La Celia (Gámez) más entretenida y sincera

Cada vez son mejores nuestros musicales. Algunos incluso deberían de servir de inspiración para los de Londres y Nueva York. Éste es el caso de La Celia, dirigida por Emilio Sagi con un texto del malogrado periodista Santiago Castelo; autoría muy destacada en el cartel anunciador. Y es que éste musical hispano-argentino le debe al autor del texto la rara virtud de conseguir explicar muy bien —y sin sordidez ni moralina— los momentos más reveladores de una compleja vida, en el breve espacio de una hora y veinte minutos. Como sin darnos cuenta a lo largo de la función nos vamos enterando de datos y anécdotas interesantes e incluso asombrosos (como que el vestuario de Las Leandras costó 50.000 pesetas en 1931, que se llegó a representar en tres teatros de Madrid a la vez, o que superó las mil representaciones…). Para los aficionados a éste género teatral no nos resulta habitual estar pendiente del texto de los diálogos de un musical; pero es que estos resultan tan entretenidos como veraces y creíblemente transmitidos, estando a la altura de las interpretaciones escénicas y musicales del elenco artístico.

celia gamez entretenida

No se desanime el espectador porque el comienzo de la función resulte algo lento —tenga en cuenta que la protagonista requiere de cierto tiempo para situarnos respecto del personaje— pero, progresivamente, la combinación de las actuaciones musicales y la comicidad de las deambulaciones por el escenario de las cinco actrices enganchan al público. Al ritmo y la credibilidad de lo que se representa contribuye la actuación del grupo musical que desde un lado del teatro va apoyando los cambios que se producen en la función y ambientando las actuaciones musicales; muy eficaces (y aplaudidos al final de la función). La presencia de la protagonista Ivanna Rossi es casi continua en la escena, hasta el punto de que se viste y desviste casi siempre ante los espectadores (aunque no se hagan ilusiones, lo hace tan castamente como pudiera haberlo hecho la propia Celia en su tiempo). A ello contribuye la excelente coordinación con las demás actrices que la acompañan: Olivia Jubería, Begoña Álvarez, María López y Elsa Álvaro son los nombres de las intérpretes que hacen de vicetiples de la Gámez, con unas completas interpretaciones que son el vehículo de gran parte de la comicidad de esta función. Así, los contenidos escénico musicales están muy repartidos entre las cinco actrices en escena (son bastante menos «secundarias» que otras vicetiples): la protagonista lleva la carga del relato autobiográfico y las interpretaciones musicales, en tanto que las coristas son quienes con sus comentarios impertinentes añaden picante y humor a las escenas, aportando perspectiva e incluso a veces cuestionando el relato principal. Lógicamente, estas vicetiples actúan también como cuerpo de baile. Otro importante papel de estas cuatro eficaces actrices secundarias es mover la excelente escenografía portátil de esta obra, asunto que por su relevancia merece párrafo aparte.

La trama se sitúa —como es lógico— en un teatro, estando éste ambientado de forma minimalista dentro del escenario. Daniel Bianco ha empleado unas eficaces soluciones de pequeños paneles transformables y movibles, que son las coristas quienes van re-situando y revistiendo con el fin de posibilitar los cambios de vestuario de la protagonista; también se emplean para señalar a los espectadores los nuevos ambientes en que se desenvuelve la trama de la protagonista. Un ejemplo de lo mucho que un escenógrafo puede hacer con poco, cuando la escenografía está bien concebida y ejecutada —en éste caso por las cuatro secundarias—. Dentro del alto nivel general, el efecto más logrado es la última escena crepuscular de la vida de la Celia, cuando ella se encuentra sola en su camerino de Buenos Aires, sola con sus recuerdos, y…. Y una sorpresa final, porque el buen teatro es sorpresa y éste es buen teatro musical, incluso muy buen teatro.

Hace ya tiempo que la presencia de Emilio Sagi en un cartel anunciador pronostica una obra bien concebida y ejecutada, con una especie de plus de calidad; algo que cada vez resulta más difícil de conseguir, pues España está atravesando una nueva «edad de oro» en nuestros escenarios, solo comparable con el boom teatral de principios de siglo XX. Y que siga… ¿verdad?

Texto de Ignacio Suárez-Zuloaga.

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