LOS VECINOS DE ARRIBA Teatro divertido e inteligente

La vida de Ana y Julio —un matrimonio actual, como los de la mayoría— resulta afectada por sus vecinos de arriba; estos han venido siendo una creciente molestia, pero su presencia en el domicilio conyugal representa un auténtico catalizador, provocando la eclosión de aquellos sentimientos y deseos que ambos venían reprimiendo. Llama la atención que el título de la obra no se refiera a sus protagonistas, si no a los agentes del cambio en su relación de pareja; pero es que son estos otros dos personajes los causantes de poner patas arriba la convivencia matrimonial. La pareja formada por los vecinos de arriba es abiertamente heterodoxa —incluso para los parámetros contemporáneos— pero, sin embargo, creíble; cuando uno se encuentra con unos diálogos tan inteligentes como los escritos por Cesc Gay, es posible admitir casi cualquier situación. Hay algo en el subconsciente del espectador que susurra a la razón ´déjate llevar´. Y es que la agudeza de los comentarios que Cesc Gay pone en boca de sus personajes, los cambios de ritmo de la acción (con aparentes situaciones serias que son rotas por golpes de humor e intercambios de respuestas imprevisibles) hacen que uno deje de pensar y vaya entregándose plenamente al divertido juego de ingenio entre los cuatro personajes puestos en escena. Es la magia de un excelente texto, que agarra poco a poco al público secuestrando su razón durante la función, transportándolo al ámbito en el que el creador se hace el dueño absoluto de la mente del espectador, consiguiendo que éste se identifique con personajes muy alejados de su situación personal, pero con los que de alguna manera consigue crear alguna clase de vínculo afectivo y admirativo, producto del placer de incorporarse al juego teatral. Al verse frente a una buena función el público se vuelve co-partícipe de la ficción que se representa en el escenario, el espectador llega a convertirse en una pieza más de una comunidad de complicidades que dura poco más de una hora, para luego disolverse para siempre. Es esta involucración personal de quien asiste a una representación teatral lo que hace del teatro un arte diferenciado de otros espectáculos, la proximidad física a los intérpretes y el juego de complicidades entre quienes actúan y los que han pagado por estar allí se concreta en la implicación personal del público en la trama. Ya se sabe que lo que ocurre sobre el escenario no es verdad; por ello, para que la magia escénica surta su efecto el espectador debe de poner de su parte una gran dosis de empatía y así todos contribuir a crear conjuntamente esa realidad alternativa que se mantiene hasta que baja el telón. Cuando el público se ríe a carcajadas es como una breve vuelta a la realidad, un reconocimiento implícito de que eso no puede ser verdad, pero también resulta una especie de mensaje de ánimo que los espectadores envían a los cómicos: `seguid, vais bien, queremos más´ parece que queremos decirles.

Los vecinos de arriba es una de esas obras en las que actores y actrices ponen de manifiesto su propia debilidad. Son protagonistas pero no dejan de ser un poco `público´ de sus compañeros de reparto. En varios momentos de la función a la que yo asistí Candela Peña, Pilar Castro, Xavi Mira y Andrew Tarbet se sonríen e incluso se ríen. Han interpretado esa pieza muchísimas veces, durante los ensayos han visto los errores interpretativos propios y de los compañeros, los han ido superando con las recomendaciones de Cesc Gay; pero al verles actuar a sus colegas les llega a entrar también la risa. Demuestran la humanidad del intérprete, dándole a la función teatral esa frescura de la que carece el cine o la televisión. Es el plus de autenticidad que aporta el arte escénico frente a la filmación. Respecto del reparto, estando todos muy bien me llamó la atención lo acertado que estuvo esa tarde Xavi Mira sobre el escenario; no puedo saber si todos los días está tan brillante, pero lo cierto es que se ganó mi admiración más completa. También resultó para mi una sorpresa la actuación de Andrew Tarbet, actor al que no había visto previamente. Y como toda obra humana, incluso el mejor teatro tiene también alguna debilidad. El único `pero´ que he apreciado en esta función está en el propio texto de Cesc Gay; una incoherencia que pasa desapercibida mientras uno está cautivo de la acción, pero que surge cuando el comentarista rememora lo visto para escribir un comentario como éste: si los vecinos están encima, difícilmente pueden llegar a ver por la ventana de la cocina de forma directa a la dueña de la casa de abajo, mirándola a los ojos; pero bueno, recordemos que todo debe de ser posible en el teatro, especialmente cuando la obra es tan buena como esta.

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