EXTRAORDINARIA “CALMA MÁGICA” EN EL TEATRO VALLE INCLAN DE MADRID

Muy de vez en cuando es posible salir de una sala de teatro perplejo por la función que se acaba de disfrutar. Esa es la sensación que tuve al ver la extraordinaria obra que ha escrito Alfredo Sanzol y está siendo interpretada por Equipo Tanttaka Teatroa; hasta el 9 de noviembre en la recoleta Sala Francisco Nieva del Teatro Valle Inclán.
La trama comienza en una poco propicia entrevista de trabajo a la que accede un actor teatral que ha renunciado a su vocación y que está dispuesto a hacer cualquier trabajo, para – mediante el un tanto inaudito recurso de ingerir unos hongos alucinógenos (a quien le ofrecieran eso en una entrevista) – pasar al ámbito del sueño alucinado; y es en ese sueño en el que se desarrolla casi toda la obra, en un descubrimiento de las interioridades del protagonista en relación con unos personajes de su imaginado nuevo entorno laboral.
Mediante unos extraordinarios diálogos, plenos de inteligencia, sutileza y sorpresa, el protagonista va desarrollando sucesivas tesis acerca del valor de la intimidad, el abuso del poder, la venganza, la atracción sexual irracional, la brutalidad e incluso la duración de la infancia y su extensión hasta la edad adulta. ¿Parece exagerado? Pues no lo es, incluso más asuntos son tratados con extraordinarios humor y audacia durante la sesión (que vamos a volver a ver para recuperar elementos que se nos han podido pasar).
Tan complicada cantidad y diversidad de asuntos son apuntados y ligados en un eficacísimo texto que – con la mencionada salvedad del “recurso” de los hongos para saltar de la realidad al sueño, que la escenografía señala con un leve cambio de luz y un sonido – resulta absolutamente digerible, aun a pesar de lo alucinante del relato. A la credibilidad e hilaridad de la obra contribuye en gran manera el excelente trabajo de todos los autores. Muy especialmente, por llevar la mayor parte del peso de la acción, los dos protagonistas masculinos: Oliver – el alucinado actor que está renunciando a su vocación – y Martín un empresario sin escrúpulos ni conciencia de carecer de los mismos. Oliver es interpretado por Iñaki Ricarte, en tanto que Martín lo es por Aitor Mazo; resulta imposible pronunciarse acerca de cual está mejor o qué aspecto de sus interpretaciones puede destacarse, pues están soberbios en todas las facetas, y cuesta decidirse por cual de ellos seguir cuando se alejan en el escenario. Tanto Mireia Gabilondo – en el personaje de Olga – como Sandra Ferrús que hace de “Olivia”) están también excelentes.
Entre los misterios del texto está el título de la obra, pues no aprecié en la misma “calma” alguna; más bien lo contrario, acción y sorpresa, sazonadas de continuas situaciones cómicas y mensajes merecedores de sesudas reflexiones. En cuanto a lo de “mágica”, más bien “alucinada” a causa de los hongos que extraen del protagonista miedos, deseos e ideales, así como el conmovedor final de su diálogo filial, y el deseo de nunca dejar de ser “niño”. Y no voy a escribir más; el propósito de este texto es animar al lector a ver tan sorprendente función, disfrutar de sus numerosos momentos de hilaridad, y luego reflexionar con sus acompañantes sobre los poderosos mensajes del texto de Sanzol.

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