Muñeca de Porcelana: José Sacristán versus Al Pacino

Resulta insólito que la obra más esperada de la temporada de otoño 2015 en Broadway sea adaptada y representada solo tres meses después en Madrid; una muestra más de que nuestro teatro está como nunca. Y tras las encendidas críticas cosechadas por esta función del afamado dramaturgo David Mamet y protagonizada por la super-estrella Al Pacino, el deseo de comparar se convierte en irresistible ¿Cómo quedarán los nuestros frente a las luminarias internacionales? Preferí leerme la crítica del New York Times y ver los trailers después de asistir a la obra dirigida por Juan Carlos Rubio, adaptada por Bernabé Rico y protagonizada por Pepe Sacristán y Javier Godino.

La Muñeca de Porcelana trata de un robber baron norteamericano (que equivaldría a algo así como magnate-ladrón-`barón´); personificación de desaforado dinero e inconfesable influencia. La clase de personaje cuyas tropelías pueden medirse por el tamaño de su fortuna y la cantidad de universidades, fundaciones y obras de caridad con las que suelen tratar de lavar su imagen al envejecer. En éste caso el protagonista está todavía en plena forma a pesar de que ya pinta canas, algo que se debe al amor de una jovencita extranjera: la muñeca de porcelana china que da nombre a la obra.

Se trata de un cuasi-monólogo agotador para el protagonista principal, pues durante dos horas el magnate absorbe toda la atención del espectador, que debe de —además— imaginar las actuaciones paralelas de personajes ausentes, pero determinantes en la acción. Su única contraparte en escena es el asistente. Simbólicamente, el ayudante de alguna forma representa lo que el mismo protagonista fue hasta que llegó a la posición de que ostenta; indicando la continuidad de esta clase de roles sociales, pues el ayudante está llamado a sucederle al frente de la empresa cuando el magnate se retire. El crápula principal va preparando al acólito mediante unas entretenidas lecciones de despotismo y manipulación, acompañadas de humillaciones para quien las recibe. El argumento resulta muy difícil de seguir con precisión, porque en escena solo hay dos actores que hacen referencia a otros cinco personajes que ni han sido suficientemente introducidos ni llegan a aparecer; todo se basa en el cuasi-monólogo del magnate y en lo poco que se llega a entender de las conversaciones de su asistente. La rápida y sorpresiva sucesión de acontecimientos hace todavía más difícil entenderlo todo; esta treta teatral de mantener la atención del espectador a base de complicación y velocidad puede convertirse en barrera infranqueable para quien no entienda el tóxico ambiente de poder y negocios en un país como Estados Unidos. La debilidad del texto fue muy criticada por el New York Times y demás periódicos neoyorquinos al estrenarse. Para orientar al aficionado, la idea fuerza principal es que el poderoso parte de una posición de poder que se va desmontando poco a poco por la acción de interlocutores no presentes, deteriorando en paralelo la relación del déspota con su acólito. El texto tiene también importantes virtudes, como la exacta descripción de un ambiente real, así como la transmisión al público de dos sentimientos contrapuestos y complejos: por una parte, el espectador va simpatizando con el duro correctivo que el protagonista va recibiendo conforme avanza la obra, y por otra, queda en el ambiente una cierta compasión por el déspota capaz de destruirlo todo pero también dispuesto a sacrificar mucho por salvaguardar aquello que le inspira y humaniza: su amor por la muñeca de porcelana.

Como suele ser habitual, la interpretación de José Sacristán es excelente; con una contención gestual que me parece bastante más creible que lo que le he visto en vídeo a Al Pacino. Por lo visto en los vídeos, Al Pacino sobre actúa un poco dando sensación de pérdida de control demasiado pronto. Me convence más Sacristán. Muy bien también la actuación de Javier Godino en el papel del ayudante que demuestra haber sido un buen alumno del tirano al que sirve. Otro aspecto criticado de la representación de Muñeca de Porcelana en Nueva York fue el atuendo del protagonista, mezcla rara del que viene de una fiesta; en cambio, el vestuario de Sacristán es sobrio y adecuado, propio de quien viene a su casa desde el trabajo. También se criticó en Nueva York el decorado del lugar de la acción; mientras que la escenografía realizada en Madrid por Curt Allen Wiler es muy sobria, incluso monótona. Se trata del típico loft de decoración ultramoderna con numerosos armarios en los que está el inacabable guardarropa del protagonista, así como dos de sus pasiones: el alcohol y el dinero (una caja fuerte enmascarada). Todo está orientado a enfatizar el cuasi-monólogo del protagonista, titánica tarea que José Sacristán resuelve (a pesar del texto con tantos sobre-entendidos).

Mi impresión final es que es una obra muy interesante, a la que ser re-escrita le haría bien. Intuyo que la adaptación de Bernabé Rico clarifica algo la trama, porque a mi me resultó su versión menos incomprensible que la criticada en su pre-estreno; `nuestra´ Muñeca de Porcelana es difícil de seguir, pero no imposible. Para hacer más comprensible la interacción con los personajes no presentes, tal vez convendría emplear otros recursos escénicos ¿una vídeo-conferencia que nos permita visualizar otros personajes no presentes? También puede aparecer en escena algunos de ellos, pues son muchos más los que no están que los que están. Una función inquietante y muy de actualidad, en la que la versión española que yo vi pudo estar por encima de la original. Para eso el equipo de Juan Carlos Rubio se debió de estudiar la función y las críticas…

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