El teatro: hogar del supersticioso

Si va al teatro tenga presente que nada de “suerte”, ni de claveles, ni ninguna prenda amarilla… El mundo de la farándula es tremendamente supersticioso por naturaleza.

Igual que algunos deportistas, hay intérpretes con manías personales de lo más particulares. Hay a quien no le puede faltar su anillo de la suerte, quien se santigua varias veces antes de entrar a escena, el que pisa el escenario siempre con el mismo pie… hay para todos los gustos.

Pero existen una serie de supersticiones globalmente aceptadas y conocidas en el mundo del teatro. Son comunes para la gran mayoría de actores y tienen una larga tradición. ¿De dónde vienen estas supersticiones? ¿Qué historias encierran las supuestas causas de la mala suerte sobre las tablas?Estas son algunas de las curiosas –cuanto menos- supersticiones del teatro y sus orígenes.

Prohibido el color amarillo.

Esta creencia se remonta al siglo XVII, cuando el dramaturgo francés Molière estrenó la obra El enfermo imaginario vistiendo de amarillo. A mitad de la función se empezó a sentir muy mal y poco después, murió en su casa.

Desde entonces el amarillo está proscrito en el escenario, sino, que se lo digan a Oscar Wilde. El inglés no pudo estrenar Salomé en Gran Bretaña hasta varias décadas después de su publicación. ¿La razón? El decorado imaginado por el autor era en unos “espantosos” tonos amarillos. Esta creencia traspasó los muros del teatro y ahora el amarillo es el color gafe por excelencia.

teatro hogar supersticioso

Rechazo a los claveles

Las flores en el teatro encerraban un mensaje. Concretamente, era una forma que tenían los empresarios de comunicar una renovación o un despido. Si un actor recibía una rosa de su productor ¡enhorabuena!, le habían renovado el contrato. Por el contrario, si recibía un clavel debía hacer las maletas, no habría renovación.

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Dame mierda y quítame suerte

Antes de la invención del automóvil, las clases adineradas se movían en coches de caballos. ¿Y qué sueltan los caballos? Exacto. La acumulación de excrementos a las puertas de los corrales de comedias era un signo inequívoco de que mucha gente iba asistir a la función. Los actores no esperaban suerte, esperaban mierda. De modo que si usted quiere ser educado –y por paradójico que resulte- no le desee suerte a un actor, deséele mierda. ¡Y cuanta más mejor!

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Siempre se deja encendida alguna luz

Una superstición bastante superada, aunque muy conocida. Nunca se debe hacer un oscuro total en el escenario. Siempre se debía dejar una luz encendida, por tenue que fuera. Las historias de fantasmas y espíritus abundaban en el mundo de las tablas. Dejar el escenario a oscuras suponía dar a los fantasmas vía libre para vagar por el teatro. El fantasma de la ópera es la obra que mejor refleja esta superstición.

El teatro evolucionó y venció sus miedos. Ahora es bastante normal encontrarse con un oscuro total en el teatro, aunque con precaución. Un oscuro total puede confundir al espectador y sugerirle que la obra ha acabado, por lo que es un recurso que los directores usan con cautela.

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Nada de espejos

Si hay un objeto maldecido por la suerte, ese es el espejo. Siete años de desgracias le aguardan al que rompa uno. El teatro no podía desligarse de esta creencia y los repudia. Aunque en este caso tiene una razón más técnica que de mal fario. Un espejo en el escenario puede causar problemas de iluminación y confundir tanto a los actores como al público. También se dice que antiguamente los evitaban para que el artista no cayera en el narcisismo y perdiese el hilo del guion por estar más pendiente de su imagen.

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Macbeth, obra maldita

Hay quien le tiene tal miedo que se refiere a ella como «la obra escocesa». Existe incluso un ritual en el caso de que alguien pronuncie el título de la obra. Para limpiar la maldición hay que salir del teatro, escupir en el suelo, girar sobre sí mismo tres veces y pedir a gritos poder volver a entrar en la sala. El origen de esta aversión no está del todo claro. Hay quien culpa al propio Shakespearepor incluir conjuros y maldiciones auténticos en el libreto. Otros decían que a las brujas reales no les gustó el trato recibido en la obra y la maldijeron. Y los más prácticos esgrimen otro argumento: hay tanta violencia y armas en ella que es fácil que surjan accidentes.

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Por favor, apaguen el móvil

Igual que los espejos, no es tanto una superstición como una razón práctica. No es solo una cuestión de sonido. La luz de un ‘smarthphone’ en el patio de butacas incordia terriblemente a los actores. Es como si de repente alguien se enfoca una linterna a la cara. Distrae al actor y puede hacerle perder el hilo. Lo mismo se puede decir de una vibración. Hay móviles que vibran con tal intensidad que se oyen en todo el teatro.

Conclusión: ¡apaguen el móvil! Ni silencio, ni modo avión, ni historias… ¡apáguenlo! Si es usted incapaz de estar dos horas sin mirar sus mensajes, puede plantearse no ir al teatro.

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