sabe sacar partido a las escasas canciones que interpreta (que pena que no cante más). Muy bien están también las actuaciones de Paco Arrojo —que representa a dos personajes, el director del Circo y Zeus— y Victor Ullate Roche, como Yolao (el fiel amigo y compañero de fatigas del jóven Hércules). El difícil  papel de jóven Hércules es interpretado por Javier Pascual, un artista que no había visto hasta ahora y que actúa espléndidamente. Tampoco desmerece la actuación de la féminas, especialmente Clara Alvarado. Esta última, hace una excelente interpretación de sus canciones.

En resúmen, una obra muy entretenida, redonda; y apta para ir con niños y abuelos… De esas que merecen ser seguidas con la máxima atención, pues hay muchísimo que disfrutar. A ver si vemos más como esta en nuestros escenarios.

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Comentarios

  • Carlos Siento 13 noviembre, 2015 at 1:50 pm

    Qué pena no haber ido el mismo día que el autor de esta crítica. El día que fui yo fue todo lo contrario, casposillo, previsible, Paco Arrojo gorgoreando por doquier, Javier Pascual deambulando en cada número de baile (pero demuestra saber hacer el pino) por el escenario “sin olerlas”. Lo de la gallega y la andaluza (muy mal imitados los acentos) es la muestra de la caspilla que desprende el conjunto. Cierto es que el final de la función se viene arriba, gracias a Hércules Abraira y a una Afrodita deliciosa interpretando una canción para enmarcar.

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