Los payasos son reyes y los reyes…

El mundo circense invade el escenario del Teatro de la Zarzuela en este segundo programa doble conformado por Black, el payaso y Pagliacci. Ayer por la noche, la platea estaba llena de un público entusiasmado y entregado con el montaje de estas dos obras que no defraudará a nadie. El recibimiento no podía ser mejor: el teatro se convierte en una carpa donde malabaristas, trapecistas y payasos rondan por las esquinas creando esa sensación de ficción dentro de realidad, que es el tema bajo el cual se reúnen estas dos óperas en un mismo programa.

Black, el payaso

Lo más reseñable de este montaje son sus intérpretes, en especial los dos payasos protagonistas: Black, interpretado por el barítono Fabián Veloz, y White, interpretado por el bajo Rubén Amoretti, dos voces enormes que han cautivado a toda la sala, consiguiendo una química inigualable a través de sus contrastes. La entrada de la princesa Sofía, que en esta función era María Rey-Joly, no podía ser más espectacular: cantando sobre un trapecio que baja al escenario. Tampoco hay que desdeñar a los intérpretes secundarios, que han desempeñado con convicción sus papeles: un Miguel Palenzuela muy tierno en el personaje del olvidado Zinenko, Trinidad Iglesias y Nuria Garcés Arrés. Por supuesto, Javier Galán hizo una labor espectacular en el papel de Carlos Dupont, el público estalló en aplausos nada más terminar la romanza del segador. Todos ellos bajo las atentas miradas de un estupendo Emilio Gavira, que fue nuestro maestro de ceremonias y el que manejaba los hilos de la historia. Hubo muchos momentos memorables, pero creo que el más notorio, por cómo está concebido, fue el final del acto tercero cuando White llama a jefatura por teléfono y una trompeta dialoga con él como si se tratara de un interlocutor al otro lado del auricular, aportando un tono cómico y restándole intensidad al drama.Por otra parte, las coreografías y malabares de Óscar Alba, Marisa Prada y Héctor Vázquez también levantaron aplausos.

I Pagliacci

De este montaje, lo que más llama la atención es la configuración del espacio escénico. La propuesta de María José e Ignacio García es bastante interesante. Aparte de que la ópera de Leoncavallo da ya mucho juego, los directores de escena han sabido sacarle su jugo. El momento mejor concebido ha sido en el segundo acto, cuando Canio y Nedda, que están en el escenario del camión interpretando, empiezan a discutir de verdad. En ese instante en el que a Canio le pueden los celos y deja de ser Pagliaccio, ambos se bajan del escenario: ahora la ficción deja de ser ficción para convertirse en realidad.

Por otro lado, los intérpretes están fantásticos. Repiten Fabián Veloz y María Rey-Joly, que están sublimes, nadie diría que llevaban una hora y media cantando en Black, el payaso. Fabián Veloz nos deleita cantando el prólogo de Tonio con elegancia y sencillez. María Rey-Joly nos ofrece una estupenda Nedda, odiosa y libertina como debe ser. Albert Montserrat, que interpreta a Canio, es un tenor de potentes agudos que se ganó al público de anoche. El genial barítono Carlos Bergasa hace un Silvio de antología y es un lujo poder escucharlo en directo.

Para todo aquel que quiera disfrutar de una auténtica velada circense que no se lo piense dos veces. Es de lo mejor que ha preparado el Teatro de la Zarzuela; un espectáculo que merece la pena ver. No dejéis pasar esta oportunidad.

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