Los lunes con voz: Erwin Piscator

La última charla de esta temporada de “Los lunes con voz” le dedicó ayer por la tarde una sesión a uno de los maestros de la dirección escénica teatral: Erwin Piscator. Con motivo de la presentanción del libro Erwin Piscator: teatro, política y sociedad de César de Vicente Hernando, Juan Antonio Hormigón, el propio César de Vicente, Luis Enrique Alonso y Mari Mar Gómez Aragón aprovecharon la ocasión para hablar de uno de los directores de escena más importantes de Alemania. La figura de Piscator está relacionada con el contexto histórico y el entorno social en el que vivió: contaba tan sólo con 21 años cuando vivió la primera Guerra Mundial y también sufrió la segunda Guerra Mundial. Por otro lado, los años 20 y los años 30 son unos años de efervescencia, y además de efervescencia revolucionaria. Es en este contexto donde Piscator estaba proponiendo la creación de un teatro político. Según decía Hormigón, “yo pienso que la política siempre ha estado presente en el teatro, pero creo que el teatro político emana de Piscator.” Piscator, dice César de Vicente, se forma en el marco de una guerra devastadora que supone el fin del proyecto ilustrado, el proyecto del progreso de la burguesía que había comenzado en el siglo XVIII y que terminaba de esta manera dramática. Era el fin porque lo que entraba entonces era una especie de coyuntura entre el proletariado y la burguesía. La cultura también estaba obligada a participar de ese antagonismo y lo que hace Piscator es formarse en esa coyuntura, que contribuyen a crear las líneas argumentales de sus dramaturgias y sus puestas en escena.

Piscator empieza haciendo un teatro del proletariado, de agitación y propaganda que es por otra parte lo que había en Alemania, en Francia, en la URSS e incluso en España. No era un teatro de reivindicaciones políticas, sino un teatro de demandas, concreta César. Hasta ese momento, el teatro había llevado a escena situaciones sociales problemáticas, pero no había pasado a convertir la escena en una escena de demandas. Por otro lado, Piscator milita en la corriente expresionista y después en el Nuevo Objetivismo, corrientes que trataban de buscar una respuesta a la transformación de la sociedad.En esta época es cuando comienza la aventura del Piscator-Bühne, que pese a fracasar económicamente, le permitió contar con un espacio escénico donde poder producir al ritmo y a las condiciones que él quería.

En el año 33, los nazis ascienden al poder con motivo de un golpe de Estado y no por ganar las elecciones, detalle en el que insistió César de Vicente, y esto obligó a que muchos alemanes se exiliaran, entre ellos el propio Piscator, que huyó a la URSS, pero debido a la precariedad se marcha a EE. UU., donde se ahce cargo de la Dramatic Workshop. Lo interesante de esta etapa en EE. UU. son una serie de artículos que escribió Piscator en los que confrontaba con el teatro estadounidense. Reproducimos aquí un párrafo de estos artículos que leyó César de Vicente:

En determinados círculos, a todo ello no se le llama teatro se le llama “showbusiness”, sólo cuenta lo que es susceptible de convertirse en negocio. Resulta impensable gastar dinero sin que se pueda recuperar y genere más dinero. Sin embargo, puede suceder que se cuente con recuperar el dinero, pero no se pueda recuperar. A pesar de la voluntad de negocio de los empresarios, el teatro no pasa de ser un negocio complementario. Al teatro en realidad, se juega igual que a la ruleta en Montecarlo, sólo que Montecarlo, comparado con las apuestas de Broadway, es un seguro de vida.

Después de la experiencia en EE. UU., regresa a a la RFA, donde se convierte en un director freelance: contratado para hacer adaptaciones, pero siempre sometido a las decisiones del director artístico. Entre ellas llegó a preparar un montaje de Guerra y paz, en el que se sucedieron hasta 6 versiones diferentes. Con esto, Piscator demostraba que una obra de teatro no es una obra que ya tenga una esencia final que se pone en escena y es única, sino que, al contrario, puede llegar a decir a la población cosas diferentes, dependiendo de cómo se trate ese material. Una de esas versiones tenía la característica de la iluminación desde abajo, recurso muy espectacular.

En su última etapa, Piscator fue contratado como director artístico de la Volksbühne en el que vuelve a sus orígenes, buscando un teatro documento, realizando una serie de trabajos muy pegados a la realidad de su época.

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