Losers en el Teatro Bellas Artes

Cuando están bien recogidas y exageradas en la escena, las inseguridades de las personas pueden dar lugar tanto a la ternura como a la carcajada. Esta obra de Marta Buchaca proporciona abundantes cantidades de ambas a los espectadores que se acerquen a ver Losers en el Teatro Bellas Artes.

Una representación en la que el entorno 2.0 tiene un papel fundamental pues el teléfono móvil, Internet y las redes sociales desempeñan un papel central en las interrelaciones de los dos protagonistas. De alguna manera, el recurso a estos medios de comunicación mitigan las inseguridades de los protagonistas, pero también son causa de que en ocasiones se multipliquen, pues quedan más expuestos a las presiones que los agobian. El espectador sale de la sala bien concienciado del papel central de esos artilugios y todo lo que los rodea en nuestros quehaceres cotidianos. Divertidísima es la parodia del papel del funcionamiento de las operadoras de telefonía, que si bien conocida y repetida, en esta función resulta singularmente acertada y cómica.

De forma ocurrente —aunque en algunas ocasiones de modo un tanto forzado— se suceden con ritmo las etapas de una relación afectiva entre dos personas de mediana edad que no han encontrado la felicidad que buscaban. Un anhelo que empezaban a descartar, pero que recuperan al encontrarse. Con la complicidad de los espectadores, ambos van llevándonos por la sucesión de sentimientos que les van embargando a lo largo de las situaciones de la trama.

Unos creíbles intérpretes —María Pujalte y Guillem Clua— encarnan dos supuestos fracasados que van desvelándonos a lo largo de su actuación valores que pueden pasar desapercibidos para quien no se tome el suficiente tiempo para entenderlos. Con algunos equívocos propios de una comedia de enredo y algunas situaciones un tanto absurdas la sonrisa comienza a asentarse en la cara del espectador, aumentada hasta la risa con las situaciones cómicas de dos personajes que van ganando profundidad y simpatía conforme se entrelazan cada vez más sus vidas en el año de relaciones que está recogido en la representación. El ciclo conocimiento-enamoramiento-crisis-reconciliación habitual en el teatro fluye fácil y entretenido.

Se trata de una obra muy actual, con dos estereotipos que de alguna manera podemos asociar a personas del entorno urbano, y que es muy posible que cada cual pueda asociar a alguien que conozcamos. La actuación de los intérpretes es notable, sacándole todo el partido a sus papeles y desenvolviéndose con gran naturalidad por el escenario. El decorado tiene una doble adaptación que hace fácil la transición entre los dos actos que se han transformado en uno solo gracias al buen planteamiento del mismo y la ágil actuación de María y Guillem.

En resumen, una función entretenida que nos hará marchar a casa pensando en algunas personas que conocemos.

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