Miguel del Arco: “Tu abuela no tiene que entender esto”

Entrevista al director Miguel del Arco

En los pasillos del Pavón se derrocha simpatía. El responsable de prensa, los acomodadores, la actriz Miriam Montilla, que se pasea rulo en pelo a falta de 40 minutos para salir al escenario… todos muestran la mejor de sus sonrisas. “En seguida bajará Miguel, está con otra entrevista”. De fondo, se oyen las pruebas de sonido para la función de Misántropo. Una versión renovada del gran clásico de Molière, que narra el eterno conflicto humano entre la sinceridad y la hipocresía, sin olvidar -de paso- el amor.

Efectivamente, baja Miguel. Estrecha la mano con firmeza y mirando a los ojos. Es muy alto, pasa del metro ochenta. Calza zapatillas y lleva vaqueros estrechos. Peina canas, pero emite juventud. Según El Mundo es uno de los 50 homosexuales más influyentes de España. Ya pasados los 50 años de edad, este madrileño se embarca en la aventura de tener su propio teatro, tras haber conquistado escenarios y pantallas con rotundo éxito. “Vamos para arriba. Tengo hasta menos cuarto”. Nos sobra tiempo, más si tenemos en cuenta cómo se expresa. Su sinceridad es desbordante y despreocupada, da gusto oírle hablar. Ni un pelo en la lengua.

Pregunta: ¿Cómo surge la idea del Pavón Kamikaze?

Respuesta: Estábamos buscando un teatro para una producción de la compañía, que era Idiota, dirigida por Israel Elejalde. Y Jordi [Buxó, el productor] dijo: “oye, el Pavón se queda libre…” Efectivamente, se marchaba la Compañia Nacional [de Teatro Clásico] de vuelta al Teatro de la Comedia y planteó la posibilidad: “¿y si miramos a ver cuánto piden?”. Me eché a reír cuando me lo dijo porque me pareció imposible. Lo que pasa es que Jordi y Aitor [Tejada] son dos grandísimos productores, hicieron sus números y dijeron “es una locura pero creemos que puede ser posible”. Y aquí estamos. Ha sido fruto de una inconsciencia más, que es algo muy característico en el devenir de esta compañía.

P: ¿Está funcionando como esperaba?

R: ¡En realidad yo no esperaba nada! No sabía lo que tenía que esperar porque nunca he tenido un teatro. Yo lo único que espero es que podamos hacer teatro.

P: Pero usted ha hecho una inversión…

R: Claro, hemos hecho una inversión. Si me preguntas si estoy ganando dinero, la respuesta es no.Estamos empezando un proyecto que es un sueño acariciado… muy, muy especial y con toda la energía puesta en que esto salga adelante. Ahí estamos y creo que somos ambiciosos, disciplinados y rigurosos, y al final lo sacaremos adelante, cómo no.

P: Cine, teatro o televisión. ¿Con qué se queda?

R: No tengo por qué elegir. Lo de elegir entre papá y mamá me parece una salvajada brutal. No elijo.Ahora estoy haciendo teatro, mi vida está consagrada ahora mismo a levantar el Pavón, y que en breve sea un proyecto que pase mucho menos por mí. Es decir, yo no quiero hacer un teatro para mayor gloria de Miguel, ni siquiera para Kamikaze. Quiero que sea la casa de mucha gente. Quiero que sea la casa de muchos directores, dramaturgos y productores, y que llegue un momento en que yo llegue a mi teatro, pero no tengamos que estar tantas horas para sacarlo adelante.

Y en ese tiempo yo podría volver a hacer cine, porque he hecho una película [Las furias, estrenada el año pasado], fue una experiencia fascinante y me gustaría repetir. Y también volver a la televisión, que fue un proceso duro… Yo creo que la tele me dio la disciplina de la escritura y estoy muy agradecido. No querría volver tal y como yo estaba en su momento, pero sí que ahora están cambiando las formas de hacer las cosas en la tele, y ahí sí que me gustaría estar. 

P: Eso es una sorpresa, ¿las cosas están cambiando en la tele?

R: Yo creo que sí. Fundamentalmente hay productoras que se están dando cuenta de que hay que empoderar y hay que escuchar muchísimo más a los guionistas. Sin guion no hay absolutamente nada. Ya se están dando cuenta de que hay que pagarles bien y que hay darles tiempo para que escriban. En eso está cambiando, poco a poco, pero cambia, también gracias a las nuevas plataformas.

Antes nos pedían que hiciéramos una serie que contentase a todo el mundo. Eso es la muerte de la ficción. La típica frase que le decían al guionista: “esto mi abuela no lo entendería”. Pues a lo mejor tu abuela no tendría que entenderlo. Yo qué sé, imagínate una serie que va de ‘youtubers’ y tu abuela jamás se ha conectado a Internet… Evidentemente, no lo entendería. Lo mismo digo una abuela que un chaval, todo depende de lo que ofrezcas. Una serie como Los Soprano [la mejor de la historia, según la Rolling Stone] pues no está hecha para todo el mundo. Todas estas series americanas que nos encantan no están hechas para todo el mundo. Hay gente que no entenderá el mundo fantástico de Juego de Tronos, y no pasa nada. Sigue triunfando igual.

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P: Dirigir actuar o escribir. ¿Con qué se queda?

R: Te digo lo mismo. Yo creo que soy un director que escribe… actuar ya no, es algo que no echo en falta… yo fui un actor muy pudoroso en algunos momentos y me gusta mucho más la parte creativa. Creo que Refugio es el primer texto en el que he amordazado al director para que no tuviera nada que decir al autor [él fue ambas cosas, autor y director de esa obra]. El autor ha hecho lo que le ha dado la gana. Y eso, poco a poco voy aprendiendo. Yo soy un hombre de acción, a mi me gusta el teatro, me gusta la compañía, y poco a poco voy aprendiendo a disfrutar de la escritura.

P: Se habla mucho de la precariedad de los actores. ¿Es igual para los dramaturgos?

R: Sí. En el teatro es precario casi todo. Para el dramaturgo estrenar una obra es algo que lleva mucho tiempo. Es un camino muy largo sacar una obra adelante.

P: ¿Qué hace falta para ganarse la vida en el teatro?

R: Mucha suerte.

P: ¿Sólo suerte?

R: Es un componente básico. Hay muchísima gente con talento que nunca ha hecho nada, por mil razones. Hay que trabajar y querer aprender, pero factor indispensable: suerte.

P: Cambiando de tercio, ¿qué opina de las declaraciones de Miren Gaztañaga en la ETB?

R: Me parece que tendemos a sacar todo de contexto, que nos la cogemos con papel de fumar y nos olvidamos del humor con una facilidad pasmosa. Parece que tenemos la obligación de tener una opinión de todo ¡y además a la voz de “ar”! Yo veo a esta gente que comenta las cosas a diario en televisión y pienso: ¿cómo pueden tener una opinión tan absolutamente formada, tan vehemente, tan beligerante, tan en oposición con los que hablan a su alrededor? Yo escucho muchas cosas y digo: “ah, pues sí. Opino como tú”. De repente salta otro con otro argumento y digo: “ah pues también es verdad…” Yo no debo tener personalidad… Entonces, estoy harto de tener que opinar de sobre todo.

He leído, es imposible no haber leído sobre este tema si se está mínimamente informado…. He leído las barbaridades del boicot a la película porque esta chica dijera… Me parece completamente absurdo, en un mundo de mierda como el que tenemos que perdamos tantísimo tiempo, tantísimos ríos de tinta y tantísimas preguntas alrededor de cosas que son absolutamente banales, que para mí carecen absolutamente de importancia.

P: ¿Qué tiene usted de Misántropo?

R: Lo dice Filinto [personaje amigo del protagonista] en la función: al final el uso práctico de la vida nos convierte a todos en misántropos, porque nos vamos dando de bruces con la libertad de los demás, con sus opiniones… y eso nos convierte un poco en políticos… ¡digo, en misántropos! En qué estaría yo pensando… [risas] Luego es la filosofía la que nos ayuda a encontrar un término medio para poder convivir. Yo confío mucho en el ser humano… en el humor, en el aprendizaje, en la compasión… Aunque claro, también tengo días como Alcestes [protagonista] en los que reniego de la raza humana y quiero mandarlo todo a la mierda.

P: Yo no le conozco, pero le veo mucho más Filinto que Alcestes, por la amabilidad con la que me atiende.

R: Bueno eso es porque procuro ser una persona amable, y mucho más con la gente que viene a mi teatro y muestra interés. No cuesta nada sonreír [y sonríe].

P: Por último, ¿qué proyectos se avecinan en el Pavón Kamikaze?

R: Pues ahora estamos con la función de El amante, en abril estrenamos una adaptación de Blackbird, del autor escocés David Harrower. Mayo lo vamos a dedicar a la danza y en verano haremos Arte, de Yasmina Reza.

-Muchas gracias por atenderme, Miguel.

-Muchas gracias a ti, Jaime. Me bajo corriendo…

Foto principal: Antonio Castro

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